El caso del productor rural secuestrado por el EPP permanece sin avances desde su secuestro ocurrido en febrero de 2026, en la zona rural del departamento de Canindeyú, una región históricamente afectada por hechos vinculados a grupos armados y crimen organizado.
De acuerdo con el estado actual de la investigación, la familia no tiene posibilidad de negociar el rescate, ya que sus cuentas fueron congeladas, lo que impide reunir o movilizar fondos para responder a las exigencias de los captores.
En paralelo, no hay equipos de rescate preparados para una intervención directa que permita su recuperación en terreno. Los operativos oficiales continúan enfocados en tareas de inteligencia, rastrillaje y seguimiento, pero sin señales de una acción concreta de extracción.
A más de dos meses del secuestro, la falta de pruebas de vida recientes y la ausencia de contacto directo mantienen el caso en un punto de fuerte incertidumbre. En este escenario, la situación queda completamente condicionada por los captores, mientras el Estado sostiene los esfuerzos de búsqueda sin resultados públicos visibles.





