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Franco, Peña o Alliana: ¿quién logró que Brasil devuelva el Cañón Cristiano?

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El Cañón Cristiano puede estar más cerca que nunca de volver al Paraguay, pero su eventual regreso no comenzó con la reciente controversia entre Asunción y Brasilia. El reclamo tiene más de una década, atravesó distintos gobiernos, fue impulsado por el Senado y llegó incluso a convertirse en una campaña ciudadana.

Ahora, en agosto de 2026, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva habría autorizado avanzar con la restitución de la pieza.

La pregunta es inevitable: ¿quién logró que Brasil devuelva el Cañón Cristiano: Federico Franco, Santiago Peña o Pedro Alliana?

La respuesta exige separar el reclamo histórico de la decisión política y de la devolución efectiva.

Franco y el reclamo por el Cristiano

Federico Franco tiene un lugar importante en esta historia.

En 2010, durante el segundo gobierno de Lula, Brasil llegó a iniciar un proceso relacionado con la eventual repatriación de la pieza. Incluso se anunció que el cañón sería devuelto, pero aquella decisión nunca terminó convirtiéndose en una restitución efectiva.

Franco volvió a reclamar públicamente el Cristiano en 2013, ya durante su Presidencia.

El reclamo, sin embargo, convivió con una particular posición política que hoy adquiere una dimensión especialmente llamativa.

El Cristiano y Ñacunday: una contradicción política

En enero de 2012, cuando todavía era vicepresidente de Fernando Lugo, Franco fue entrevistado sobre el conflicto de Ñacunday y la situación de los colonos brasileños en la zona.

El periodista le planteó el problema desde la perspectiva de la Ley de Seguridad Fronteriza, que establecía restricciones para la adquisición de tierras por extranjeros dentro de la franja de seguridad.

La respuesta de Franco fue contundente:

“No hay extranjeros en Ñacunday. ¿Favero es extranjero?”

Cuando el periodista le señaló que había estado en la zona y que la mayoría de los colonos eran brasileños, Franco respondió: “Usted no conoce el país”.

También argumentó que Tranquilo Favero llevaba 32 años en Paraguay. La entrevista fue publicada el 31 de enero de 2012 por NOVA Paraguay.

La discusión no era menor. El conflicto de Ñacunday estaba atravesado por la propiedad de tierras en la franja fronteriza y por la presencia de productores y colonos de origen brasileño.

Ahí aparece una de las paradojas de la trayectoria política de Franco.

Mientras reclamaba a Brasil la devolución de un trofeo de guerra paraguayo, relativizaba la condición de extranjeros de brasileños que explotaban tierras en Ñacunday.

En un caso, la nacionalidad brasileña aparecía como argumento para reclamar una reparación histórica.

En el otro, esa condición era relativizada cuando se discutía la aplicación de las normas paraguayas sobre la propiedad de tierras en la frontera.

Un reclamo que sobrevivió a los gobiernos

El Cristiano no quedó archivado después de Franco.

En abril de 2015, el Senado paraguayo aprobó una declaración para que el Poder Ejecutivo realizara por vía diplomática el reclamo ante el gobierno de Dilma Rousseff.

El 10 de octubre de 2019, la Cámara Alta volvió a insistir mediante otra declaración para que la Cancillería reclamara formalmente a Brasil la devolución del cañón.

El reclamo, por tanto, dejó de pertenecer a un gobierno determinado y pasó a convertirse en una reivindicación institucional.

En 2023, organizaciones ciudadanas impulsaron una campaña de recolección de firmas para reclamar no solamente el Cristiano, sino también documentos paraguayos que permanecen en archivos brasileños.

Ese mismo año, antes de asumir la Presidencia, Santiago Peña manifestó su intención de conversar con Lula sobre la cuestión desde una perspectiva positiva y de reconciliación.

Lula y la oportunidad inesperada

La situación cambió en julio de 2026.

Durante una visita a una empresa del sector de defensa en Brasil, Lula evocó la Guerra contra la Triple Alianza y afirmó que Paraguay había decidido “invadir Brasil”.

Las declaraciones provocaron una reacción inmediata en Asunción y volvieron a colocar la Guerra Grande en el centro de la relación bilateral.

El Gobierno paraguayo convirtió entonces la controversia histórica en un reclamo diplomático concreto.

El 31 de julio, el vicepresidente Pedro Alliana y el canciller Rubén Ramírez entregaron al embajador brasileño una nota en la que Paraguay expresó su rechazo a las declaraciones de Lula y planteó la devolución del Cañón Presidente López, el Cañón Cristiano, otros trofeos de guerra y copias de documentos vinculados al conflicto.

