A casi dos años de las elecciones presidenciales de 2028, el tablero político paraguayo empieza a mostrar sus primeras piezas. En el Partido Colorado la disputa interna parece concentrarse en la definición del liderazgo entre el cartismo, el abdismo y nuevos sectores que buscan espacio propio. En la oposición, en cambio, el escenario aparece mucho más abierto: una larga lista de aspirantes, liderazgos fragmentados y una pregunta todavía sin respuesta: quién logrará convertirse en la alternativa capaz de desafiar al oficialismo.
Partido Colorado: la pelea por la sucesión de Cartes y el equilibrio interno
Dentro de la Asociación Nacional Republicana (ANR), la carrera parece marcada por la influencia de Horacio Cartes y la necesidad de mantener unido al movimiento que controla el poder político.
El nombre de Pedro Alliana aparece como la carta principal del cartismo. Su candidatura tendría el respaldo directo de Horacio Cartes y representa la continuidad del proyecto político que domina actualmente el Partido Colorado.
En el sector abdista, el exministro Arnoldo Wiens busca posicionarse como una alternativa dentro del coloradismo, intentando recuperar el espacio político del expresidente Mario Abdo Benítez.
Por su parte, Lilian Samaniego mantiene activa su precandidatura como una estrategia para conservar protagonismo y capacidad de negociación con los dos principales sectores internos: cartistas y abdistas.
Luis Pettengill, actual senador que integra el espacio del resilente Hugo Velazquez y al que muchos acusan de “opositor guau” siendo que sus empresas mantienen fuertes vínculos comerciales con el Estado a través del actual gobierno.
También aparece Luis Crist Jacobs como una opción proveniente de sectores independientes dentro del Partido Colorado.

La disputa por la vicepresidencia
La vicepresidencia también empieza a convertirse en un espacio de negociación interna.
El presidente de Diputados, Raúl Latorre, es impulsado por sectores parlamentarios.
Juan Carlos Baruja aparece como el candidato preferido por Cartes y sectores del Senado.
En caso de que diputados y senadores colorados no logren acordar, surge el nombre de Marcos Riquelme como una posible salida de consenso.
Mientras tanto, César Luis Sosa Fariña, conocido como Cesarito Sosa, representa una nueva corriente: la de los gobernadores que buscan convertirse en protagonistas nacionales y proyectarse hacia el Senado o cargos mayores.
La oposición: demasiados nombres y una candidatura todavía sin dueño
Si el Partido Colorado enfrenta una disputa interna por el liderazgo, la oposición enfrenta un problema diferente: la multiplicidad de aspirantes.
El desafío no parece ser encontrar candidatos, sino construir una figura capaz de ordenar los distintos sectores y transformar la dispersión en una alternativa electoral competitiva.
PLRA: renovación, viejas figuras y nuevos liderazgos
Dentro del Partido Liberal Radical Auténtico, el gobernador de Central, Ricardo Estigarribia, aparece como uno de los dirigentes con mayor estructura territorial y como líder del sector mayoritario actualmente dentro del partido.
Eduardo Nakayama regresó al PLRA con el objetivo de fortalecer su proyecto presidencial y recuperar protagonismo nacional.
Celeste Amarilla mantiene su perfil disruptivo, basado en una comunicación frontal y una fuerte presencia pública.
Ever Villalba representa al sector más progresista del liberalismo, buscando conectar con sectores juveniles y urbanos.
También aparece Salyn Buzarquis, una de las figuras tradicionales del liberalismo, que busca mantener vigencia dentro del escenario interno del PLRA. Su estrategia pasa por conservar protagonismo político y quedar posicionado para una eventual negociación que le permita acceder a un espacio de poder o una candidatura dentro del esquema opositor. Algo así como “la Lilian Samaniego” del PLRA
Víctor Ríos observa el escenario político desde la Corte Suprema. Su eventual regreso dependerá en gran medida de los resultados electorales y de las condiciones que encuentre para volver a la arena partidaria.
Carlos Mateo Balmelli reconoce sus aspiraciones, aunque plantea dos condiciones: unidad total de la oposición y un proyecto político que esté por encima de los nombres.

El tercer espacio: la búsqueda del candidato anti Colorado
Fuera del bipartidismo tradicional, el escenario está dominado por una figura: Miguel Prieto.
El líder esteño es actualmente percibido como el opositor con mayor capacidad de enfrentar al Partido Colorado. Su estrategia apunta a construir estructura nacional y posicionarse como el candidato capaz de canalizar el descontento ciudadano.
Kattya González mantiene sus aspiraciones presidenciales, aunque enfrenta el desafío de construir una estructura política propia más allá de su liderazgo personal.
También aparece Diego Zavala como un nombre que circula dentro del espacio opositor, aunque con menor nivel de instalación.
Hugo Estigarribia, el “Euclides” 2028 que mantiene vivo le sueño encuentrista de un partido o movimiento que converga en el centro y capture los votos de colorados y liberales descontenos. Una utopía.
Los outsiders: el voto bronca como factor decisivo
Fuera de las estructuras partidarias tradicionales aparecen dos figuras que buscan capitalizar el malestar social.
Víctor Raúl Benítez intenta crecer desde los márgenes con un mensaje simple y directo: “la heladera vacía”, una frase que apunta al bolsillo de los ciudadanos y al deterioro del poder adquisitivo.
Pero quien conserva mayor posicionamiento dentro del voto antisistema es Payo Cubas. Su fortaleza está en su capacidad de transformar el enojo ciudadano en apoyo electoral, aprovechando lo que algunos sectores denominan el “vyrorei opositor”: el voto emocional, de castigo y rechazo a la política tradicional.

La gran incógnita rumbo a 2028
El Partido Colorado parece encaminarse hacia una disputa interna por la sucesión del liderazgo cartista. La oposición, en cambio, enfrenta una batalla distinta: construir una candidatura única o encontrar una figura capaz de absorber las distintas demandas sociales.
La elección de 2028 podría definirse menos por la cantidad de candidatos y más por quién logre interpretar mejor tres factores: la economía cotidiana, el cansancio ciudadano con la política tradicional y la capacidad de construir una narrativa de futuro.





