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Catalina la grande del PLRA

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Por José María Quevedo

Martes. 8:15 de la mañana. Sede del PLRA. Catalina Onieva entra al edificio como cada mañana desde hace más de 30 años. A su lado, Ramón Samaniego. Un problema de salud sufrido recientemente la obliga a andar con bastón. El incidente no le impide cumplir con su trabajo, ese que con disciplina y compromiso mantiene al partido de Ayala, Gondra, Guggiari y Laino en funcionamiento.

-Se jubiló hace rato, pero no quiere dejar- me dice Julián, el encargado de mesa de entradas.

La secretaria general sube lento la escalera. Ramón se asegura de que no sufra contratiempos. Una funcionaria que vuelve de lavar su taza de café le da los buenos días.

Catalina asiente con la cabeza y la saluda amablemente. Cuando la chica desaparece, hace un gesto cómplice. Se ve que la muchacha no le cae muy bien.

Entre cómplice y provocativo, comento en voz alta la escena.

-Así son las mujeres.

Catalina se detiene y aferrada a la baranda, me interpela con voz firme y decidida:

—¿Cómo?

-En Argentina tenemos un ejemplo; suele bailar en un balcón… le retruco sin inmutarme, buscando su complicidad.

Con las manos en la baranda, Catalina suelta la primera carcajada del día. Se ríe con ganas mientras continua el camino hacia su oficina.

La situación es la siguiente; llegue temprano para entrevistar al presidente del partido, Alcides Riveros que me habia citado a las 8:00, pero como se demoraba, decidi convertir mi artículo la coyuntura política nacional en un retrato de Catalina Onieva. He hice muy bien.

Señora secretaria

Sentada detrás de un viejo pero robusto escritorio, revuelve el café que Ramón le preparó mientras yo evaluaba si entrevistar al presidente de turno o la secretaria de siempre, decisión que no me tomo ni medio minuto tomar.

Pido permiso, paso y me siento.

-Me gustaría entrevistarla.

-¿A quién? ¿A mí?- responde sin mirarme y prestando más atención al café que revuelve que al periodista que tiene enfrente.

—No estoy para entrevistas.

Como estoy decidido a escribir un reportaje como esos que tanto disfruto leer y que cuentan historias de personas que viven para hacer bien su trabajo, que no buscan reconocimiento ni protagonismo; personas que son imprescindibles en un mundo que insiste en recordarnos que nadie lo es.

-¿Y por qué a mí? ¿Para dónde es?-pregunta levantando la mirada.

Rebelde con causa

Catalina empieza por su padre, Ignacio Onieva, un ingeniero agrónomo liberal y comprometido, que le inculcó la pasión por la lectura.

—Mi papá me enseñó todo lo que sé de política. Me gusta mucho leer.

Cuenta que cuando era chica se pasaba horas revolviendo los papeles de su padre:

-Por curiosidad. Él me decía “la rebelde sin causa”.

Eran tiempos duros. Gobernaba Stroeesner.

—Las cosas que pasaban me molestaban demasiado y quería entender lo que veía. Mucho sufrimiento.

Fue el doctor Celauro, amigo de su padre, quien la acercó al PLRA y el debate por Itaipú entre Enzo Debernardi y Domingo Laino el evento que cambio su vida definitivamente.

—Me impactó Laino.

Catalina asegura que no lo dudo; dejó su trabajo -un muy buen trabajo, me dice, del que no quiere hablar- para trabajar gratis en política.

—Mi interés nunca fue económico. Quiero que los principiantes (jóvenes) entiendan de política y de partidos.

Me habla de esos comienzos, de como con un grupo de mujeres amoblaron el PLRA.

Y de repente, explota indignada:

—¡¿Qué carajo le pasa a Milei para hablar así de Lula?!

Me cuenta que conoció al ahora cuatro veces presidente del Brasil “cuando era mozo” en una reunión social en São Paulo, alrededor de 1979. Su admiración por Lula es enorme.

Le propongo un debate imaginario entre Lula y Milei y se larga a reír. Ya terminó su café. Se la nota entusiasmada con la entrevista sorpresa. Se ríe con ganas. Atento y vigilante. Ramón escucha en silencio, un silencio de admiración y cuidado para su mentora.

Sale el tema de la educación y le cuento que mi mamá fue maestra rural allá en Argentina.

-¿Sí? Yo también fui maestra, particular. Me pagaban con aguacate.

En lo que tiene que ver con la política partidaria, se limita a observar.

En las reuniones del directorio toma nota en silencio. No hay foto en la que Catalina (-Acá me dicen Linda, me comenta)- no aparezca junto al presidente, tomando apuntes.

—Anoto todo lo que se dice. A veces me enojo; ¡mi ego puede más! —dice, y se ríe otra vez.

