La senadora liberal Celeste Amarilla eligió el momento de mayor exposición política de su carrera para anunciar oficialmente que buscará la Presidencia de la República en las elecciones de 2028. Lo hizo apenas días después de que una polémica con la estrella francesa Kylian Mbappé la colocara en el centro de la conversación política y mediática, y en medio de una creciente confrontación con el intendente de Ciudad del Este, Miguel Prieto.
El anuncio no parece casual. Amarilla entendió que la inesperada repercusión internacional que le dio el episodio con Mbappé le ofrecía una oportunidad única para instalar su proyecto presidencial. Lo que comenzó como una controversia terminó convirtiéndose en la plataforma de lanzamiento de su candidatura.
Sin embargo, si Mbappé le dio visibilidad, fue Miguel Prieto quien terminó dándole el impulso político definitivo.
Las críticas del jefe comunal esteño hacia sectores tradicionales de la oposición y, particularmente, sus cuestionamientos a dirigentes liberales, fueron respondidas por Amarilla con la decisión de entrar de lleno en la carrera presidencial. La senadora transformó una disputa política en una definición estratégica: disputar el liderazgo de la oposición desde el primer día.
Con ese movimiento, Celeste Amarilla deja de ser solamente una voz crítica dentro del Partido Liberal para convertirse en aspirante al máximo cargo del país.
La dirigente apuesta a convertir su alto nivel de conocimiento público en respaldo político. Durante los últimos años construyó una imagen de dirigente frontal, sin filtros y dispuesta a desafiar tanto a adversarios como a aliados. Ese perfil le permitió mantenerse de manera permanente en la agenda pública, aunque también le generó altos niveles de rechazo.
Ahora buscará comprobar si esa notoriedad puede transformarse en intención de voto.
Su candidatura también representa un intento por devolver protagonismo al Partido Liberal dentro de una oposición donde nuevos liderazgos, como el de Miguel Prieto, comenzaron a disputar el espacio que históricamente ocupó el PLRA.
La competencia entre ambos simboliza dos modelos distintos de oposición. Prieto representa el discurso de la renovación y de los liderazgos emergentes nacidos fuera de las estructuras partidarias tradicionales. Amarilla reivindica la experiencia política, el peso histórico del liberalismo y una confrontación directa con el oficialismo.
La disputa apenas comienza, pero ya marca uno de los primeros grandes enfrentamientos rumbo a las elecciones generales de 2028.
Paradójicamente, el primer impulso de esa carrera no llegó desde un acto partidario ni desde una convención política, sino desde una controversia internacional con Kylian Mbappé. Celeste Amarilla entendió que la política también se juega en la agenda mediática y decidió aprovechar el momento de mayor visibilidad de su trayectoria para dar el paso que desde hace tiempo insinuaba.
La carrera presidencial ya tiene una nueva protagonista. Y el duelo por el liderazgo opositor acaba de entrar en una nueva etapa.





