Un editorial publicado por InformatePy plantea una crítica a la forma en que la oposición paraguaya interpreta sus resultados electorales y sostiene que una de sus principales dificultades está en la construcción de una narrativa que termina responsabilizando al electorado por sus propios fracasos.
El editorial comienza cuestionando una vieja práctica de la política: modificar el relato sobre la realidad cuando los resultados no acompañan.
“Hay una vieja costumbre en política: cuando la realidad no acompaña, en lugar de cambiar la estrategia, algunos prefieren cambiar la realidad. Es mucho más cómodo. Y, sobre todo, evita ese incómodo momento en que uno debe preguntarse si el problema no está en el electorado, sino en uno mismo”.
En esa línea, el medio advierte que señalar los errores del adversario no garantiza que la ciudadanía considere a la oposición una alternativa válida.
“Porque es en esa letra pequeña donde habita una verdad bastante elemental que algunos parecen descubrir recién después de una elección: que el adversario sea malo —o que uno considere que lo es— no convierte automáticamente en buenos a quienes se le oponen. Incluso podría ocurrir algo todavía más incómodo: que el electorado haya decidido que los segundos son peores”.
Para el editorial, allí aparece uno de los problemas centrales de la oposición: la dificultad para construir una propuesta capaz de convencer a una mayoría.
“Lo que sí parece mucho más fácil de observar es que esta oposición no está ofreciendo una alternativa capaz de convencer a una mayoría simplemente diciéndole que la mayoría está equivocada. Ese es el problema de fondo”.
El planteamiento apunta así a una cuestión que va más allá de una elección determinada: la necesidad de que la oposición revise su estrategia, su discurso y, sobre todo, su capacidad para interpretar las demandas de los ciudadanos.
El editorial sostiene que el país necesita una oposición capaz de superar la lógica de la denuncia permanente y de las explicaciones construidas después de cada derrota.
“Paraguay no necesita una oposición enamorada de sus propias consignas. No necesita dirigentes que conviertan cada derrota en una conspiración ni cada resultado adverso en una ofensa contra la inteligencia colectiva. Necesita una oposición que estudie la realidad, la comprenda y se anime a transformarla”.
Y agrega que esa alternativa debería traducirse en propuestas concretas y comprensibles para el ciudadano: qué hará, cómo lo hará y por qué debería confiar en que puede hacerlo.
El editorial termina apuntando directamente al problema de la relación entre discurso político y electorado. La crítica es que una parte de la oposición parece asumir que posee una comprensión superior de la realidad frente a una ciudadanía que vota de manera diferente.
“El mensaje, aunque no lo digan exactamente con esas palabras, es bastante sencillo: ‘Usted no entiende su propia realidad; yo sí. Escúcheme a mí’”.
En definitiva, el editorial de InformatePy plantea que el desafío de la oposición no pasa solamente por cuestionar al oficialismo, sino por entender por qué su propio discurso no logra convertirse en una alternativa electoral convincente. El punto de partida, según esta mirada, sería dejar de discutir con el votante y empezar a comprenderlo.




