A más de 160 años del inicio de la Guerra de la Triple Alianza, la pregunta sigue generando debate entre historiadores de Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay. ¿Fue Paraguay el agresor? ¿Comenzó todo con la invasión brasileña a Uruguay? ¿O fue el desenlace de una larga disputa por el equilibrio regional?
La Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), el conflicto más sangriento de la historia de América del Sur, continúa siendo objeto de interpretaciones contrapuestas. Si bien existe consenso sobre la secuencia de los hechos, no ocurre lo mismo cuando se intenta determinar quién inició realmente la guerra.
La respuesta depende, en gran medida, del punto de partida que se adopte para analizar el conflicto.
La versión tradicional: Solano López inició la guerra
La interpretación clásica, predominante durante muchos años en Brasil y Argentina, sostiene que el presidente paraguayo Francisco Solano López fue quien desencadenó la guerra al ordenar, en noviembre de 1864, la captura del vapor brasileño Marqués de Olinda y, semanas después, la invasión de la provincia de Mato Grosso.
Posteriormente, tras la negativa del gobierno argentino de permitir el paso de tropas paraguayas hacia Uruguay, López declaró la guerra a Argentina e invadió la provincia de Corrientes en abril de 1865.
Desde esta perspectiva, esas acciones militares constituyen el inicio del conflicto regional.
La visión paraguaya: la guerra comenzó con la invasión de Uruguay
La historiografía paraguaya tradicional plantea una interpretación diferente. Según esta corriente, el conflicto comenzó cuando el Imperio del Brasil invadió Uruguay en octubre de 1864 para intervenir en la guerra civil de ese país y apoyar al Partido Colorado.
Paraguay había advertido previamente que una intervención brasileña rompería el equilibrio político y militar del Río de la Plata. Por ello, la captura del Marqués de Olinda y la campaña en Mato Grosso son interpretadas como una respuesta a una agresión previa y no como el origen del conflicto.
La interpretación revisionista
Desde la segunda mitad del siglo XX surgió una corriente revisionista que amplió el análisis del conflicto.
Para estos historiadores, la guerra fue consecuencia de la disputa por la hegemonía regional entre Brasil y Argentina, a la que se sumaron los intereses económicos y estratégicos de las grandes potencias de la época. En esta visión, Paraguay quedó atrapado en un escenario de tensiones que terminó desembocando en la guerra.
Aunque algunas versiones atribuyen un papel determinante al Reino Unido, la mayoría de los investigadores actuales considera que esa hipótesis no cuenta con pruebas suficientes para sostener que Londres haya impulsado directamente el conflicto.
La tesis de Laino y León Pomer: la guerra como proyecto de intereses extranjeros
Otra corriente, vinculada al revisionismo histórico latinoamericano y representada por autores como Domingo Laíno y León Pomer, sostiene que la Guerra de la Triple Alianza fue también consecuencia de la disputa entre el modelo autónomo de Paraguay y los intereses económicos del Reino Unido en la región.
Según esta interpretación, Paraguay constituía una experiencia de desarrollo independiente que chocaba con el avance del capital británico, que habría favorecido un escenario regional destinado a debilitar ese modelo. La guerra, desde esta mirada, no fue solo un conflicto entre países vecinos, sino parte de una lucha por el control económico y político de Sudamérica.
Esta explicación tuvo gran influencia en el pensamiento nacionalista paraguayo.
Lo que sostiene la historiografía contemporánea
Los estudios más recientes tienden a alejarse de las explicaciones que buscan un único responsable.
Hoy existe un amplio consenso en que la Guerra de la Triple Alianza fue el resultado de una sucesión de decisiones políticas y militares tomadas por varios gobiernos.
Brasil alteró el equilibrio regional con su intervención en Uruguay; Paraguay respondió militarmente contra Brasil e internacionalizó el conflicto; Argentina quedó involucrada tras la invasión paraguaya de Corrientes, lo que dio lugar a la firma del Tratado de la Triple Alianza el 1 de mayo de 1865.
En consecuencia, para buena parte de la historiografía actual, la guerra no puede explicarse como la decisión aislada de un solo gobernante, sino como el desenlace de una compleja crisis diplomática y estratégica que se fue agravando durante meses.
Más de un siglo y medio después, la pregunta sigue abierta. La respuesta depende de si se considera como inicio del conflicto la primera decisión política que alteró el equilibrio regional, el primer acto militar o la declaración formal de guerra. Por eso, la Guerra de la Triple Alianza continúa siendo uno de los episodios más discutidos de la historia sudamericana.





