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La puesta en escena de una venganza: Cartes y el juicio político contra Santiago Peña

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Por José Maria Quevedo

Lo que vimos hoy fue la puesta en escena de lo que en realidad fue la ejecución de una venganza política planificada al detalle por Horacio Cartes, el hombre que desde hace 16 años condiciona quien gobierna en Paraguay.

En 2012 fue Cartes quien decidió que Fernando Lugo debía ser destituido. En 2021, fue Cartes quien decidió que Mario Abdo Benítez debía continuar en el poder. Y ahora fue también Cartes quien puso punto final al gobierno de Santiago Peña.

Peña lo traicionó. Quiso cortarse solo, desafió su autoridad y le planteó que había llegado la hora de darle espacio a una nueva generación que había crecido dentro de Honor Colorado y reclamaba mayor protagonismo. Le dijo, en definitiva, que podían construir su propio proyecto, incluso financiarse sin depender de él. Que ya no lo necesitaban.

Perfecto, pareció responder Cartes. Adelante.

Peña y Alliana pusieron en marcha la construcción de un espacio propio. Empezaron a moverse como si hubieran conseguido jubilar políticamente al hombre que había hecho posible su llegada al poder. Pero olvidaron quién era Cartes y cómo funciona su sistema de poder.

Como en una película de la saga Corleone, el jefe no necesitó levantar la voz ni exponerse directamente. Esperó, calculó y ejecutó.

El caso Ueno terminó convirtiéndose en el punto de quiebre. El banco que podía servir de soporte financiero al nuevo proyecto político de Peña y Alliana quedó en el centro de una crisis que golpeó directamente al Gobierno. La crisis bancaria se transformó en una crisis política, abrió el camino al pedido de juicio político contra Peña y dejó a Alliana frente a una decisión: aceptar las condiciones de Cartes o quedar también fuera del esquema de poder.

La escena final fue la demostración de quién seguía teniendo la última palabra. Alliana recibió la señal: si quería sobrevivir políticamente, debía aceptar las condiciones del jefe y subordinarse nuevamente a su conducción.</p

Video dónde hace un mes, Cartes advertía lo que iba a pasar hoy. 

La oposición tampoco sale bien parada de esta historia. Fue, una vez más, una triste protagonista de reparto, funcional a una trama que no escribió, en una obra en la que tampoco tuvo capacidad para imponer un desenlace propio. Desde hace 16 años participa de una historia que tiene al mismo guionista y director: Horacio Cartes. Cambian los presidentes, cambian los actores y se renuevan los escenarios, pero el poder sigue teniendo el mismo centro de gravedad.

Por eso, lo que vimos hoy no puede leerse solamente como una crisis de Gobierno, una disputa entre dirigentes o una operación parlamentaria. Hay una interpretación política que atraviesa todos los acontecimientos: la de una venganza contra quienes creyeron que podían independizarse del hombre que los llevó al poder.

Todo fue una puesta en escena. Todo terminó girando alrededor de una misma cuestión: la reafirmación del poder de Horacio Cartes.

El mensaje para propios y extraños es inequívoco: en Honor Colorado pueden cambiar las generaciones, los proyectos y los protagonistas. Pero hay algo que no cambia: el único que puede jubilar políticamente a Horacio Cartes es el propio Horacio Cartes.

We understand the importance of approaching each work integrally and believe in the power of simple.

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