“Me voy a embarcar en una misión descabellada”. Con ese mensaje enviado a su novia antes de viajar a Reino Unido, Johannes Natland, un joven noruego de 19 años, anticipaba una decisión que terminaría cambiando su vida.
El 19 de marzo de 2025 fue detenido en un hotel de Huddersfield, al norte de Inglaterra, con dos armas de fuego, municiones y dinero en efectivo. La investigación británica concluyó que no se trataba de un viaje improvisado: Natland había sido enviado para cometer un asesinato por encargo.
Un tribunal del Reino Unido lo declaró culpable de conspiración para asesinato, en un caso que puso nuevamente bajo la lupa a la Red Foxtrot, una organización criminal sueca acusada de operar como una estructura transnacional de violencia.
La historia de Natland refleja un fenómeno que preocupa a las autoridades europeas: el reclutamiento de jóvenes vulnerables por redes criminales que los utilizan como ejecutores descartables.
“Violencia como servicio”: el nuevo modelo del crimen organizado
Las autoridades europeas describen este tipo de organizaciones como parte de una evolución del crimen organizado tradicional. Ya no se trata únicamente de grupos dedicados al narcotráfico o a disputas territoriales, sino de redes capaces de ofrecer servicios violentos a terceros.
Europol ha utilizado el concepto de “violencia como servicio” para describir este fenómeno: grupos criminales que ponen sicarios, ataques armados y operaciones de intimidación a disposición de quienes pagan por ellos.
En este esquema, los adolescentes y jóvenes cumplen un papel central. Son reclutados mediante redes sociales, promesas de dinero rápido o bajo presión de organizaciones con capacidad de intimidación.
El caso de Natland se convirtió en un ejemplo de cómo estas estructuras pueden operar más allá de sus fronteras nacionales.
Foxtrot y el “Zorro kurdo”
La Red Foxtrot ganó notoriedad en Suecia durante 2023, cuando una ola de atentados, explosiones y enfrentamientos entre bandas criminales sacudió varias ciudades del país.
El grupo es atribuido a Rawa Majid, conocido como el “Zorro kurdo”, un ciudadano con vínculos familiares en Medio Oriente y que creció en Suecia.
Majid es buscado internacionalmente por acusaciones relacionadas con tráfico de drogas, asesinatos, violencia armada y otros delitos. Según las autoridades suecas, habría dirigido parte de las operaciones de Foxtrot desde fuera del país.
La estructura criminal logró construir una red de colaboradores jóvenes que ejecutaban órdenes en distintos puntos de Europa.
La polémica conexión con Irán
El caso Foxtrot también abrió una dimensión geopolítica. Estados Unidos y Reino Unido sancionaron al grupo y a su líder, acusándolos de mantener vínculos con organismos de inteligencia iraníes.
Las autoridades suecas han señalado que Irán habría utilizado redes criminales para realizar operaciones contra opositores políticos y objetivos vinculados a Israel o comunidades judías en Europa.
Teherán negó estas acusaciones y afirmó que se trata de señalamientos basados en información falsa.
La disputa refleja una preocupación creciente de los servicios de inteligencia europeos: la utilización de organizaciones criminales comunes para ejecutar acciones con objetivos políticos.
Una amenaza que cruza fronteras
El fenómeno Foxtrot muestra cómo las fronteras entre crimen organizado, terrorismo y operaciones de inteligencia son cada vez más difusas.
Un joven apasionado por el fútbol en Noruega terminó convertido en una pieza de una maquinaria criminal internacional. Su caso revela una realidad que preocupa a las autoridades europeas: grupos violentos capaces de reclutar personas sin antecedentes, trasladarlas entre países y utilizarlas para cometer delitos graves.
La nueva generación del crimen organizado no siempre está formada por grandes capos visibles. Muchas veces opera a través de jóvenes anónimos que creen estar aceptando una oportunidad, sin comprender que se convierten en herramientas de redes mucho más poderosas.
El desafío para Europa será enfrentar no solo a quienes ordenan los ataques, sino también a las estructuras que transforman vulnerabilidad juvenil en violencia organizada.





