En el Día del Idioma Guaraní, Ticio Escobar propone una reflexión sobre una de las expresiones culturales más profundas del Paraguay. Para el intelectual paraguayo, el guaraní no solamente tiene el privilegio de ser uno de los dos idiomas oficiales del país: es una lengua cuya vigencia se mantiene y, aun, se reafirma constantemente.
“El Paraguay tiene el privilegio de que el guaraní constituya uno de sus dos idiomas oficiales, cuya vigencia se mantiene y, aun, se reafirma constantemente”, sostiene Escobar.
Su afirmación adquiere especial relevancia porque no presenta al guaraní como una lengua del pasado, sino como una lengua viva, presente en la comunicación cotidiana y capaz de renovarse permanentemente.
Escobar toma distancia, sin embargo, del concepto tradicional de “identidad”. “No creo mucho en el concepto ‘identidad’, pues tiende a sustancializar su contenido y homogeneizar la diversidad”, afirma. Pero inmediatamente reconoce en el guaraní una condición excepcional: “sí creo que el guaraní es un indicador fundamental —quizá el único— de lo que sería una ‘identidad paraguaya’”.
La lengua, sostiene, tiene un sello cultural propio. “Con sello único identifica la cultura de nuestro país”. Esa capacidad de identificación está vinculada también con una historia de resistencia.
Para Escobar, el guaraní “ha logrado resistir el clasismo y el racismo de un Estado concebido en clave oligárquica y colonial”. Su permanencia, por lo tanto, no puede explicarse solamente desde la institucionalidad lingüística: también es resultado de una profunda apropiación social y cultural.
Una lengua para expresar emociones
Uno de los aspectos que Escobar considera fundamentales es la capacidad expresiva del guaraní. La lengua puede expresar “emociones, afectos y sensibilidades” que enriquecen tanto el habla cotidiana como la literatura y el lenguaje de la esfera pública.
En ese punto aparece una diferencia importante con el lenguaje formal. Escobar considera que la comunicación pública puede resultar demasiado seca para recoger determinadas imágenes y figuras que el guaraní sabe expresar.
La lengua, entonces, no solamente comunica. También construye imágenes, transmite sentimientos y amplía las posibilidades de expresión de la cultura paraguaya.
El desafío de la escritura
Escobar reconoce el trabajo desarrollado durante las últimas décadas por academias, instituciones, estudiosos e investigadores para mejorar la enseñanza y sistematizar el idioma.
Pero plantea un desafío pendiente: la escritura del guaraní todavía debe alcanzar el mismo nivel que tiene su oralidad.
La gramática, sostiene, posee una estructura exacta y debe asumir ese desafío sin perder la riqueza propia de una lengua cuya fuerza histórica se encuentra profundamente ligada a la tradición oral.
El jopara como espacio de expresión
En su reflexión también ocupa un lugar importante el jopara. Escobar lo define como un “tercer espacio” que, antes que ser desvalorizado, debería ser promovido por sus propias posibilidades comunicativas, simbólicas y expresivas.
La mirada implica reconocer que el guaraní paraguayo no es una realidad inmóvil. Es una lengua que convive, se mezcla, se transforma y encuentra nuevas formas de expresión en la vida cotidiana.
Tres poesías
- Tojevy kuarahy, de Félix de Guarania.
- Tataypýpe, de Susi Delgado.
- Mborayhu rape, de Rudi Torga.
Tres músicas
- Ñemitỹ, de José Asunción Flores.
- Chokokue kerayvoty, de Mauricio Cardozo Ocampo.
- Chokokue purahéi, de Francisco Alvarenga.
La reflexión de Ticio Escobar coloca el Día del Idioma Guaraní en una perspectiva que va más allá de la conmemoración. El dato fundamental es su vigencia: una lengua que no solamente sobrevivió, sino que continúa reafirmándose en la sociedad paraguaya.
El guaraní aparece así como lengua oficial, pero también como lengua cotidiana, literaria, musical y afectiva. Una lengua que conserva una memoria profunda y, al mismo tiempo, continúa creando nuevas formas de decir y de expresar al Paraguay.





