A 135 años de la Gesta del 18 de Octubre de 1891, Rafaela Guanes de Laino y Luis Guanes Gondra reivindican el compromiso de los dirigentes que encabezaron la insurrección liberal. La historia del reloj de Juan Bautista Machaín, que pasó de generación en generación antes de ser donado al Oro de la Guerra del Chaco, conserva una memoria familiar marcada por la honestidad y el servicio a una causa colectiva.
La Gesta del 18 de Octubre de 1891 ocupa un lugar central en la memoria del liberalismo paraguayo. Aunque la insurrección contra el gobierno del presidente colorado Juan Gualberto González terminó en una derrota militar, sus protagonistas dejaron una huella que trascendió aquella jornada y se convirtió en símbolo de lucha democrática, sacrificio y compromiso político.
Para Rafaela Guanes, el significado de la fecha va mucho más allá de una confrontación armada o de una disputa por el poder. Su reivindicación se apoya en los ideales que, sostiene, movilizaron a quienes participaron de la revolución.
“El 18 fue una lucha por el pueblo, no por cargos ni prebendas. Ni negociados”, afirma.
La nieta de Gondra considera que la gesta representa la fortaleza de una lucha democrática que se transmite de generación en generación dentro del liberalismo paraguayo.
“Representa para los liberales la fortaleza de la lucha democrática que nunca se rinde y nunca en la historia se ha rendido”, expresa.
En esa tradición destaca los valores universales de solidaridad, justicia y libertad, así como la necesidad de que la dirigencia política mantenga su compromiso con el pueblo.
También reivindica el sacrificio de quienes estuvieron al frente de la insurrección y ofrecieron sus vidas por el proyecto político que defendían. Entre ellos recuerda al mayor Eduardo Vera y a Juan Bautista Machaín, hermano de su abuela, Rafaela Machaín de Guanes.
Ese vínculo familiar hace que la historia del 18 de Octubre tenga para ella una dimensión especialmente cercana.
El reloj de Machaín: una herencia que terminó en el Oro de la Guerra del Chaco
Entre los recuerdos familiares que mantienen viva la memoria de aquella gesta, uno ocupa un lugar especial: el reloj que perteneció a Juan Bautista Machaín.
Tras su muerte durante la insurrección, sus pertenencias personales fueron recogidas y el reloj fue entregado a Rafaela Machaín de Guanes por amigos del dirigente fallecido.
Con el paso de los años, el objeto pasó a manos de su hijo, Luis Guanes Machaín, padre de Rafaela Guanes de Laino, quien lo conservó con cariño y respeto.
Sin embargo, su destino no terminó dentro de la familia. Luis Guanes Machaín decidió donarlo al Oro de la Guerra del Chaco, una iniciativa de contribución patriótica cuyo nombre quedó asociado a la recaudación de recursos para afrontar las necesidades de la guerra.
La decisión tuvo un significado particular: el reloj era un objeto familiar que podía haber quedado como herencia para sus hijos. En cambio, su padre optó por destinarlo a una causa colectiva.
Rafaela recuerda ese gesto como una expresión de honestidad y compromiso. La anécdota, transmitida dentro de la familia, representa para ella una manera concreta de entender los valores que reivindica de aquella generación de liberales.
El reloj dejó así de ser solamente un recuerdo de Juan Bautista Machaín para convertirse también en testimonio de una decisión familiar que privilegió el servicio a una causa por encima de la conservación de un bien personal.
Luis Guanes Gondra: “No celebramos una derrota, celebramos la lucha”
Luis Guanes Gondra pone el acento en las motivaciones políticas de la insurrección y en el compromiso asumido por sus protagonistas.
Entre las cuestiones que marcaron aquella etapa menciona la lucha por la tierra y la exigencia de elecciones libres y limpias, en un contexto de fuertes tensiones entre el oficialismo colorado y la oposición liberal.
Para Guanes Gondra, uno de los aspectos fundamentales de la gesta fue que sus dirigentes no se limitaron a convocar a sus seguidores: se pusieron al frente de los revolucionarios y asumieron personalmente los riesgos de la lucha.
En ese contexto recuerda a Juan Bautista Machaín, quien tenía apenas 21 años cuando murió, y al mayor Eduardo Vera, dos figuras ligadas al sacrificio de aquella jornada.
Su interpretación también responde a quienes cuestionan la conmemoración de una insurrección que terminó derrotada.
“A quienes dicen, como Roberto Paredes, que festejamos una derrota, no es eso lo que celebramos”, sostiene.
Lo que se reivindica, explica, es la lucha, el compromiso y la autenticidad de los dirigentes que estuvieron en primera línea. La trascendencia histórica de la fecha no depende, desde esa perspectiva, del resultado militar, sino de las convicciones que impulsaron a sus protagonistas y de la conducta que asumieron frente a ellas.

Una derrota militar que se convirtió en símbolo histórico
La insurrección del 18 de octubre de 1891 fue parte de un período de intensa confrontación entre liberales y colorados, en un Paraguay que todavía atravesaba las consecuencias de la Guerra contra la Triple Alianza y la construcción de sus instituciones políticas.
El levantamiento fracasó, pero el liberalismo continuó su lucha y trece años después protagonizó la revolución de 1904, que puso fin al predominio colorado de aquella etapa y abrió un período de gobiernos liberales.
La Gesta del 18 de Octubre quedó así incorporada a la memoria partidaria como una referencia de resistencia, sacrificio y compromiso político.
Para Rafaela Guanes y Luis Guanes Gondra, recordar aquella jornada significa recuperar la dimensión humana de la historia: dirigentes que asumieron los riesgos de sus convicciones, jóvenes que perdieron la vida y familias que conservaron durante generaciones el recuerdo de quienes participaron en la insurrección.
Más de un siglo después, la fecha continúa siendo motivo de reflexión sobre la historia política paraguaya y sobre el significado de la militancia.
La memoria familiar de los Guanes aporta una perspectiva particular: la de quienes no solo recuerdan la gesta como un acontecimiento histórico, sino que también conservan sus huellas a través de relatos, vínculos y objetos que sobrevivieron al paso del tiempo.
Porque, para sus descendientes, el 18 de Octubre no representa la celebración de una derrota, sino el recuerdo de una lucha por ideales que consideran vigentes: la libertad, la justicia, la honestidad y el compromiso con el pueblo.





