Por José María Quevedo
La historia de Luis Raúl Menocchio en Paraguay es archiconocida. Su nombre quedó asociado a uno de los crímenes más impactantes de las últimas décadas, pero antes de convertirse en protagonista de la crónica policial, “El Gusano” ya era una figura conocida en determinados círculos sociales de Asunción.
Su vida estuvo marcada por una mezcla explosiva de dinero, negocios, noches interminables, relaciones con personajes influyentes y una personalidad que, según quienes lo conocieron, llevaba los excesos hasta límites difíciles de imaginar.
EGO.COM.PY reconstruye la historia de Menocchio a partir de dos testimonios de primera mano de personas que compartieron espacios con él durante sus años de mayor exposición en Paraguay.
Relatos de quienes conocieron al personaje que construyó una leyenda alrededor suyo: el hombre capaz de moverse entre empresarios, políticos, policías, artistas y personajes de la noche; el hombre que podía gastar fortunas en una noche y, al mismo tiempo, terminar convertido en uno de los nombres más oscuros de la historia criminal paraguaya.
El hombre de las mil caras
Luis Raúl Menocchio, conocido como “El hombre de las mil caras” o simplemente “El Gusano”, nació en 1962 en Posadas, Argentina, en una familia acomodada vinculada al rubro yerbatero.
Desde joven vivió rodeado de dinero, autos, fiestas y noches largas. Su apellido y su entorno familiar parecían otorgarle una sensación de impunidad y protección.
Pero cuando ese respaldo comenzó a debilitarse, Menocchio cruzó la frontera hacia Paraguay, donde encontró un escenario ideal para reconstruir su identidad.
En Asunción ingresó rápidamente al mundo de los negocios y la noche. Se convirtió en un personaje habitual de lugares exclusivos, frecuentó empresarios y comenzó a rodearse de personas vinculadas a distintos ámbitos del poder.
Era un hombre de grandes gastos, gestos extravagantes y una personalidad que llamaba la atención.
Su nombre comenzó a circular en ambientes donde convivían empresarios, operadores nocturnos, figuras públicas y también personas vinculadas a actividades ilegales.

El crimen que terminó con el mito
El 16 de agosto de 2004 marcó un punto de quiebre definitivo.
Esa madrugada, Menocchio se encontraba en el local nocturno Puerto Madero junto al empresario Eduardo Fidel Maciel, propietario del lugar, y su pareja Graciela Méndez.
Después de compartir la noche, los tres subieron a una camioneta.
Nunca más fueron vistos con vida.
Once días después, en un terreno cercano a la Laguna Grande de Fernando de la Mora, vecinos encontraron dos tambores sellados con cemento que contenían los cuerpos de Maciel y Méndez.
Maciel había recibido varios disparos y Méndez también había sido ejecutada.
Desde el inicio de la investigación, Menocchio fue señalado como el principal sospechoso del doble homicidio.
Antes de que la Justicia pudiera detenerlo, abandonó Paraguay. Se emitió una orden de captura internacional y comenzó una persecución que durante años alimentó aún más el misterio alrededor de su figura.
Su historia continuaría después en Argentina, donde volvió a aparecer vinculado a hechos criminales y terminó condenado por otros homicidios.
Pero en Paraguay quedó instalado el recuerdo de un personaje que combinaba dos caras: la del hombre de la noche y la del protagonista de una historia criminal.
Las fiestas del “Gusano”
Uno de los testimonios recogidos por EGO.COM.PY corresponde a un empresario contemporáneo de Menocchio, quien describe el ambiente privado que rodeaba sus reuniones.
Según su relato, aquellas fiestas eran conocidas por sus excesos y por el nivel de hermetismo que las rodeaba.
“Hacían fiestas bacanales donde había de todo; hombres, mujeres, travestis y todo tipo de consumo, desde líneas blancas en bandejas sobre la mesa a todo tipo de bebidas.
Tenía su quinta por el barrio Los Laureles. Participaban de entre 20 y 30 personas, se cerraba la casa y hasta que no terminaba, nadie salía. Me lo contó una persona que estuvo ahí y tuvo que escapar esquivando la guardia de Menocchio y teniendo que caminar diez cuadras hasta conseguir un taxi”.
La quinta de Los Laureles aparece en varios relatos como uno de los escenarios donde Menocchio construía su propio mundo privado: una mezcla de lujo, extravagancia y exceso.
El DJ que conoció al personaje
Otro testimonio pertenece a un DJ que trabajó en los ambientes frecuentados por Menocchio y que asegura haberlo conocido personalmente.
Lo describe como un hombre que generaba una mezcla de fascinación y temor.
