La muerte de varios animales vacunos en Cerrito, Paraguay, volvió a despertar una vieja pregunta del campo: ¿qué está pasando con el ganado? La alarma entre productores y la aparición de casos similares hicieron que nuevamente aparecieran rumores, teorías y hasta la sombra del famoso “chupacabras”.
Pero la realidad puede estar mucho más cerca de la ciencia que de la leyenda.
En el caso de Cerrito, técnicos del Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa) tomaron muestras para determinar la causa de la mortandad. De manera preliminar, los especialistas sospechan de un posible brote de clostridiosis, una enfermedad provocada por bacterias que producen toxinas capaces de causar la muerte de los animales.
La historia del “chupacabras”, sin embargo, vuelve a aparecer porque durante años distintos episodios de animales encontrados muertos o con partes faltantes generaron escenas difíciles de explicar para quienes las observaban.
En casos anteriores de supuestas mutilaciones de ganado, organismos técnicos como el SENASA de la Argentina, señalaron que las lesiones podían estar relacionadas con procesos naturales de carroñeo y con la acción de animales oportunistas, entre ellos el ratón hocicudo rojizo, apoyándose en estudios e investigaciones previas.

La controversia nació porque las heridas parecían “limpias” o demasiado precisas para muchas personas, alimentando teorías más misteriosas. Pero la explicación aceptada por los especialistas indica que, cuando un animal muere —por enfermedad, causas naturales u otros motivos— comienza un proceso en el que intervienen distintos organismos.
Algunos carroñeros pueden consumir primero tejidos blandos como ojos, lengua, zonas genitales u otras partes con menor resistencia. Con el paso del tiempo, ese proceso puede dejar una apariencia extraña y generar la sensación de que algo desconocido estuvo detrás.
Entonces, ¿dónde está el verdadero chupacabras?
Quizás no sea una criatura escondida en la oscuridad, sino una mezcla de naturaleza, desconocimiento y una imagen impactante que espera una explicación.
El misterio del campo muchas veces no viene de un monstruo: viene de procesos naturales que todavía sorprenden.





