Por Marcelo Fernández DJ
Hay lugares que no se visitan, se habitan. Y hay épocas que no pasan, sino que se quedan vibrando en el aire como el eco de un buen solo de saxofón. Hablar del Chaco’s Pub (Rca. Argentina 1035 c/ Mac Mahon) es abrir un portal a la Asunción de 1990, una ciudad que despertaba a la sofisticación y encontraba en ese rincón su primer pub de verdadero lujo con un inconfundible sello inglés. Cruzas la puerta y el flashback comienza: el aroma a madera lustrada, la luz ámbar y la promesa de una noche donde cualquier cosa podía suceder.
La Escenografía del Lujo
El diseño del Chaco’s era una declaración de principios. Las paredes, totalmente revestidas en madera noble y los lujosos muebles de madera y cuero, otorgaban una acústica perfecta y una calidez que te abrazaba desde el primer paso. El centro de gravedad era, sin duda, su barra alta en forma de “L”. Era una pieza de ingeniería elegante, rodeada de butacas de cuero donde se sentaban los nombres más influyentes de la época.
Detrás de ese mostrador, el servicio era un ballet de precisión. Allí estaban los guardianes de la noche: Ramón, Lucio y mi padre, Marcelino. Ellos no solo servían tragos; eran confidentes, psicólogos de barra y maestros del protocolo. Mientras tanto, en el corazón del pequeño pero exquisito restaurante, la cocina bullía bajo el mando de diversos chefs de renombre y un staff donde mi madre era pieza clave, aportando ese sabor auténtico que mantenía a los clientes regresando noche tras noche.
La Dinastía y la Visión: De Tony Rico a Ale Massagrande
El Chaco’s nació bajo la mirada del gerente español Tony Rico, quien sentó las bases de esa elegancia europea. Pero un año después, la posta pasó a un joven que rompería todos los esquemas: Alexandro Massagrande.
Ale era un auténtico visionario. En una época de estructuras rígidas, él entendió que el lujo podía ser trasgresor. Tuvo la audacia y la sensibilidad de confiar en un chico de apenas 15 años para manejar los hilos emocionales de su local. Yo venía de pasar música en la discoteca Thunder, y Ale me dio la llave del reino. Su capacidad para amalgamar lo moderno con lo clásico fue lo que convirtió al Chaco’s en un fenómeno cultural.
El DJ de 15 años: Un Ritual de Entrega
Mi rutina era una locura bendecida. Trabajaba en un club de pádel por el día, asistía al colegio por la noche y, apenas sonaba el timbre de salida, mi verdadera vida comenzaba. Con el permiso de mis padres y la bendición de Ale, me instalaba en la cabina. De domingo a miércoles, yo era el encargado de mantener viva la llama, ayudando a Alexis Cardozo, quien reinaba de jueves a sábados. Tras la partida de Alexis, asumí la residencia de los fines de semana junto a mi gran amigo Oscar Páez.
Los sábados eran días de peregrinación. Recorría las catedrales del vinilo y el CD en Asunción: New York Disco Sound, Record World, Quijote Música y Libros. Especial mención merece la disquería de Guillermo Domaniczky (hoy reconocido periodista) en el Asunción Super Centro; allí pasaba horas seleccionando los materiales que luego harían vibrar la barra en L. Cada CD o cassette comprado era un tesoro que esa misma noche sería compartido con la “fauna nocturna”.
La Curva de la Noche: Un Viaje Musical
Una noche en el Chaco’s era una obra en tres actos perfectamente definidos por el ritmo:
- La Apertura (El Susurro): Arrancábamos con la elegancia de los lentos. El aire se llenaba con las armonías de The Carpenters, Bee Gees, Bread, Barry White, ABBA y la potencia de Whitney Houston. En español, el romanticismo era ley: Roberto Carlos, las joyas de Mocedades, la clase de Julio Iglesias y, por supuesto, los boleros de Luis Miguel, cuyos discos a veces dejábamos correr de principio a fin mientras las parejas se acercaban en la penumbra.
- El Ascenso (La Transición): Para levantar el ambiente, entrábamos en la zona de los “temas medios” entre los 70 y 80. Era el momento de ajustar el pulso, de ver a los empresarios y modelos empezar a marcar el ritmo con sus copas.
- El Clímax (La Explosión): Cuando la noche ardía, soltábamos el ingrediente secreto: la música latina más potente. Juan Luis Guerra, Los Manolos, Azúcar Moreno, Garibaldi, Emmanuel, Carlos Vives, Gloria Estefan y los Gipsy Kings. Pero para mí, el condimento especial era mezclar todo eso con la música disco y el Rock & Roll. Esa combinación era fantástica, una alquimia que solo el Chaco’s podía resistir con clase.
Incluso había espacio para el arte en vivo: ciclos de teatro, sesiones de Jazz y Blues, o rock contemporáneo. ¡Hasta se grababan programas de televisión en el local!
“Bella señora”; el “El himno de Chaco’s Pub
La Fauna Nocturna y el Final del Viaje
El Chaco’s era un ecosistema único. Allí convergían todos: empresarios exitosos, figuras de la farándula, políticos, modelos en la cima de su carrera y algún que otro “capo” que prefería la discreción de nuestras sombras. Era una fauna impresionante, donde la veteranía de algunos se mezclaba con la energía de los jóvenes, todos unidos por el respeto al buen gusto.
Al final de la jornada, la noche siempre nos devolvía a la calma. Cerrábamos el círculo con música lenta, dejando que la gente se fuera con el corazón tranquilo y la sensación de haber sido parte de algo mágico.
Aquel pub me dio todo: me regaló viajes, equipos, pero sobre todo, la amistad de personas que hoy, tres décadas después, sigo conservando. Ser parte de la historia del Chaco’s Pub no fue solo un trabajo; fue la oportunidad de ver cómo Asunción se enamoraba cada noche bajo el hechizo de una barra de madera y la aguja sobre un vinilo y el cd de moda de esa época.





