Después de 15 años de representación, Tini Stoessel rompió su vínculo profesional con su padre y pidió una auditoría sobre la administración de su carrera. El relevamiento habría encontrado una estructura societaria en la que la cantante no tendría participación ni control sobre buena parte de los ingresos generados por su trabajo.
El conflicto entre Tini Stoessel y su padre, Alejandro Stoessel, dejó de ser solamente una ruptura profesional para convertirse en una disputa por el control del patrimonio construido durante años de carrera.
Durante 15 años, Alejandro Stoessel estuvo al frente de la representación de su hija y participó en la negociación y firma de contratos en nombre de la artista y de distintas sociedades vinculadas a su actividad. Pero hace tres meses ese vínculo terminó y Tini decidió auditar la administración de su carrera.
Y los resultados de esa auditoría son los que abrieron el capítulo más polémico.
Según la información publicada, los derechos económicos derivados de la carrera artística y de la imagen de Tini estarían actualmente en manos de sociedades de las que la cantante no sería propietaria ni tendría participación alguna. En otras palabras, la artista habría construido una carrera millonaria sin tener, de acuerdo con el relevamiento, control directo sobre buena parte de las estructuras que reciben los ingresos generados por ella.
La situación es todavía más llamativa porque, según la auditoría citada, Tini no tendría acceso a esas cuentas ni participación accionaria en las sociedades. La información señala que su padre sería quien podía tomar decisiones y recibir las utilidades de esas estructuras.
Incluso los ingresos vinculados a futuros contratos discográficos quedarían canalizados a través de una sociedad sobre la cual la cantante no tendría control.
El dinero que generaba, pero no controlaba
Otro de los puntos sensibles aparece en la forma en que Tini habría facturado durante esos años.
Según el relevamiento difundido, la artista facturaba de manera esporádica por prestación de servicios artísticos, mientras las compañías que canalizaban los contratos registraban ingresos considerablemente mayores.
La auditoría habría determinado además que no existen contratos que garanticen a Tini una participación sobre determinadas ganancias futuras, incluyendo ingresos derivados de trabajos ya comprometidos.
La cantante tampoco habría tenido autorización para realizar movimientos bancarios en esas sociedades.
De acuerdo con la información publicada, recién en junio de 2026, después de la intervención de sus abogados, Tini pudo acceder personalmente a una cuenta de su titularidad exclusiva.
La parte más delicada: ¿puede haber consecuencias legales?
El conflicto adquiere una dimensión todavía más sensible porque, según personas del círculo íntimo de la artista citadas en la publicación, Tini no descartaría que del manejo realizado durante los últimos años pudieran surgir eventuales ilícitos.
Pero hay una diferencia fundamental: hasta el momento, esa posibilidad aparece como una preocupación y no como un delito comprobado.
La propia información sostiene que la artista se considera completamente ajena a cualquier eventual irregularidad que pudiera surgir de la administración de su carrera.
Mientras tanto, padre e hija mantienen una negociación cuyo objetivo sería cerrar definitivamente el esquema de representación y resolver el control sobre los derechos y recursos generados por la carrera de Tini.
El caso plantea una pregunta incómoda: ¿cómo es posible que una artista de 29 años, después de una carrera multimillonaria, pueda encontrarse sin control societario sobre buena parte de los ingresos y derechos económicos generados por su propio trabajo?
Ese es, más allá del conflicto familiar, el verdadero núcleo de la polémica.





