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¿Qué pasará con Paraguay en 2030, qué ANDE necesitamos y cómo debemos diversificar nuestra energía? Eduardo Viedma responde estas preguntas y más

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Eduardo Viedma advierte que la verdadera amenaza para el país no es el fin de Itaipú, sino el crecimiento de la demanda sin nuevas inversiones en generación y transmisión

Paraguay no se va a quedar sin Itaipú en 2030. Lo que puede quedarse sin margen es el sistema eléctrico nacional.

La diferencia no es semántica. Es la clave para entender uno de los principales desafíos energéticos que tendrá el país durante la próxima década.

El ingeniero Eduardo Viedma, presidente de la Asociación Paraguaya de Energías Renovables (APER) y con más de 25 años de experiencia en el sector, sostiene que el problema no pasa por el supuesto “vencimiento” de Itaipú, sino por la velocidad con la que crece la demanda paraguaya frente a la capacidad de generación, transmisión y distribución disponible.

“Itaipú no vence en 2030”, plantea. Lo que está en juego es otra cosa: la capacidad de Paraguay para retirar, transportar y utilizar de manera confiable la energía que le corresponde.

El problema comienza antes de 2030

Los números muestran una presión creciente sobre el sistema.

El 20 de enero de 2026, Paraguay registró un pico de demanda de 5.752 MW. Itaipú aportó 4.241 MW, equivalentes al 74%; Yacyretá aportó 1.394 MW, el 24%, mientras que Acaray contribuyó con 117 MW, apenas el 2%.

La demanda, además, viene creciendo a un ritmo muy superior al denominado crecimiento vegetativo.

En 2024 el consumo de energía aumentó 18,5%. En 2025 alcanzó 29.419 GWh, con un crecimiento de 12,5%, mientras que entre enero y mayo de 2026 el incremento llegó al 19,4%. En el primer semestre de 2026, el crecimiento acumulado fue de 18,3%.

Para Viedma, estos números reflejan un cambio estructural de la economía paraguaya.

La expansión de la climatización, la industrialización, la electrificación de nuevos procesos productivos y el crecimiento de actividades electrointensivas —como la minería de criptomonedas y los centros de datos— están modificando el perfil de consumo.

Ya no se trata simplemente de que cada año haya más hogares conectados.

La demanda está creciendo porque Paraguay está utilizando cada vez más electricidad para producir.

El límite no es Itaipú: es la capacidad de utilizar la energía

Paraguay cuenta con una enorme capacidad hidroeléctrica instalada. La cuota paraguaya de Itaipú y Yacyretá, sumada a Acaray, ronda los 8.760 MW.

Pero potencia instalada no significa automáticamente potencia disponible para atender cualquier demanda, en cualquier momento.

Según los escenarios utilizados en la planificación energética, el techo de referencia de potencia se ubica alrededor de los 7.813 MW.

Con un crecimiento de la demanda del 8% anual, ese nivel podría alcanzarse alrededor de 2030. Con un crecimiento del 10%, el problema aparece todavía antes.

La consecuencia no necesariamente será un gran apagón nacional.

El riesgo es más silencioso: menos reserva, menor capacidad de respuesta ante contingencias, mayores restricciones y dificultades para retirar toda la energía disponible cuando la demanda alcance sus máximos.

“Nos quedamos sin margen” es, en este sentido, una descripción mucho más precisa que “nos quedamos sin Itaipú”.

La demanda puede llegar a 8.000 MW

Las proyecciones de la ANDE ya anticipan la dimensión del desafío.

El Estudio de Mercado 2024-2043 proyecta una demanda cercana a los 8.000 MW entre 2030 y 2033 y un consumo de aproximadamente 57.561 GWh hacia 2043.

El problema es que las obras energéticas no se construyen de un día para otro.

Para Viedma, Paraguay debería comenzar a incorporar nueva capacidad de generación antes de que la presión sobre el sistema sea evidente.

La necesidad de incorporación de potencia pasaría de unos 493 MW adicionales en 2028 a alrededor de 844 MW por año en 2035.

La conclusión es directa: esperar a que aparezca el déficit para comenzar a construir generación sería llegar tarde.

Aña Cuá no alcanza para resolver el problema

La ampliación de Aña Cuá constituye una obra importante, pero no representa una solución estructural para la demanda paraguaya de la próxima década.

Para Paraguay, el aporte adicional de potencia se ubica en el orden de los 135 MW.

Y las grandes obras hidroeléctricas que podrían aportar una cantidad significativa de energía —como Corpus, una eventual ampliación de Yacyretá o Itatí-Itacorá— requieren plazos que pueden superar ampliamente una década entre estudios, acuerdos, financiamiento, construcción y puesta en funcionamiento.

Por eso, según Viedma, no pueden ser consideradas como una respuesta para el déficit que podría aparecer alrededor de 2030.

La transmisión se convierte en el otro cuello de botella

Generar más energía tampoco será suficiente.

Paraguay necesita capacidad para transportar esa electricidad desde donde se produce hasta donde se consume.

