Por José Maria Quevedo
Un “quincho puro” (miembro permanente de la sociedad del quincho de la avenida España) me dejo que quién mejor contó lo que ocurrió en en la reunión entre Horacio Cartes y Alliana fue el propio vicepresidente.
Es por eso que repasamos con atención sus dichos y los analizamos más allá de la coyuntura.
Honor Colorado creció. Y cuando un movimiento político crece, aparecen nuevos actores, nuevas estructuras y nuevas relaciones de poder.
Durante mucho tiempo, la dinámica interna de Honor Colorado estuvo fuertemente determinada por la figura de Horacio Cartes. Pero hoy existe una generación de dirigentes que llegó a lo que el analista argentino “Turco” Assis identifica como “la edad del poder” : Santiago Peña, Pedro Alliana, Raúl Latorre, Marco Riquelme, César Sosa y otros dirigentes que fueron construyendo su propio espacio político, transitan los 40-50 años, y no solo son generacionales, también son ambiciosos.
Y otro dato clave:
En sus declaraciones posteriores a la reunión con Cartes, Alliana sostuvo que el Partido Colorado está en condiciones de financiar buena parte de una campaña con recursos propios, sin necesidad de recurrir necesariamente a financiamiento externo.
Más allá de la discusión sobre los recursos concretos y de cómo se financiará cada campaña, políticamente la afirmación es significativa.
Porque el financiamiento también es poder.
Si el partido tiene capacidad económica propia, si sus dirigentes tienen estructura propia y si una nueva generación ocupa posiciones institucionales relevantes, la relación de dependencia respecto de un único liderazgo necesariamente cambia.
Esto no significa que Horacio Cartes haya dejado de ser un actor central dentro de Honor Colorado.
Significa algo diferente.
El movimiento que construyó creció.
Y ese crecimiento produjo dirigentes que hoy tienen poder propio.
Ahí está, probablemente, la verdadera discusión.
La nueva normalidad
¿Qué le queda entonces a Honor Colorado?
Aceptar que existe una nueva normalidad y encontrar una forma de compartir la toma de decisiones entre quienes construyeron el movimiento y quienes hoy tienen responsabilidades y poder propio.
O intentar preservar una estructura de poder diseñada para una realidad que ya no es exactamente la misma.
La primera alternativa exige una redistribución de espacios.
La segunda puede convertir una diferencia interna en una ruptura.
Y una ruptura dentro de Honor Colorado no necesariamente le conviene a nadie.
La paradoja es evidente: el éxito político de Honor Colorado produjo las condiciones para que aparezcan nuevos centros de poder dentro del propio movimiento.
Eso explica buena parte de las tensiones actuales.
Peña, Alliana y la conducción
En medio de la disputa, Santiago Peña mostró una posición de conducción. Firme, clara y, al mismo tiempo, orientada a contener el conflicto.
Y Alliana hizo algo todavía más relevante: puso en palabras una realidad que probablemente muchos dentro del movimiento ya conocen.
La cuestión ya no pasa únicamente por quién tiene la última palabra.
Pasa por reconocer que existen varios dirigentes con capacidad para influir en las decisiones.
Peña tiene la Presidencia.
Alliana tiene una estructura política propia y una trayectoria que lo convirtió en uno de los principales dirigentes del oficialismo.
Latorre tiene la conducción de la Cámara de Diputados y una estructura política que fue creciendo.
César Sosa representa el poder de los gobernadores: territorio, estructura política y capacidad económica.
Marco Riquelme representa otra dimensión de esta nueva generación: joven, con buena imagen, perfil empresarial y perteneciente a una familia de tradición colorada, pero sin un pasado político propio que lo ate a las disputas internas. Esa combinación le da margen para construir una identidad propia y lo convierte en una figura con potencial de renovación, en una suerte de “NUEVO PEÑA” dentro del coloradismo.
No todos tienen el mismo peso ni cumplen el mismo rol. Pero forman parte de una generación que ya no está esperando que le entreguen el poder.
Está ejerciéndolo.
Y esa diferencia es fundamental.
El problema de la oposición
Hay otra cuestión que también merece atención.
Las reacciones opositoras frente a la crisis de Honor Colorado, muchas veces convertidas en “plagueos” y publicaciones destinadas a celebrar las diferencias internas del oficialismo, pueden terminar produciendo un efecto paradójico.
En lugar de desplazar al Partido Colorado del centro de la conversación, lo vuelven a colocar allí.
La oposición habla de Cartes, de Honor Colorado, de las peleas internas y de los problemas del oficialismo.
Pero hablar de lo que ocurre dentro del adversario no significa necesariamente disputar la agenda.
La oposición corre así el riesgo de convertirse en comentarista de una dinámica que no controla.
El regreso de Efraín Alegre con su clásico video desde el auto es una muestra de esa lógica comunicacional: Cartes, los colorados, la ironía sin gracia y la repeticion de los formatos que los condujeron a la derrota.
El problema no es que critique a Honor Colorado.
El problema es que repetir la crítica al adversario no necesariamente construye una alternativa de poder.
Mientras la oposición comenta la interna colorada, dentro de Honor Colorado se está discutiendo algo más profundo:
cómo administrar un poder que dejó de estar concentrado en un solo lugar.
El verdadero desafío
Por eso, reducir lo ocurrido a una pelea entre Cartes y sus dirigentes sería quedarse en la superficie.
La cuestión de fondo es otra.
Honor Colorado ya no es exactamente el mismo movimiento que era cuando se construyó alrededor de una conducción centralizada.
Tiene nuevos actores.
Tiene dirigentes con responsabilidades institucionales.
Tiene nuevas generaciones ocupando posiciones de poder.
Y, según la propia afirmación de Alliana, también tiene una estructura partidaria con capacidad económica para sostener buena parte de sus campañas.
El desafío para Cartes y para Honor Colorado es administrar esa transformación.
Porque cuando un movimiento político crece, llega un momento en que su principal problema deja de ser conquistar el poder.
Pasa a ser cómo distribuirlo sin romperse.
Y quizás eso sea exactamente lo que está ocurriendo ahora dentro de Honor Colorado.





