Por Ismail El Khouaja
El debate que ha generado la entrada de decenas de miles de migrantes africanos —en su mayoría marroquí— a Ceuta, ciudad ubicada en territorio “africanísimo”, y la muerte de decenas de ellos, simplemente da pena. En lugar de dirigir los focos a cómo ayudar a miles de niños/as y adolescentes que llevan 20 días durmiendo a la intemperie entre acoso, hambruna y falta de dignidad humana, desde los platós de Madrid se sigue hablando de “invasión”, “marcha verde”, “violación a la integridad territorial”…
Mucho veneno político que invita a la reflexión: ¿Cómo puede un niño/a de ocho años invadir a un país? ¿Cómo una joven que anhela una vida mejor puede violar la integridad territorial de un país? ¿Cómo pensar que Marruecos planea semejante tragedia en plena Fiesta del Trono y en plena sintonía con el Gobierno de Pedro Sánchez?
¿Qué categoría de xenofobia dejó a ese señorito de Vox mandar a “cazar” a estos migrantes? Ese fulanito de Frente Obrero, que pidió “destruir” a Marruecos por no impedir una avalancha de más de 70.000 personas. Ese Alvise que, a primera vista, su tez suena como la de un magrebí o árabe igual que Abascal, se fue a Ceuta para sembrar más odio..
Para entender esta ceguera eurocéntrica de algunos políticos españoles —repito algunos— no vale un análisis político, más bien psicológico. Resulta incomprensible entender cómo se vive tanto odio en pleno siglo XXI en un país democrático donde los migrantes constituyen un pilar de la economía del país, incluso en sus selecciones nacionales. Pero, ¿cómo exigir expulsar a Marruecos del Mundial a cuatro años del evento por una crisis migratoria? Absolutamente surrealista.
Lamentablemente, buena parte del panorama mediático español deja mucho que desear. ¿Cómo se invita a separatistas del Polisario a analizar la situación de Ceuta? Sería como si abriera la televisión marroquí y encontrara un programa que invitara a independentistas catalanes debatiendo el ático de Ayuso o las vacaciones de Sánchez. Insólito..
¿Cómo puede la cadena pública española RTVE asegurar que el Gobierno de Pedro Sánchez prepara un «plan de contingencia» para disuadir a Marruecos en caso de una nueva crisis migratoria? Información que ha sido desmentida horas después por el propio Ejecutivo. ¿Para qué tantos bulos?
Para colmo, la confrontación llega a cuestionar incluso la historia de Marruecos. ¿Cómo uno puede pensar en la era de la inteligencia artificial que Marruecos se creó en 1956, fecha de la independencia del país del doble protectorado franco-español? ¿Cómo un ministro como Puente afirma que Ceuta, en territorio “africanísimo”, es más antigua que Marruecos? Acaso el señor ministro ni siquiera había leído la obra de Cervantes? ¿Acaso no fue Marruecos el primer país que reconoció a Estados Unidos en 1777, que a su vez reconoció la marroquinidad del Sáhara en 2020?
Marruecos fue imperio, con una historia milenaria; bastaría leer un poco la historia o los tratados diplomáticos; aunque sería mucho mejor reconciliarse con la bella época de la historia de la península ibérica: Al-Andalus. Cada día me pierdo por las callejuelas de Fez, ahí donde en su día pasaban Ibn Jaldun o Ibn Al Jatib. La ciudad sigue siendo testigo de la grandeza de Al-Andalus igual que Córdoba, Granada u otras. Ignorar el pasado sería un insulto al futuro.
Ante este revuelo mediático y tensiones culturales entre marroquíes y españoles, los intelectuales de ambas orillas deben alzar la voz y fomentar otro discurso, el discurso de la humanidad. Todavía sirve la reflexión histórica del intelectual andalusí Averroes: “La ignorancia lleva al miedo. El miedo lleva al odio. Y el odio, a la violencia”.
Para evitar la violencia, la prensa marroquí, tanto pública como privada, debe despertarse de su letargo y promover programas o reportajes en español que abran debate objetivo y hagan frente a esta narrativa hostil que retrata a Marruecos como un país enemigo de España.
Marruecos y España, al fin y al cabo, son vecinos, condenados a entenderse. Mantienen un colchón de intereses y se preparan para un Mundial histórico en 2030, por lo que debe haber más cooperación y diálogo para abordar tanto la crisis en Ceuta como los temas pendientes.
¿Es esta la generación que debe resolver el futuro de Ceuta y Melilla, como viene mencionado en el libro del rey Juan Carlos “Reconciliación”? ¿Ha llegado el momento de abrir el dossier de Ceuta y Melilla entre Marruecos y España tal como me dijo la exministra de Vivienda María Antonia Trujillo en una entrevista que realicé con ella en 2022?
Son preguntas legítimas, ya que los marroquíes miran a las dos ciudades igual que los españoles miran al Estrecho de Gibraltar. El testamento de Isabel la Católica debe ser ya parte del pasado.
Para concluir, lo de Ceuta invita a pensar en un nuevo paradigma para abordar el fenómeno migratorio con Europa. Marruecos es un país socio y no debe ser tratado como un gendarme de las fronteras europeas. El Marruecos de hoy no es el Marruecos de ayer, como dijo Bourita, y el Continente Viejo debe cambiar de gafas y mirar al Sur con muchísimo respeto.





