Por José Maria Quevedo
La devolución del Cañón Cristiano reabrió una vieja discusión sobre la memoria de la Guerra de la Triple Alianza, pero también sobre quién inició realmente las gestiones para recuperar uno de los trofeos de guerra más emblemáticos del Paraguay. El exministro de Cultura Ticio Escobar sostiene que el proceso comenzó en 2010, durante el gobierno de Fernando Lugo, y que el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva llegó a aceptar oficialmente el reclamo paraguayo.
Escobar, quien estuvo directamente involucrado en aquellas negociaciones, reconstruye los pasos que se dieron, explica por qué la devolución no se concretó entonces y cuestiona que Federico Franco pueda atribuirse el mérito de una gestión que, según afirma, ya estaba encaminada antes del cambio de gobierno.
En esta entrevista, además, reflexiona sobre los otros bienes culturales y trofeos de guerra que Paraguay podría reclamar a Brasil, la posibilidad de construir una mirada regional sobre la Guerra de la Triple Alianza y el papel que la cultura puede desempeñar en la construcción de una memoria histórica que no implique olvido, sino reparación y comprensión.
—¿Por qué es tan importante la devolución del Cañón Cristiano y qué otros trofeos de guerra puede reclamar Paraguay al Brasil?
El Cañón Cristiano es una insignia de soberanía y una señal de identidad del Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza. Tiene, así, un enorme valor histórico, patrimonial y simbólico: significa una cifra de la memoria nacional. Pero también tiene un importante valor político: su devolución significará una señal de reparación histórica y una prueba de buena voluntad internacional.
Sí, hay otros trofeos de esa guerra que podrían ser reclamados: archivos documentales saqueados durante la ocupación, así como armas, banderas y diversos emblemas e insignias llevados como botines militares.
—¿Quién tuvo realmente la iniciativa de reclamar el cañón? ¿Cómo y hasta dónde se avanzó y por qué no se pudo concretar antes?
Las conversaciones oficiales para la devolución del Cañón Cristiano se iniciaron durante el gobierno del presidente Fernando Lugo en 2010, en ocasión de la visita al Paraguay del presidente Lula da Silva, quien en esa oportunidad expresó formalmente su decisión de restituir el trofeo.
A partir de instrucciones del presidente Lugo, en mi calidad de ministro de Cultura inicié las negociaciones con mi par, Juca Ferreira, durante su visita a Asunción, que tuvo lugar ese mismo año. El ministro me llamó después de un tiempo para darme la buena noticia de que el reclamo paraguayo del cañón había sido oficialmente aceptado.
Se iniciaron los trámites entre las direcciones de Patrimonio de ambos países, pero las gestiones resultaron difíciles porque la legislación brasileña relativa a la custodia patrimonial es inmensamente complicada y por demás burocrática. Incluso se estaba discutiendo ya cómo se haría el traslado y por cuenta de qué país correrían los gastos correspondientes.
El golpe de Estado que derrocó al presidente Lugo determinó que se paralizaran las gestiones, que perdieron fuerza hasta que fueron suprimidas a partir de 2016 durante el gobierno del presidente Michel Temer.
Aparentemente, luego de las poco felices declaraciones del presidente Lula con relación a la Guerra de la Triple Alianza, es posible que él haya decidido, como gesto reparatorio, reactivar el proceso de devolución, que ya había sido oficialmente dispuesto en 2010.
Aparentemente, luego de las poco felices declaraciones del presidente Lula con relación a la Guerra de la Triple Alianza, es posible que él haya decidido, como gesto reparatorio, reactivar el proceso de devolución, que ya había sido oficialmente dispuesto en 2010.
—¿Qué le causa el hecho de que Federico Franco se atribuya el mérito de la devolución?
En 2010, Federico Franco era vicepresidente de Lugo y, por ende, parte del Ejecutivo; en cuanto tal habrá tenido conocimiento del reclamo paraguayo, pero no creo que por eso pueda atribuirse ese mérito.
Que yo sepa, cuando Franco fue presidente tras el golpe —en el cual él mismo tuvo activa participación— no se retomaron las gestiones. De habérselas impulsado, el cañón ya hubiera estado en el Paraguay.

