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Curuguaty y Ueno: cuando los presidentes caen en su propio terreno

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Por José Maria Quevedo

Un presidente identificado con las reivindicaciones campesinas cayó después de una masacre de campesinos. Otro, que construyó su identidad política alrededor de las finanzas y la confianza económica, enfrenta su mayor crisis por la quiebra de un banco. Dos episodios diferentes, una misma paradoja política.

Hay ironías en la historia política que parecen escritas por un guionista. Fernando Lugo llegó a la Presidencia como una expresión de cambio, con el respaldo de sectores populares, organizaciones campesinas y movimientos sociales que durante décadas habían reclamado una mayor participación en la distribución de la tierra y la riqueza. Sin embargo, fue una masacre campesina, ocurrida en Curuguaty, la que terminó convirtiéndose en el argumento central de su destitución.

Catorce años después, Santiago Peña enfrenta una paradoja de naturaleza diferente, pero con un punto de contacto político. Un presidente que hizo de su formación económica, su conocimiento de las finanzas y su cercanía con el mundo empresarial algunas de sus principales credenciales quedó atrapado en la crisis de una entidad bancaria: Ueno Bank.

En ambos casos, el acontecimiento que compromete la continuidad presidencial golpea directamente el territorio de identificación de cada mandatario.

Lugo: la tragedia en el corazón de su promesa social

Curuguaty no fue un episodio más en la historia de la conflictividad rural paraguaya. La muerte de once campesinos y seis policías, el 15 de junio de 2012, durante un operativo de desalojo en Marina Cué, abrió una crisis política que terminó con el juicio político y la destitución de Fernando Lugo, el 22 de junio.

El presidente que había llegado al poder con el respaldo de sectores históricamente postergados terminó políticamente derrotado por una tragedia que involucró precisamente a uno de esos sectores.

La responsabilidad política que se le atribuyó a Lugo tuvo una dimensión particularmente contradictoria: el Gobierno que representaba las expectativas de cambio de los sectores campesinos quedó asociado a una masacre que terminó siendo utilizada para justificar su salida del poder.

Peña: la crisis en el corazón de su identidad económica

En el caso de Santiago Peña, la paradoja se construye en otro terreno.

Su identidad pública estuvo asociada a la economía, las finanzas, la estabilidad macroeconómica y la confianza de los inversores. Su trayectoria en el Banco Central y el Ministerio de Hacienda, así como su discurso de defensa del modelo económico paraguayo, fueron parte de las credenciales con las que llegó a la Presidencia.

Pero la crisis de Ueno Bank puso en cuestión precisamente ese universo de confianza que Peña reivindicaba como uno de los principales activos de su Gobierno.

La controversia no se limita a la situación de una entidad financiera. También alcanza la supervisión del sistema bancario, la protección de los ahorristas, los fondos públicos involucrados y los vínculos empresariales que rodean al caso.

El problema para Peña es que la crisis no ocurre en un terreno ajeno a su discurso político. Ocurre en el corazón de aquello que lo identificaba como presidente.

Cartes: el hilo que conecta las dos caídas

La comparación entre Curuguaty y Ueno permite observar también la persistencia de un actor en la arquitectura del poder paraguayo.

En 2012, Cartes no era presidente de la República, pero ya conducía una estructura política con capacidad para intervenir en la disputa por el poder. Su movimiento Honor Colorado respaldó el juicio político contra Lugo y participó de la ofensiva colorada que terminó con su destitución. La caída del mandatario abrió el escenario para el regreso del Partido Colorado al Gobierno, con Cartes como candidato y posterior presidente.

En 2026, la situación es diferente, pero su capacidad de intervención vuelve a quedar expuesta. Peña llegó a la Presidencia con el respaldo de Cartes y bajo el liderazgo político de Honor Colorado. Ahora, en medio de la crisis de Ueno, el jefe del movimiento retira ese respaldo y acompaña el juicio político.

No se trata de afirmar que Cartes haya provocado la masacre de Curuguaty ni la crisis bancaria. Se trata de identificar su intervención en los procesos políticos que llevaron a ambos presidentes a enfrentar la posibilidad de perder el poder.

En el caso de Lugo, Cartes fue parte de la articulación política que impulsó su salida. En el de Peña, su pronunciamiento constituye un respaldo explícito al proceso de destitución.

Los presidentes cambian, las crisis son diferentes, pero Cartes vuelve a ocupar un lugar decisivo en la definición de sus destinos políticos.

La paradoja del poder

Curuguaty y Ueno Bank no son acontecimientos equivalentes. Una fue una masacre con víctimas humanas; el otro, una crisis financiera e institucional. Pero sus consecuencias políticas permiten establecer una comparación.

Lugo quedó asociado a una tragedia que golpeó a los sectores sociales que habían alimentado las expectativas de su proyecto político. Peña enfrenta una crisis que compromete la confianza en el sistema financiero, precisamente uno de los ámbitos que constituían su principal capital de legitimidad.

Uno cayó por una tragedia en el territorio de sus promesas sociales. El otro enfrenta su mayor amenaza política por una crisis en el territorio de sus credenciales económicas.

La paradoja es que, en ambos casos, el poder terminó encontrando su mayor vulnerabilidad en aquello que debía constituir su principal fortaleza.

 

N de R: Santiago Peña presentó la renuncia a la Presidencia del Paraguay una hora después de haberse publicado este artículo. 

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