La segunda línea de 500 kV Margen Derecha–Villa Hayes, el sistema Yguazú–Valenzuela y los refuerzos hacia el Chaco aparecen como obras estratégicas para acompañar el crecimiento de la demanda.

El concepto es sencillo: de nada sirve disponer de energía barata si la red no tiene capacidad para llevarla hasta la industria, los centros de datos, las ciudades o los hogares.

La soberanía energética, en este escenario, no consiste solamente en tener energía propia.

Consiste en poder retirar la cuota paraguaya de las binacionales, transportarla y utilizarla cuando el sistema la necesita.

El debate sobre ANDE

El crecimiento de la demanda también vuelve inevitable la discusión sobre el modelo eléctrico paraguayo.

Viedma considera que la ANDE funciona actualmente como un monopolio vertical: participa en generación, transmisión, distribución y comercialización, además de asumir funciones de planificación y operación del sistema.

La cuestión, según su planteamiento, no pasa por eliminar la empresa pública.

Pasa por redefinir su papel.

La transmisión y la distribución constituyen actividades con características de monopolio natural y, por su importancia estratégica, deberían permanecer bajo control público.

Pero la generación y la comercialización podrían abrirse progresivamente a nuevos actores.

El objetivo sería que empresas privadas puedan invertir en generación, mientras ANDE concentra su fortaleza en la infraestructura estratégica, la operación del sistema y el transporte de la energía.

La apertura del mercado ya comenzó

La Ley 7599/2025 y su reglamentación representan, en este sentido, un cambio relevante en el modelo energético paraguayo.

El nuevo marco permite avanzar en proyectos de generación solar, eólica, biomasa y almacenamiento, además de mecanismos de autogeneración y venta de energía a ANDE mediante contratos de largo plazo.

También abre la posibilidad de que grandes consumidores puedan contratar energía directamente con generadores, utilizando la red mediante el pago correspondiente por el transporte.

Para Viedma, esta apertura es fundamental porque el volumen de inversión requerido supera la capacidad del Estado para financiarlo exclusivamente con recursos públicos.

La estimación del sector apunta a necesidades de entre USD 11.000 millones y USD 15.000 millones en generación durante la próxima década.

El desafío, entonces, es conseguir capital privado y ofrecer condiciones suficientemente estables para que esos proyectos sean financiables.

Solar, baterías y nuevas tecnologías

La respuesta tampoco será exclusivamente hidroeléctrica.

El Plan Maestro de Generación 2024-2043 de la ANDE contempla alternativas como grandes plantas fotovoltaicas, almacenamiento mediante baterías de litio, pequeñas centrales hidroeléctricas, bombeo y el estudio de generación térmica a gas como respaldo.

La energía solar puede construirse mucho más rápido que una gran represa.

Pero tiene una limitación: produce durante el día, mientras que una parte importante del pico de demanda paraguayo aparece durante la noche.

Por eso, el almacenamiento adquiere un papel estratégico.

Una planta solar acompañada de baterías puede aportar energía durante las horas de mayor demanda y reducir la presión sobre las hidroeléctricas.

Pero aparece nuevamente el mismo problema: sin transmisión suficiente, la energía producida lejos de los principales centros de consumo no puede aprovecharse plenamente.

La cuenta regresiva

El escenario que plantea Viedma puede resumirse en tres etapas.

2028-2029: comienza a reducirse la reserva disponible y aumentan las posibilidades de restricciones durante los veranos de alta demanda y en condiciones hidrológicas desfavorables.

2030-2032: el excedente energético comienza a desaparecer y Paraguay pasa de administrar abundancia a administrar cada vez más cuidadosamente su capacidad disponible.

2033-2035: si no se incorporaron nuevas fuentes de generación, almacenamiento y líneas de transmisión, las restricciones podrían transformarse en un problema estructural.

No se trata de anunciar un apagón para una fecha determinada.

Se trata de advertir que el sistema necesita anticiparse varios años a la aparición del problema.

Diversificar o administrar la escasez

La discusión energética paraguaya suele quedar atrapada en una pregunta: ¿qué ocurrirá con Itaipú en 2030?

Para Viedma, esa pregunta es insuficiente.

Itaipú seguirá funcionando. Yacyretá seguirá funcionando. Acaray seguirá funcionando.

El desafío será que Paraguay pueda aprovechar plenamente esa energía mientras su demanda continúa creciendo.

La verdadera amenaza no es que desaparezca la electricidad paraguaya.

Es que el país llegue a 2030 con una economía mucho más electrificada, pero con una infraestructura diseñada para una demanda del pasado.

La respuesta requiere decisiones que deben comenzar ahora: nuevas centrales solares y otras fuentes renovables, almacenamiento, ampliación de la transmisión, modernización institucional, contratos de largo plazo y un mercado capaz de atraer inversión privada.

La ventana, sostiene Viedma, no se cierra en 2035.

Se juega entre 2026 y 2028.

Porque 2035 será el año en que Paraguay verá las consecuencias de las decisiones que tome —o deje de tomar— durante los próximos dos años.

La energía del futuro no se improvisa cuando llega el déficit.

Se construye antes.

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