El planteamiento fue presentado como un posible gesto de reparación y reconciliación.

Después llegó la noticia desde Brasil: Lula habría autorizado avanzar con la restitución del Cristiano.

¿Alliana consiguió el Cañón Cristiano?

Aquí comienza la disputa política.

Pedro Alliana fue el funcionario paraguayo que, en la coyuntura de julio, convirtió el tema en una exigencia concreta ante Brasil.

Pero el propio vicepresidente evita atribuirse el resultado.

Según declaró a ABC este miércoles, todavía debe aguardarse la comunicación oficial brasileña y el cumplimiento de los procedimientos correspondientes.

La precisión es fundamental: Brasil todavía no entregó el cañón al Paraguay.

Por lo tanto, afirmar que “Alliana consiguió la devolución” sería prematuro.

Sí puede decirse que Alliana fue el actor paraguayo que reactivó el reclamo en la coyuntura que terminó colocando la restitución nuevamente sobre la mesa de Lula.

¿Y Peña?

Santiago Peña tampoco puede ser excluido de la historia.

Antes de asumir la Presidencia, ya había manifestado su intención de abordar el asunto con Lula. Durante su gobierno, el reclamo volvió a adquirir fuerza y fue formalizado diplomáticamente después de la controversia de julio.

Pero tampoco sería correcto convertir el eventual regreso del Cristiano en una victoria exclusiva de Peña.

El reclamo es anterior.

¿Y Federico Franco?

Franco tampoco puede ser borrado de la cronología.

Fue uno de los dirigentes paraguayos que reclamó la devolución del Cristiano y volvió a hacerlo durante su Presidencia.

Pero tampoco puede decirse que consiguió traerlo.

La diferencia es fundamental: Franco reclamó y logró que el asunto avanzara políticamente en Brasil; el proceso no terminó con el cañón en Paraguay.

Su trayectoria deja además una contradicción difícil de ignorar.

En Ñacunday, mientras se discutía la aplicación de la Ley de Seguridad Fronteriza y la presencia de colonos brasileños, sostuvo que “no hay extranjeros” y preguntó si Tranquilo Favero podía ser considerado extranjero después de décadas de residencia en Paraguay.

La comparación entre ambos episodios resulta inevitable: reivindicación de la soberanía histórica frente a Brasil por un lado; relativización de la presencia extranjera brasileña en una zona fronteriza por el otro.

Un reclamo que no tiene dueño

La historia completa podría resumirse así:

Franco reclamó. El Senado insistió. Peña manifestó su intención de retomar el tema. Alliana lo convirtió en una exigencia diplomática en medio de la crisis con Lula. Y Lula habría tomado finalmente la decisión política de devolverlo.

Ninguno de esos episodios, por separado, explica toda la historia.

El Cristiano pertenece a una reivindicación paraguaya que atravesó gobiernos y sobrevivió durante décadas.

Y si finalmente regresa, será difícil presentarlo como una victoria personal de un presidente o de un vicepresidente.

Será, más bien, el resultado de una presión histórica acumulada que encontró en la actual coyuntura diplomática la oportunidad de convertirse en una decisión política brasileña.

El último paso todavía falta

La cautela es indispensable.

Brasil todavía no entregó formalmente el cañón al Paraguay. La decisión política atribuida a Lula debe transformarse en actos administrativos, jurídicos y diplomáticos concretos.

Solo entonces podrá hablarse de devolución.

Hasta ese momento, el Cristiano sigue siendo una pieza paraguaya que permanece en Brasil y una promesa de restitución.

Pero la posibilidad es ahora distinta.

Después de décadas de reclamos, el país que se llevó el cañón como trofeo podría finalmente devolverlo.

El símbolo que podría volver a casa

Fabricado en Ybycuí en 1867, el Cristiano fue fundido con el bronce de campanas de iglesias paraguayas en uno de los momentos más desesperados de la Guerra contra la Triple Alianza.

Fue utilizado en la defensa de Humaitá y terminó en manos de las fuerzas brasileñas después de la caída de la fortaleza.

Desde entonces permanece en Brasil.

Si finalmente regresa, no devolverá las vidas perdidas ni modificará la historia.

Pero tendrá un significado que trasciende al metal.

Después de más de un siglo y medio, el Paraguay podría recuperar una pieza material de aquella guerra que todavía ocupa un lugar central en su memoria histórica.

El Cristiano no es solamente un cañón.

Es un fragmento material de la memoria paraguaya de la Guerra Grande.

Y ahora, después de tantos intentos frustrados, existe una posibilidad concreta de que vuelva a casa.

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