Por Marcelo Fernández DJ
Hay canciones que no son solo música; son llaves que abren puertas al pasado. Y para mí, hablar de ‘Forever Autumn’ de Jeff Wayne es abrir la puerta de una de las discotecas más icónicas que tuvo Paraguay: el Muzak. Primero en su versión Disco y luego como Muzak Mall, ese lugar fue el epicentro de una generación que buscaba algo más que solo ruido.
Pero mi conexión con el Muzak es distinta. Mi viejo era el portero de ese lugar. Él era el guardián de esa frontera entre la calle y la magia. Mientras la ciudad dormía, él estaba ahí, firme, viendo pasar la fauna nocturna de Asunción. Y yo sé que él amaba este tema… un gusto que heredé y que hoy, después de 35 años como DJ, entiendo perfectamente por qué lo atrapaba.
Había un ritual en el Muzak. Cuando la noche ya no daba más, cuando las luces empezaban a pedir permiso y el humo se disipaba, el gran Alan Wood hacía su magia desde la cabina. Alan sabía que no podías echar a la gente con cualquier cosa; tenías que despedirlos con una joya. Y su pieza final, la que cerraba el telón, era siempre la versión de Jeff Wayne de La Guerra de los Mundos.
Es increíble el paralelismo: en la obra de Wayne, el otoño eterno representa la pérdida, el cambio y el fin de un mundo ante la invasión. En el Muzak, cuando sonaba ese tema, representaba el fin de la noche, el regreso a la realidad. Mi viejo, ahí en la portería, escuchaba esos acordes finales sabiendo que su turno terminaba, mientras la voz de Justin Hayward flotaba sobre el estacionamiento.
Como DJ, cada vez que pongo este tema, no veo marcianos ni naves espaciales. Veo a mi viejo en la puerta del Muzak, escucho la maestría de Alan Wood despidiendo a la gente y siento ese frío del otoño paraguayo que te avisa que algo bueno se terminó, pero que la música… la música se queda con vos para siempre.”
El Dato Curioso: “El secreto del éxito otoñal”
¿Sabías que “Forever Autumn” no fue escrita originalmente para La Guerra de los Mundos? Jeff Wayne la compuso inicialmente en 1969 como un jingle comercial para una marca de bloques de Lego (sí, ¡juguetes!).
Años después, cuando Wayne estaba armando su ópera espacial, se dio cuenta de que esa melodía melancólica era demasiado perfecta para desperdiciarla en un comercial. Llamó a Justin Hayward, le pidió que le pusiera esa voz etérea y la transformó en la balada definitiva sobre la pérdida. Pasó de vender piezas de plástico a ser la pieza musical que nos desarmaba a todos en la pista del Muzak cada vez que Alan Wood decidía que la noche había terminado.





