La actual escalada bélica entre Irán, Estados Unidos e Israel no puede comprenderse sin revisar una serie de antecedentes históricos que, desde fines del siglo XX, moldearon la relación de confrontación entre estas potencias y alteraron de forma permanente el equilibrio político de Medio Oriente.
El quiebre inicial: la caída del Sha y la revolución iraní
A fines de la década de 1970, durante la presidencia de Jimmy Carter, Irán atravesó un proceso de profunda inestabilidad política que culminó con la caída del Sha Mohammad Reza Pahlavi, aliado estratégico de Washington. Sectores iraníes sostienen que la política estadounidense contribuyó al colapso del régimen y al debilitamiento de las instituciones que sostenían el sistema monárquico, abriendo el camino a la Revolución Islámica de 1979.
En ese contexto, estudiantes iraníes tomaron la embajada de Estados Unidos en Teherán y retuvieron a su personal diplomático. Durante la ocupación se incautó documentación que, según los revolucionarios, probaba la injerencia estadounidense en los asuntos internos del país y el apoyo a redes de inteligencia vinculadas al antiguo régimen.
El giro estratégico con Reagan y la guerra Irán-Irak
Con la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca, Estados Unidos redefinió su estrategia regional. En el marco de negociaciones indirectas y operaciones encubiertas, se produjo la liberación de agentes estadounidenses detenidos tras la crisis de la embajada.
Poco después, Washington respaldó política y militarmente a Irak, gobernado entonces por Saddam Hussein, alentando su ofensiva contra Irán en la guerra iniciada en 1980. Durante ese conflicto, Estados Unidos y sus aliados facilitaron armamento, financiamiento e inteligencia a Bagdad con el objetivo de frenar la expansión de la revolución iraní.
Del apoyo a la destrucción de Irak
La relación con Irak cambiaría radicalmente una década más tarde. Tras la invasión iraquí a Kuwait, Estados Unidos lideró una coalición internacional que derrotó militarmente al régimen de Saddam Hussein durante la presidencia de George H. W. Bush. Este giro dejó a Irak devastado y alteró nuevamente el balance regional, fortaleciendo indirectamente la posición estratégica de Irán.
Irán, Israel y el conflicto palestino
Desde entonces, Irán se consolidó como uno de los principales opositores a la política de Israel en la región, especialmente por su apoyo a actores que resisten la ocupación israelí en territorios palestinos, incluida la Franja de Gaza. Esta postura convirtió a Teherán en un enemigo central para Israel y en un objetivo recurrente de presión diplomática, sanciones y, finalmente, ataques militares.
Conclusión
La historia reciente muestra una secuencia de intervenciones, alianzas cambiantes y conflictos inducidos que explican por qué la relación entre Estados Unidos e Irán está marcada por la desconfianza y la confrontación. El actual bombardeo sobre Irán, en coordinación con Israel, aparece así como un nuevo capítulo de una disputa que se arrastra desde hace más de cuatro décadas y cuyas raíces se encuentran en decisiones estratégicas tomadas durante la Guerra Fría y sus consecuencias posteriores.