—¿Existe la posibilidad de revisar la historia de la Guerra de la Triple Alianza entre todos los países involucrados y tener así una sola historia?
A lo largo del siglo XX y en lo que va de este siglo, historiadores y estudiosos vienen trabajando seriamente en la posibilidad de reflexionar sobre la guerra, digamos “objetivamente”, más allá de las pasiones, dolores, rencores y emociones; fuera del ámbito estrictamente épico-militar nacionalista.
La guerra moviliza la memoria traumática, por lo que en su ámbito resulta muy difícil la imparcialidad desinteresada; pero, de todos modos, es imprescindible procurarla.
La perspectiva de la cultura y, específicamente, de la imagen puede ser un camino para elaborar el duelo de la guerra, que no significa olvido, sino memoria constructiva, aunque doliente.
A título de ejemplos, cito algunos casos para pensar, no en una sola historia de la guerra, pero sí en la posibilidad de crear un espacio crítico y compartido de análisis y reflexión, de cara a un futuro más pacífico. Y de comprender la guerra no solo desde la exaltación heroica de varones militares, sino a partir de la presencia de otros agentes históricos, como las mujeres, los indígenas y, en general, los sectores civiles.
Junto con historiadores, sociólogos, internacionalistas y estudiosos de la cultura del Cono Sur y de Francia, en noviembre de 2005 tuve el gusto de participar en París de un coloquio internacional titulado Paraguay a la sombra de sus guerras: actores, poderes y representaciones, dedicado a estudiar cruces entre guerra, poder político e imagen. El semanario Cabichuí de Paraguay fue central en este encuentro.
Se buscaba así encontrar puntos de coincidencia, más allá del encono, la culpa y la demanda. Sus conclusiones fueron publicadas en 2007 bajo el título Las guerras del Paraguay de los siglos XIX y XX.
El 10.º Encuentro Internacional de Historia sobre la Guerra de la Triple Alianza se llevó a cabo del 15 al 17 de noviembre de 2018 en Asunción. En 2020, conmemorando los 150 años del final de la Guerra, la Secretaría Nacional de Cultura estableció la Comisión Nacional del Sesquicentenario, que impulsó la apertura de un espacio de diálogo y análisis desde diferentes posiciones.
—¿Cómo evalúa la gestión cultural de los gobiernos colorados post Lugo? ¿Se avanzó o se retrocedió?
Se avanzó en algunos puntos importantes, tales como la promulgación de la Ley de Patrimonio 5621/16, la culminación del Memorial de Ycuá Bolaños, la presencia indígena en el Consejo Nacional de Cultura, el mejoramiento técnico del Archivo Nacional y el avance de políticas relativas a la promoción del audiovisual, así como la firma de tratados orientados al impulso del patrimonio inmaterial y la prosecución de la activación del Puerto como espacio cultural, por citar de memoria y azarosamente solo algunos puntos clave.
Se retrocedió bruscamente en lo relativo a la articulación de políticas públicas coherentes, lo cultural descolgado de la esfera pública efectiva.
El golpe de Estado cortó los procesos de constitución de institucionalidad; esto afectó, obviamente, la gestión pública de la cultura. Todos los males del Estado repercuten negativamente en lo cultural: las campañas de exterminio étnico, la represión de la diversidad cultural —la prohibición del término “género”, por ejemplo—, la corrupción desatada, la degradación de la educación pública, la destrucción del patrimonio cultural y ambiental, la grosera disminución de los presupuestos de la Secretaría Nacional de Cultura, con todas las consecuencias relativas a la falta de apoyo efectivo a la ciudadanía cultural y sus derechos.
—¿Cuál considera que es la producción más importante a nivel cultural de los últimos 20 años en Paraguay?
Sin duda, esa producción estuvo a cargo de los diferentes actores culturales de la sociedad: los artistas, cientistas, analistas, activistas culturales y pensadores; los constructores de ciudadanía, los movimientos impulsores de los derechos humanos, los colectivos que reimaginan la memoria y el futuro, cada día.
Obviamente, estoy sobreponiendo ámbitos, pero a veces es inevitable hacerlo para tratar de expresar lo principal: la promoción de la diferencia cultural.





