Por José Maria Quevedo
Paraguayo “Payo” Cubas volvió a mover el tablero opositor rumbo a 2028. Esta vez no para anunciar una candidatura propia, sino para proponer a Ricardo Estigarribia y Yolanda Paredes como dupla presidencial y ofrecerle su “apoyo total”. Al quedar fuera de la chapa, Cubas ensaya otra forma de construir poder: conservar influencia sin necesidad de ser candidato.
Payo tiene una capacidad política particular: detecta un malestar existente, lo convierte en relato y lo transforma en fuerza electoral. Mientras la política tradicional intenta convencer desde programas, instituciones y discursos formales, él conecta con una dimensión más emocional del elector: indignación, confrontación, identidad y rechazo al sistema.
Por eso su declaración sobre Estigarribia-Paredes no debe leerse solamente como una preferencia electoral.
Se baja “guau”, pero sigue jugando
Cubas propone una fórmula que, según su propia lectura, suma tres activos: la estructura del PLRA que aporta Estigarribia, el voto propio de Yolanda Paredes y el electorado antisistema de Cruzada Nacional.
Su argumento es casi aritmético: estructura + voto propio + voto antisistema.
Y allí aparece su verdadera apuesta. Los 692.663 votos presidenciales obtenidos por Cruzada Nacional en 2023 son presentados como un capital que puede transferirse a otra fórmula.
Payo parece decir: “No necesito ser candidato para que mis votos tengan valor”.
Obliga a los demás a jugar su juego
La mayor ventaja estratégica de Payo es que consigue cambiar el terreno de la discusión.
Los partidos tradicionales hablan de institucionalidad, experiencia y gestión. Payo lleva el debate hacia la emoción, la confrontación y la indignación.
Sus adversarios terminan reaccionando a sus movimientos y participando de la agenda que él instala.
Ahí está buena parte de su poder: mientras los demás discuten con Payo, Payo consigue que la discusión se produzca en sus términos.
El ingeniero del caos
Payo funciona como un “ingeniero del caos”: detecta las grietas del sistema, introduce una variable disruptiva y obliga a los demás actores a reorganizarse.
Al proponer Estigarribia-Paredes, provoca que Prieto, Salyn, Kattya, Mateo y otros sectores deban posicionarse.
Y existe una paradoja: el dirigente que construyó su identidad contra los partidos tradicionales ahora necesita de la estructura del PLRA para que su voto antisistema pueda tener posibilidades de convertirse en poder.
Por eso, la verdadera pregunta no es solamente a quién apoya Payo.
Es qué lugar quiere ocupar en 2028.
Payo se baja de la chapa, pero intenta seguir siendo imprescindible.
Se aparta de la carrera para convertirse en árbitro de la carrera de los demás.





