En un escenario político cada vez más fragmentado y en busca de nuevas figuras, el nombre de Dante Gebel comenzó a colarse en conversaciones que, hasta hace poco, le eran completamente ajenas. Pastor evangélico, conductor, conferencista y showman, su posible salto a la política genera entusiasmo en algunos sectores —y preocupación en otros, especialmente dentro del universo libertario.
De los estadios a la influencia masiva
Nacido en Argentina y radicado desde hace años en Estados Unidos, Gebel construyó su fama en los años 90 con eventos multitudinarios que combinaban religión, espectáculo y motivación personal. Hoy lidera una iglesia con fuerte presencia latina en California y mantiene una llegada masiva a través de redes, televisión y conferencias.
Lejos del perfil tradicional de pastor, su estilo mezcla humor, storytelling y mensajes emocionales, lo que le permitió conectar con públicos amplios, incluso por fuera del mundo religioso.
La construcción de una figura “política”
Aunque nunca ocupó cargos públicos, su nombre empezó a circular como posible candidato presidencial para 2027, impulsado por sectores del sindicalismo. Allí aparece el concepto que genera ruido: un “peronismo sin etiqueta”.
Dirigentes gremiales sostienen que Gebel encarna valores asociados históricamente al peronismo —justicia social, ayuda al prójimo, cercanía con los sectores vulnerables—, pero sin declararse parte del movimiento. Esa ambigüedad lo convierte en una figura atractiva para quienes buscan ampliar la base política más allá de las estructuras tradicionales.
La incomodidad libertaria
Es justamente ese perfil el que genera rechazo en sectores libertarios. La combinación de discurso emocional, liderazgo carismático y fuerte llegada a las masas es vista como una amenaza cultural antes que electoral.
Para ese espacio, la idea de un líder con impronta religiosa y mensaje social amplio remite a esquemas que cuestionan: intervención estatal, redistribución y construcción política basada en la empatía más que en el mercado.
Además, su capacidad de movilización —probada en eventos multitudinarios— alimenta el temor a un fenómeno “outsider” difícil de encasillar y de disputar en términos tradicionales.
Entre la fe, el espectáculo y el poder
Uno de los episodios que más lo expuso fue la polémica por la donación de una Ferrari por parte de un seguidor, en el marco de su prédica sobre la “siembra” —una práctica vinculada a la idea de dar para recibir bendiciones—. El hecho generó críticas, pero también consolidó su visibilidad.
Ese tipo de situaciones sintetiza su figura: un líder que se mueve entre lo espiritual, lo mediático y lo simbólico, capaz de generar tanto adhesión como rechazo.
¿Candidato o fenómeno pasajero?
Por ahora, Dante Gebel no confirmó ninguna candidatura. Sin embargo, su nombre ya funciona como síntoma de algo más profundo: la búsqueda de nuevos liderazgos en una sociedad atravesada por el desencanto político.
En ese contexto, el “pastor peronista” —como algunos lo llaman— aparece más como una construcción en desarrollo que como una realidad concreta. Pero la región ofrece antecedentes que invitan a no descartar escenarios similares. El caso de Fernando Lugo resulta ilustrativo: exobispo católico, dejó los hábitos, se volcó a la política y terminó siendo electo presidente de Paraguay en 2008.
La historia reciente demuestra que, en América Latina, las fronteras entre religión y política pueden volverse difusas. Y en ese cruce, figuras como Gebel —todavía en estado potencial— encuentran un terreno fértil para crecer.





