En la frontera donde Paraguay y Brasil se confunden en una sola calle, el nombre de Pedro Juan Caballero dejó de ser solo un punto del mapa para convertirse, durante años, en sinónimo de sicariato. En ese escenario de balas, pactos silenciosos y traiciones inevitables, emergió una figura temida incluso por otros criminales: Marcio Ariel Sánchez Giménez, alias “Aguacate”.
Su historia no comenzó con poder ni fama. Como muchos en Amambay, Aguacate creció rodeado de violencia y contrabando. Antes de cumplir la mayoría de edad ya estaba marcado por la Policía. En 2010, tras un enfrentamiento armado, cayó preso mientras era investigado por un doble homicidio. Parecía el final temprano de una carrera criminal. No lo fue.