La eliminación de Paraguay frente a Francia en el Mundial 2026 no solo dejó un intenso debate por lo ocurrido dentro del campo de juego. También derivó en un fuerte cruce en redes sociales entre la senadora paraguaya Celeste Amarilla y el delantero francés Kylian Mbappé.
Tras el partido, Amarilla cuestionó con dureza la actitud del futbolista francés hacia el arquero paraguayo Gil. Sin embargo, sus críticas rápidamente dejaron de centrarse en el comportamiento deportivo para incluir expresiones de contenido racista y descalificaciones vinculadas al origen y al color de piel del jugador, publicaciones que generaron un amplio rechazo tanto dentro como fuera de Paraguay.
Bruto no aprendió ni a escribir, en vez de leche materna chupaba cocos y lo más instruido que escucho eran chimpancés. Le hubieras mostrado el dedo Orlando Gill, yo lo hago en el senado y no pasa nada !!! https://t.co/9TAVQoGVsb
— Celeste Senadora (@CelesteSenadora) July 5, 2026
Las expresiones de la legisladora fueron consideradas inaceptables por numerosos usuarios y dirigentes, al entender que exceden cualquier crítica deportiva y constituyen un discurso discriminatorio incompatible con la responsabilidad institucional que implica ejercer un cargo público.
Mbappé, por su parte, respondió con un mensaje igualmente duro, aunque dirigido exclusivamente a la conducta de la senadora. “Usted es una mujer despreciable e indigna de su cargo”, expresó al inicio de su descargo. El delantero también buscó diferenciar a Amarilla del resto del pueblo paraguayo, al señalar que “usted no representa al Paraguay, ese país que ha exudado pasión y honor a lo largo de toda la competición”, en una referencia al desempeño de la Albirroja durante el torneo.
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La controversia volvió a poner sobre la mesa un debate recurrente: la diferencia entre cuestionar una conducta deportiva y recurrir a expresiones discriminatorias. La actitud de Mbappé con Gil fue indignante, pero ese comportamiento no justifica, bajo ningún punto de vista, respuestas basadas en el racismo o en ataques a la identidad de una persona.
El episodio demuestra que es posible condenar una actitud considerada antideportiva y, al mismo tiempo, rechazar con la misma contundencia cualquier manifestación de discriminación. Son discusiones distintas y no deben confundirse. La crítica deportiva forma parte del juego; el racismo nunca puede convertirse en una forma legítima de respuesta, y menos aún cuando proviene de una representante electa.





