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Cibermulas: cómo funcionan las redes que utilizan cuentas bancarias para mover dinero de las estafas

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Las redes de ciberestafa no necesitan que todos sus integrantes tengan contacto directo con las víctimas. Una de las piezas centrales de estos esquemas son las llamadas «mulas financieras»: personas que ponen sus cuentas bancarias o billeteras electrónicas a disposición de terceros para recibir, transferir o retirar dinero de origen sospechoso.

El mecanismo permite separar las distintas etapas del fraude. Mientras unos integrantes captan a las víctimas mediante engaños, otros reciben los fondos y se encargan de moverlos hacia otras cuentas o convertirlos en efectivo u otros activos. La fragmentación de las operaciones dificulta reconstruir el recorrido del dinero e identificar a quienes controlan la red.

El circuito del dinero

El esquema puede comenzar con una falsa oferta de inversión, una suplantación de identidad, un mensaje fraudulento o una llamada en la que los delincuentes se hacen pasar por representantes de una entidad financiera. Una vez obtenido el dinero, los responsables pueden utilizar cuentas de terceros para dispersar los fondos.

En ese punto aparecen las cibermulas. Algunas personas aceptan prestar o alquilar sus cuentas a cambio de una comisión; otras son captadas mediante supuestas ofertas de trabajo remoto o tareas sencillas que consisten en recibir y reenviar transferencias.

También puede haber personas que desconocen el origen ilícito de los fondos. Por ejemplo, alguien puede recibir una transferencia inesperada y ser presionado para devolverla a otra cuenta, bajo el argumento de que se trató de un error.

Sin embargo, no todas estas situaciones son iguales. La participación consciente en una operación delictiva debe distinguirse de los casos en los que una persona fue engañada. Esa diferencia resulta relevante para determinar las responsabilidades de cada involucrado.

El reclutamiento, una pieza del negocio

Las ofertas de dinero fácil son uno de los mecanismos utilizados para captar titulares de cuentas. La propuesta suele presentarse como una actividad sencilla: recibir una transferencia, conservar una pequeña comisión y enviar el resto a otra persona.

El riesgo está en que el titular de la cuenta puede terminar vinculado con una operación investigada por estafa, aunque no haya tenido contacto con la víctima original. Los movimientos bancarios, los comprobantes y las comunicaciones pueden convertirse en elementos para reconstruir la cadena de transferencias.

Por eso, las autoridades y las entidades financieras advierten sobre los riesgos de prestar o alquilar cuentas a desconocidos. Recibir dinero de terceros y reenviarlo sin verificar su procedencia puede tener consecuencias financieras y legales.

Una red de cuentas, una investigación compleja

La utilización de numerosas cuentas permite que el dinero pase por distintos titulares antes de llegar a su destino final. En lugar de concentrarse en una sola operación, los investigadores deben reconstruir una secuencia de movimientos y establecer qué función cumplió cada persona.

En abril de 2026, el Ministerio Público informó sobre la denominada Operación Ícaro, una investigación relacionada con un fraude que habría superado los G. 9.000 millones. Según los datos difundidos sobre el caso, se identificaron más de 1.900 cuentas mula y ocho líneas matrices de billeteras.

Las cifras corresponden a esa investigación específica y no representan el total de cuentas utilizadas en ciberestafas en Paraguay. No obstante, muestran la dimensión que puede alcanzar una estructura cuando utiliza múltiples cuentas para mover los fondos.

¿Quién responde por el dinero?

La titularidad de una cuenta constituye un elemento relevante para rastrear las transferencias, pero no demuestra por sí sola que su titular haya participado conscientemente en una estafa. La investigación debe establecer qué sabía la persona, qué operaciones realizó, quién le dio las instrucciones y cuál fue su intervención.

En los casos en que existe participación deliberada, prestar una cuenta puede convertirse en parte de la infraestructura financiera del fraude. Cuando hubo engaño, en cambio, es necesario analizar las circunstancias y las pruebas para determinar el grado de responsabilidad.

Ante una transferencia sospechosa, la recomendación es no retirar ni reenviar el dinero por instrucciones de desconocidos, contactar al banco o proveedor de la billetera por sus canales oficiales y conservar los comprobantes y las conversaciones. La situación también debe ponerse en conocimiento de las autoridades competentes.

Las cibermulas permiten entender que las ciberestafas no dependen únicamente de la habilidad de quien engaña a una víctima. También necesitan mecanismos para recibir y movilizar los fondos. Identificar quién recluta a los titulares de cuentas, quién controla las transferencias y quién se queda con el dinero es fundamental para reconstruir el funcionamiento de estas redes.

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