Por José Maria Quevedo
La oposición tiene una relación de amor y odio difícil de resolver con las encuestas. Cuando los números le favorecen, todo parece estar en orden. Cuando le son adversos, rápidamente aparecen las sospechas de operaciones, manipulaciones o campañas de desinformación.
Yo creo que ni una cosa ni la otra.
La encuesta de Ati Snead que ubica al candidato colorado 15 puntos por encima de Soledad Núñez debería ser analizada, antes que nada, como un dato político. Y, más allá de la precisión que puedan tener sus números, hay algo que parece confirmar: el Partido Colorado tiene candidato y una estructura electoral que, en principio, está dispuesta a acompañarlo disciplinadamente.
Soledad Núñez enfrenta una situación diferente. Su margen de crecimiento puede ser mucho mayor, pero precisamente por eso tiene una tarea más compleja: debe convencer.
Y ahí puede estar la clave de su campaña.
Más que concentrarse en discutir los números de una encuesta, la candidata de la alianza opositora debería aprovechar este momento para instalar una agenda propia, basada en propuestas concretas y en una visión clara de ciudad. Su desafío no es demostrar que una encuesta está equivocada, sino conseguir que quienes todavía no decidieron su voto encuentren razones para elegirla.
Hay, sin embargo, un punto que quizás debería preocupar más a la candidatura de la alianza: la percepción de victoria que puede comenzar a instalarse alrededor del Partido Colorado.
Las elecciones no se ganan solamente con intención de voto. También se disputan percepciones. Y cuando una candidatura empieza a ser vista como ganadora, puede producir un efecto de arrastre: algunos electores se acercan al que perciben como vencedor y otros pueden desmovilizarse al considerar que la elección ya está definida.
Por eso, la respuesta de la alianza opositora será determinante.
Es muy probable que la candidata y quienes la apoyan salgan a cuestionar los resultados de la encuesta. Si eso ocurre, estaríamos ante la repetición de un error bastante habitual: no tener el control de la agenda ni la iniciativa discursiva, estar siempre a la defensiva y rechazar cualquier dato que ponga en cuestión las propias certezas.
La respuesta inteligente sería otra.
En lugar de negar los números, la oposición podría proponer una nueva interpretación de ellos. Aceptar que el Partido Colorado parte con una ventaja, pero explicar que la elección todavía está abierta y que existe un electorado que aún no decidió su voto. Convertir la desventaja inicial en un argumento para hablarle precisamente a ese sector.
Si la encuesta es una operación, la oposición ya cayó en ella
Y hay una paradoja. Si la encuesta fuera efectivamente una operación política, la reacción automática de la oposición podría terminar favoreciendo esa misma operación. Porque significaría que los colorados consiguieron instalar el tema, obligaron a la alianza a reaccionar y marcaron la agenda.
Pero si los números reflejan una tendencia real, cuestionarlos sin más sería todavía más problemático.
En ambos escenarios, la conclusión es la misma: la oposición necesita dejar de reaccionar y comenzar a conducir la conversación electoral.
La encuesta puede ser un dato favorable para el Partido Colorado. Pero también puede ser una oportunidad para Soledad Núñez. La diferencia estará en quién consiga interpretar mejor lo que esos números están diciendo y, sobre todo, quién logre convencer a los que todavía no decidieron.





