Por José Maria Quevedo
Una nueva generación de dirigentes y empresarios comienza a reclamar su espacio en el Partido Colorado. Son pocos, pero representan una élite económica emergente, formada por jóvenes preparados, audaces y ambiciosos que buscan protagonismo político y conexión con el mundo de los negocios.
Los Santiaguitos encarnan algo más que un recambio de nombres dentro de la Asociación Nacional Republicana (ANR). Son parte de una generación que podría definirse como la generación del 70, una camada que hoy busca consolidar su lugar en la conducción política y económica del Paraguay. Santiago Peña, Pedro Alliana, Marco Riquelme, César Sosa y Raúl Latorre, junto con los gobernadores colorados que los respaldan —con las excepciones de Lichi y Fornerón—, expresan, desde distintos espacios, el ascenso de nuevos actores dentro del poder colorado.
Esta nueva generación observa el Paraguay desde una perspectiva diferente: más integrada al mundo, más conectada con los circuitos internacionales de negocios y menos atada a las estructuras tradicionales de la política.
La generación de Santiago Peña parece expresar esa transición. Pero el fenómeno no se limita al presidente de la República ni a su entorno empresarial. Sus integrantes se mueven en un escenario donde la formación profesional, las relaciones empresariales y la capacidad de interlocución con actores económicos internacionales adquieren un peso creciente. Son dirigentes que entienden que el poder ya no se construye únicamente desde las seccionales, las estructuras partidarias o las lealtades personales, sino también desde las redes económicas, la gestión y la capacidad de generar oportunidades.
En ese mapa, no parece casual la presencia del Grupo Vázquez entre los apoyos financieros y mediáticos de este espacio. El grupo, vinculado a los negocios y la comunicación, también tiene una dimensión generacional: su conducción está ligada al hijo de su fundador. La coincidencia entre el ascenso de nuevos liderazgos políticos y la continuidad de empresas bajo una nueva generación refuerza una lectura más amplia del fenómeno: el relevo no ocurre solamente dentro de la ANR, sino también en los ámbitos económicos y mediáticos que participan en la configuración del poder.
La ambición de esta camada no se limita a participar. Quiere conducir, influir y convertirse en interlocutora de un Paraguay que busca insertarse en una economía global cada vez más competitiva.
Los Santiaguitos representan el relevo generacional de la élite de poder paraguaya. No se trata solamente de jóvenes que buscan un lugar en la política de la mano de Santiago Peña, sino del ascenso de una nueva camada que combina capital económico, formación profesional, ambición política y vínculos con los negocios internacionales.
El recambio ya no es solamente de apellidos o de edades: es el ascenso de una nueva élite que reclama su lugar en el poder y busca convertirse en protagonista del Paraguay que viene.





