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¿Se puede elogiar a Stroessner?

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Las palabras del presidente de la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (ANEAES), José Duarte Penayo, hijo del expresidente Nicanor Duarte Frutos, encendieron un fuerte debate en el Paraguay sobre uno de los capítulos más controvertidos de la historia nacional: el régimen del general Alfredo Stroessner.

En una reciente entrevista, Duarte Penayo defendió sin ambages la figura de Stroessner, calificándolo de “presidente constitucional” y atribuyéndole logros como la modernización del país, la aprobación del primer código laboral y la construcción de represas hidroeléctricas que, según él, “definen al Paraguay actual”. También sostuvo que el stronismo fue “benigno en materia de muerte” y que “mató menos que los gobiernos liberales” de décadas anteriores.

Estas declaraciones no solo reavivan viejas heridas, sino que colocan de nuevo en el centro del debate la pregunta que algunos consideran provocadora y otros necesaria: ¿fue Stroessner un héroe de la modernización o un dictador que violó sistemáticamente los derechos humanos?

Minimizar la violencia o reescribir la historia

La postura de Duarte Penayo relativizando las violaciones de derechos humanos ha sido duramente criticada por académicos, organizaciones de docentes y expertos en memoria histórica. Para estos sectores, calificar de “benigna” una dictadura que se prolongó casi 35 años y estuvo marcada por persecuciones, torturas, desapariciones y exilio forzado no solo ignora el sufrimiento de sus víctimas, sino que constituye un intento de normalizar el autoritarismo.

Organizaciones de derechos humanos y expertos recuerdan que la dictadura de Stroessner fue una de las más largas de América Latina, finalizando en 1989 tras un golpe de Estado que abrió la puerta a la democracia en Paraguay.

Reacciones en el escenario político y académico

Las declaraciones de Duarte han generado reacciones encontradas. Mientras algunos sectores políticos y figuras públicas han evitado posiciones tajantes, otros han salido a repudiar tajantemente la relativización de las violaciones de derechos humanos. Docentes universitarios hablaron de una “grave deshonestidad teórica” y acusaron al titular de la ANEAES de negacionismo, advirtiendo que este tipo de discursos pueden “violentarnuevamente la memoria de las víctimas”.

Más allá de las críticas, el tema plantea un reto mayor para la sociedad paraguaya: cómo interpretar y enseñar su propio pasado. Mientras que algunos buscan rescatar aspectos económicos o de infraestructura atribuidos al régimen autoritario, otros llaman a enfrentar sin eufemismos las consecuencias sociales y humanas de décadas de represión.

¿Héroe o dictador?

No es un debate académico aislado: el Paraguay contemporáneo sigue lidiando con las secuelas históricas y políticas del stronismo. Para muchos, Stroessner es sinónimo de dictadura, represión y violación de libertades. Para otros, su gobierno representa orden y desarrollo. Esta polarización se refleja en las palabras de Duarte Penayo y en la respuesta crítica que generaron.

En definitiva, el juicio sobre Alfredo Stroessner —¿héroe o dictador?— no tiene una respuesta única, pero las recientes declaraciones de una figura pública ponen sobre la mesa una discusión que, para algunos sectores, pensaron superada. El desafío para Paraguay sigue siendo enfrentar ese pasado con rigor histórico, respeto a las víctimas y transparencia, sin permitir que las controversias reescriban —o banalicen— los hechos que marcaron a toda una generación.

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