“Famoso pub para adultos contemporáneo; Menocchio cliente habitual. Conocido por las famosas acompañantes de buen nivel. No era el único lugar al que iba pero el caché y nivel de las chicas era superior al promedio, chicas selectas digamos”.
Según su relato, con el tiempo la figura de Menocchio comenzó a generar rechazo en determinados ambientes.
“Llegó un tiempo que las chicas no se querían ir con Menocchio ni por toda la plata del mundo por las atrocidades que tenían que pasar; abuso físico, golpes, exceso de sustancias que le ponían muy violento”.
El DJ recuerda que las noches podían volverse impredecibles.
“A veces también había problemas por su culpa y terminaba mal la noche, siempre andaba rodeado de gente jodida, protegido por patovicas y hasta policías que actuaban como escoltas. Uno nunca sabía cómo iba a terminar la noche cuando él estaba”.
El hombre que cumplía sus promesas
Entre las historias que quedaron alrededor de Menocchio también aparecen relatos sobre su capacidad económica y sus gestos inesperados.
El DJ cuenta una anécdota:
“Me lo cruzaba seguido y una noche en broma le desafié; todo muy lindo pero tu cable (CVC) no llega donde yo vivo.
Y dónde es tu casa —me dijo. Le digo y él pide a una persona que estaba con él que anotara. ‘Está empedo, promete cualquier cosa’, dije yo.
Dos días después yo tenía el servicio en mi casa, la única en el barrio. Nunca me llegó la factura. Y lo tuve años. Recién después que él vendió la empresa, me cortaron”.
Las bacanales del poder
El relato del DJ también apunta a las fiestas privadas donde, según afirma, participaban personas conocidas de la política y la seguridad de aquella época.
“Como le gustaban las cosas bizarras, él tenía una casa donde hacía sus fiestas también y un día me pidió que le arme un equipo de audio ambiental para su casa, bien equipada, con piscina, jacuzzi en la habitación, todos los chiches”.
“Yo sonoricé y un día me contrató para poner música en una de sus partuzas, no puedo comentarte las personas que asistieron, políticos de aquel momento, colorados y liberales aún vigentes pero más de los 90, un comisario, corría de todo, alcohol, cocaína, la fiesta se extendía, yo no daba más y venía otro DJ a relevarme”.
Las 50 sombras de “El Gusano”
El DJ también recuerda una habitación especial dentro de esa casa.
“En esa casa tenía una habitación especial donde pusimos un equipo de audio también. En ese cuarto guardaba juguetes sexuales de todo tipo, ‘50 sombras de Grey’ era un poroto. Luz negra a full, porque le gustaba esa ambientación para drogarse”.
“Muchas chicas y chicos. Le gustaba un poquito disfrazarse, tenía sus vestidos, pelucas y zapatos de mujer”.
También recuerda su rol dentro de esas fiestas:
“Yo era musicalizador y coreógrafo, le gustaba sentarse y mirar las chicas bailar ‘Déjate el sombrero puesto’ de Joe Cocker”.
Maciel, los negocios y el final anunciado
Eduardo Maciel no era un desconocido para Menocchio.
Habían compartido negocios y ambientes nocturnos.
El DJ recuerda:
“Eduardo Maciel fue su socio comercial, tuvo un boliche exitoso, La Morocha, del que era habitué. Menocchio quería comprar el lugar donde yo estaba. Una vez trajo una maleta de viaje llena de guita con un escribano para que le vendiera, pero el dueño no le quiso vender”.
También recuerda la dimensión económica del personaje:
“Hace 35 años las chicas cobraban 200 dólares como acompañantes ejecutivas. Él se llevaba cuatro o cinco. Decía que no era degenerado, que era fantasioso”.
Una figura fuera de control
Para quienes lo conocieron, Menocchio fue un personaje que llevó sus impulsos al límite.
El DJ lo resume así:
“Menocchio fue un transgresor que llevó al límite todas las cosas, nadie llevó la locura a ese nivel de fiesta. Droga y alcohol era normal, pero no partuza y orgías con policías y políticos. No”.
Según su relato:
“Una noche la fiesta terminó a los balazos entre guardias de uno y otro invitado”.
Y agrega:
“Los últimos años se le iban de las manos las cosas y terminó mal. Eduardo Maciel, su socio comercial, fue asesinado. Menocchio le acusaba de robarle 500 lucas”.
El legado oscuro de “El Gusano”
Menocchio terminó convertido en uno de los nombres más recordados de la crónica policial paraguaya.
Pero su historia no solo quedó asociada al crimen.
También quedó instalada una leyenda urbana sobre un hombre que durante años transitó entre la noche, el dinero, el poder y los excesos.
Una figura que para algunos fue un personaje extravagante; para otros, un hombre peligroso.
Un hombre de mil caras.
El “Gusano” que dejó una marca oscura en la memoria de una época.




