El exdiputado colorado Óscar Tuma analiza el nuevo escenario interno de la ANR tras la decisión de Honor Colorado de no presentar candidaturas en las próximas internas. Sostiene que el movimiento que hasta ahora funcionaba como una de las principales referencias del coloradismo deja de ordenar directamente la competencia electoral y obliga a los dirigentes a construir sus propios respaldos. En ese contexto, Pedro Alliana enfrenta el desafío de consolidar un liderazgo propio, mientras la elección de su compañero de fórmula y la distribución de los espacios de poder pondrán a prueba la cohesión de los distintos sectores.
—¿Qué implica que Honor Colorado no presente candidaturas en las próximas internas?
—Genera incertidumbre porque modifica la principal referencia alrededor de la cual se venían ordenando muchas decisiones. Honor Colorado representa una marca política de enorme peso dentro del partido. Cuando esa marca deja de competir, se abre una pregunta: ¿hacia dónde se orientarán sus dirigentes y sus electores? Mi lectura es que comienza una etapa de reacomodamiento en la que ninguna adhesión debería darse por asegurada.
—Usted sostiene que HC es el movimiento que más alto cotiza en la bolsa política. ¿Qué significa eso?
—Que su valor político reúne liderazgo, identidad, organización y capacidad de convocatoria. Por eso, su decisión tiene consecuencias para todos los sectores. Hasta ahora, pertenecer a HC ofrecía una referencia común, una especie de cobertura política. Ahora cada actor deberá trabajar en sus propias candidaturas, y cada dirigente tendrá que resolver dónde se ubica y con quién construye su futuro.
—¿Eso deja a todos los movimientos en igualdad de condiciones?
—Los coloca en una competencia más abierta, aunque siguen existiendo diferencias de estructura, presencia territorial y acceso a espacios de decisión. Lo que se debilita es la posibilidad de presentar a un candidato como heredero automático de todo el respaldo de HC. Ese acompañamiento habrá que construirlo, y nadie puede asumir que lo recibirá íntegramente.
—¿Cómo queda Horacio Cartes en este escenario?
—A mi criterio, sigue siendo un actor central del coloradismo. Su decisión puede modificar la forma en que ejerce influencia: al ubicarse en una posición institucional, deja de ordenar la competencia mediante una candidatura propia. Habrá que observar cuánto de esa posición se traduce en neutralidad efectiva y cómo reaccionan quienes hasta ahora se identificaban políticamente con él.
—¿Esa posición facilita acercamientos con la disidencia?
—Puede facilitarlos. Si no existe una candidatura de HC a la cual acompañar, algunos dirigentes pueden sentirse con mayor margen para conversar y cerrar acuerdos con otros sectores. Eso incluye a la disidencia. No significa que habrá un traslado masivo de adhesiones, pero sí que las fronteras internas pueden volverse más flexibles.
—¿Qué representa este cambio para Pedro Alliana?
—Le abre una oportunidad y le plantea una exigencia. Tendrá que demostrar que puede reunir y sostener una mayoría alrededor de su propio liderazgo. Las adhesiones iniciales son importantes, pero la verdadera consolidación se verá cuando deba tomar decisiones que favorezcan a unos y dejen insatisfechos a otros.
—¿La elección de su compañero de fórmula será una de esas pruebas?
—Sin duda. Una vicepresidencia permite elegir a una persona, pero alrededor de esa decisión existen expectativas de varios dirigentes y de los sectores que los acompañan. No afirmo que necesariamente habrá una ruptura; sí que será una prueba de cohesión. Habrá que mirar quién resulta elegido y, especialmente, cómo quedan quienes aspiraban a ese lugar.
—¿La disputa terminará cuando se anuncie la dupla?
—Puede comenzar otra etapa. Después vendrán las candidaturas legislativas y partidarias, la conducción territorial y la participación en los espacios de decisión. Ahí se verá si los acuerdos tienen profundidad. Una fotografía conjunta expresa una voluntad; una distribución de responsabilidades aceptada por los distintos sectores demuestra capacidad de conducción.
—¿También influirá la manera en que se distribuyan los espacios de poder?
—Sí. Habrá que observar cómo se articulan el Gobierno, la dirigencia parlamentaria y las estructuras partidarias, y cómo cada decisión repercute en la interna. Quienes se sientan excluidos pueden buscar otros acuerdos. Por eso, el mapa que hoy parece definido todavía puede cambiar.
—¿Cuál es entonces su principal conclusión?
—Que estamos ante una reorganización del poder colorado. La salida electoral de HC aumenta el margen de maniobra de los dirigentes y obliga a los aspirantes a construir su propio respaldo. Las próximas definiciones mostrarán quién tiene capacidad para reunir apoyos, administrar diferencias y sostener una mayoría. La cancha se abrió; ahora habrá que ver quién consigue ordenar el equipo.





