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¿El fin de las ideologías en Paraguay?: Peña, Prieto, Soledad y la política del pragmatismo

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Por José Maria Quevedo

Tres dirigentes, tres trayectorias diferentes y una misma señal de época: la política paraguaya parece moverse cada vez menos alrededor de las etiquetas ideológicas y cada vez más alrededor de la capacidad de adaptarse, gestionar y mostrar resultados. Santiago Peña, Miguel Prieto y Soledad Núñez representan, con matices y desde lugares distintos, esa transformación.

Durante décadas, la política paraguaya pudo explicarse a partir de grandes identidades: colorados y liberales, oficialismo y oposición, izquierda y derecha. Pero esas categorías empiezan a resultar insuficientes para entender a una nueva generación de dirigentes que construye su legitimidad sobre otros atributos: pragmatismo, capacidad técnica, gestión, adaptación y resultados.

Peña, Prieto y Núñez no tienen la misma ideología ni representan el mismo espacio político. Pero sus trayectorias permiten observar una transformación más profunda: la ideología deja de ser el principal argumento de legitimidad y cede espacio a la capacidad de resolver problemas.

Peña: adaptarse para sobrevivir

Santiago Peña puede ser ubicado dentro de la derecha paraguaya y del conservadurismo colorado, además de su perfil de economista y tecnócrata. Pero hay un elemento de su propia concepción política que resulta especialmente interesante: la adaptación.

En una entrevista, Peña sostuvo que la fortaleza del Partido Colorado reside también en su capacidad para adaptarse a una sociedad cambiante. “Tenemos que adecuarnos a los nuevos tiempos”, afirmó.

La frase permite leer su trayectoria política desde otro ángulo.

Peña no nació políticamente dentro del coloradismo. Fue ministro de Hacienda durante el gobierno de Horacio Cartes y recién en 2016 se afilió a la ANR, después de haber militado durante años en otro partido. Su llegada al poder fue, precisamente, la de un perfil técnico que se incorporó a una estructura política tradicional y terminó convirtiéndose en su candidato presidencial.

Después de su victoria electoral, incluso buscó correrse de la tradicional discusión izquierda-derecha: “La cuestión no es ir por izquierda o por derecha, es cómo ir hacia adelante”, sostuvo.

Ese “me adapto” puede ser leído como una característica del nuevo coloradismo: conservar la estructura, pero modificar el discurso, los perfiles y las herramientas para permanecer competitivo.

Es una suerte de darwinismo político: no necesariamente sobrevive el que mantiene intacta su identidad, sino el que consigue adaptarse a los cambios de la sociedad.

Prieto: “ni Lula ni Milei”

Miguel Prieto representa otra variante.

Su construcción política no parte de una doctrina ideológica cerrada. Su discurso se apoya fundamentalmente en la gestión, la ruptura con las estructuras tradicionales, la anticorrupción y la idea de que la política puede administrarse de otra manera.

Y hay una frase que resume particularmente bien esa posición: “ni Lula ni Milei”.

La definición es importante porque no se trata solamente de ubicarse en el centro del espectro. Prieto plantea una distancia deliberada de dos modelos políticos latinoamericanos que representan polos ideológicos muy diferentes.

Por un lado, el modelo asociado a Luiz Inácio Lula da Silva; por otro, el de Javier Milei.

El mensaje implícito es: Paraguay no necesita importar modelos ideológicos. Necesita construir una respuesta propia.

Ese es el núcleo del pragmatismo de Prieto.

Su centro político no funciona necesariamente como un punto geométrico entre izquierda y derecha. Funciona más bien como un método: tomar aquello que considera útil, descartar lo que no funciona y construir acuerdos alrededor de objetivos concretos.

En esa lógica, la pureza ideológica puede convertirse incluso en un obstáculo.

Prieto puede negociar, sumar sectores diferentes y respaldar candidaturas que no pertenecen necesariamente a su espacio si considera que eso contribuye a alcanzar un objetivo político.

Por eso, más que intentar definirlo exclusivamente como izquierda, derecha o centro, puede ser más productivo entender su propuesta como pragmatismo político con discurso antisistema.

Su apuesta consiste en decirle al elector que la discusión no debería ser qué modelo extranjero copiar, sino qué funciona para Paraguay.

Soledad Núñez: de la tecnocracia cartista a la gestión opositora

El caso de Soledad Núñez es quizás el más paradójico.

Su trayectoria atraviesa espacios políticos que, desde una mirada tradicional, parecerían difíciles de conectar.

Fue parte del gobierno de Horacio Cartes desde un perfil técnico, como ministra de la Secretaría Nacional de la Vivienda y el Hábitat. Posteriormente fue candidata a vicepresidenta en 2023 acompañando a Efraín Alegre y ahora acaba de convertirse en intendenta electa de Asunción al frente de una alianza opositora.

La paradoja es precisamente el punto.

Núñez no construyó su identidad política exclusivamente desde una pertenencia partidaria. Su principal capital ha sido su perfil técnico.

Ingeniera civil y especialista en políticas públicas y gestión urbana, durante la campaña municipal insistió en que la Municipalidad necesitaba una reconstrucción institucional y sostuvo que ya había realizado procesos de saneamiento institucional durante su paso por el Ministerio.

Incluso se definió como una persona pragmática y de resultados.

Ahora, como intendenta electa, ese perfil técnico deja de ser solamente una característica de su currículum y pasa a convertirse en su principal promesa política: ordenar la Municipalidad.

La tecnócrata que alguna vez formó parte de un gobierno colorado terminó encabezando una alianza opositora y ganando la capital.

Su argumento político no fue necesariamente una definición ideológica. Fue otro:

“Sé cómo hacerlo”.

Y ahí está probablemente la clave de su transformación política.

Tres caminos hacia una misma política

Peña, Prieto y Núñez no son equivalentes.

Peña representa una derecha colorada que encontró en la adaptación una forma de preservar y renovar una estructura política histórica.

Prieto representa un espacio que construye su identidad alrededor del pragmatismo, la gestión y la ruptura con el sistema tradicional.

Núñez representa una tecnocracia que atravesó distintos espacios políticos y que ahora intenta convertir capacidad técnica en legitimidad electoral y capacidad de gestión.

Pero los tres muestran algo que está cambiando en la política paraguaya.

La pregunta ya no es solamente “¿qué ideología representa?”.

Cada vez pesa más otra:

“¿Qué puede hacer?”

Ese desplazamiento no significa necesariamente que las ideologías hayan desaparecido. Peña conserva posiciones identificables en la derecha y el conservadurismo; Prieto y Núñez se ubican en espacios de centro y ambos reivindican el pragmatismo.

Lo que cambia es el peso que esas etiquetas tienen para construir liderazgo.

La política empieza a parecerse menos a una batalla entre doctrinas y más a una disputa por demostrar quién puede resolver problemas.

Adaptarse, como Peña.
Pragmatizar, como Prieto.
Gestionar, como Núñez.

Quizás ese sea uno de los rasgos más importantes de la política paraguaya que comienza a emerger después de las municipales de 2026: el fin no de las ideologías, sino de la idea de que la ideología, por sí sola, alcanza para explicar el voto y construir poder.

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