Y agrega:

—Con la juventud soy dura, pero me escuchan.

Y entonces, entrevistada y entrevistador coinciden en algo: falta autocritica.

—Si perdimos es porque hicimos algo mal. No hay que flagelarse, sino revisar lo que se hizo.

Dice que este tipo de cosas son producto de la “estupidez y la ignorancia humana”. Es la primera de una serie de definiciones que sería imposible escuchar de boca de muchas de las actuales figuras del histórico partido.

—Hay que estudiar al hombre, comprender su felicidad y su infelicidad, observar, tener empatía, sufrir como los otros-me dice quizás sin darse cuenta que está regalándome una reflexión que merece un mural.

—Te voy a contar algo, pero no lo escribas.

Dejo el bolígrafo y me dispongo a escuchar. Intento volver al cuaderno, no para tomar nota de la historia que me pide no registrar, sino para hacer uno de esos apuntes que después sirven para describirla mejor.

Interrumpe el relato y lanza las manos sobre el borrador.

— ¡ No, no! ¡te dije que no escribas!

Obediente y sin abrir la boca, suelto el bolígrafo y dejo que continue.

La rutina

Otra vez autorizado, vuelvo al cuaderno.

—Me levanto a las seis. Tomo café. Me baño con agua tibia. Elijo la ropa. Me plagueo porque está todo desordenado por la falta de tiempo y me preparo. Mi hermano me trae.

Los días que hay sesión del Directorio o actividades, se queda hasta el final de la jornada, que se prolonga hasta bien entrada la noche. Si no, vuelve a su casa después del mediodía.

No mira series ni películas.

El PLRA es su vida.

—No me gusta nada de lo moderno.

Llegan dos dirigentes de Valenzuela. Y tengo ocasión de ver a Catalina en acción.

-Si se trata del presidente, todavía no llegó, pero lo pueden esperar- dice, mientras extiende el brazo hacia afuera, justo a donde están las sillas, delante de la puerta de su oficina.

-¿Su tema…?

—A veces me engañan-confiesa- y cuenta que una vez le dijeron que venían para hablar de un tema importante, pero resulta que querían venderle una rifa al entonces presidente del partido.

“¿Cómo no voy a tener esperanza?”

Su deseo es que la juventud piense un poco más. Señala que le gusta el lugar que Alcides les da a los jóvenes y define al actual presidente con una palabra: limpio.

-El PLRA se estaba cayendo, nunca estuvo tan mal, pero en tres meses parece estar vivo otra vez. Limpio, es un hombre limpio.

De una luchadora a otra

El trabajo con las mujeres del PLRA ocupa un lugar importantísimo en su vida. Y que mejor que la opinión de otra mujer, una que la conoce desde sus inicios y que compartió tanto con ella, para cerrar este artículo:

“En el histórico y grandioso Partido Liberal Radical Auténtico existe, desde hace más de 30 años, un ángel azul que se llama Catalina Onieva”

“Catalina lleva años acompañando la lucha política del PLRA. Ha estado recibiendo a la gente de la ciudad, del interior y del exterior, poniendo orden en el funcionamiento de la sede partidaria, un espacio que alberga tantas emociones y tanto trabajo político”

“Además de su rol como organizadora del devenir de la vida partidaria, Catalina también fue una gran activista y trabajadora en los grupos de Cambio para la Liberación, que éramos muchas y muy activas”

“Nosotras estábamos siempre presentes en todo tipo de movilizaciones, tanto de solidaridad como de reivindicación social. Incluso, en algunas ocasiones, viajábamos al interior del país. Recuerdo particularmente una situación en Alto Paraná, cuando las esposas y mujeres de movimientos campesinos nos llamaron para pedir ayuda”

“Llegamos de madrugada, en plena represión. Los campesinos y las mujeres estaban resistiendo valientemente en las derecheras, los pozos que habían cavado para evitar que sus comunidades fueran expulsadas. Los represores intentaban desalojarlos e incluso arrojaban bombas de gas lacrimógeno. Cuando vieron llegar las camionetas con las mujeres del PLRA, los represores se retiraron inmediatamente”

“Ese activismo fuerte, comprometido con las causas sociales y políticas y con la equidad de las mujeres, fue siempre parte de nuestra militancia. Y Catalina estuvo presente en todo ese movimiento».

“La quiero muchísimo, la respeto profundamente y puedo decirte que es una presencia constante”

“Las directivas y las corrientes cambian, pero Catalina sigue siendo una base sólida, siempre presente a la que uno recurre de inmediato ante cualquier circunstancia”

“Catalina Onieva es el alma del PLRA. Lo ha sido, lo es y lo seguirá siendo por mucho tiepo más”

 Tu amiga y compañera de lucha

 Rafaela Guanes de Laino

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