Por José Maria Quevedo
El 22 de junio de 2012 terminó abruptamente una de las experiencias políticas más singulares de la historia reciente del Paraguay. La destitución de Fernando Lugo no solo puso fin a un gobierno; también inició un largo proceso de fragmentación de la coalición que lo llevó al poder cuatro años antes. Catorce años después, los protagonistas de aquel proyecto recorren caminos muy distintos. Algunos intentan mantener vivo el legado progresista, otros encontraron espacios en estructuras adversarias y varios desaparecieron casi por completo de la escena pública.
Los guardianes del legado
La figura de Lugo, retirada de la actividad política por los problemas de salud que arrastra desde 2022, continúa siendo un punto de referencia para quienes buscan reagrupar las distintas corrientes que sobrevivieron al derrumbe del luguismo. Sin embargo, la dispersión de liderazgos y las diferencias acumuladas durante más de una década dificultan cualquier intento de reconstrucción.
Entre quienes mantienen viva la llama del proyecto original aparecen Sixto Pereira, Hugo Richer y Jorge Querey. El primero trabaja desde Tekojoja en la tarea de reagrupar fuerzas progresistas y recomponer el Frente. Richer conserva vínculos con las bases del interior a través de Convergencia Popular Socialista, mientras que Querey, médico de cabecera de Lugo y senador hasta 2023, sigue siendo una referencia política y personal dentro del entorno más cercano al expresidente. Los tres mantienen coordinación política y continúan visitando a Lugo cuando su estado de salud lo permite.
Los hombres del círculo cercano
Kencho Rodríguez, amigo personal de Fernando Lugo, fue uno de los dirigentes vinculados al núcleo de confianza del expresidente. Ocupó la dirección de la Entidad Binacional Yacyretá y posteriormente llegó al Senado, desde donde acompañó el proceso político del luguismo. Tras dejar la Cámara Alta perdió protagonismo y su presencia pública dentro del escenario político fue disminuyendo con el paso de los años.
La sobreviviente
En el Congreso, la principal sobreviviente del ciclo luguista es Esperanza Martínez. La exministra de Salud logró mantenerse vigente en un escenario político cada vez más adverso para los sectores progresistas. Aunque su liderazgo enfrenta cuestionamientos internos y un desgaste evidente, continúa siendo una de las voces más reconocidas del espacio.
Los leales que volvieron a casa
Otros referentes históricos optaron por caminos diferentes. Carlos Filizzola, ministro del Interior cuando cayó el gobierno y uno de los dirigentes más leales a Lugo, terminó replegándose a País Solidario, su partido de origen. Miguel López Perito, considerado uno de los hombres fuertes del gobierno, rompió con el núcleo duro del luguismo y apostó por Avanza País, una experiencia que terminó diluyéndose y lo alejó de la primera línea política.
Los que buscaron otro camino
La fragmentación también alcanzó a figuras que durante años fueron símbolos de la resistencia a la destitución. José “Pakova” Ledesma, uno de los dirigentes más combativos de la época, se distanció de las posiciones tradicionales del luguismo tras su paso por el Senado y hoy trabaja cerca del presidente del Congreso, Basilio “Bachi” Núñez. Luis Alberto Wagner, otro de los referentes más visibles, apoyó las candidaturas de Efraín Alegre en 2018 y 2023, pero actualmente se encuentra alejado del protagonismo político.
Del luguismo al poder colorado
Algunos dirigentes optaron por construir puentes con sectores que en otro tiempo fueron adversarios. El caso más emblemático es el de José Rodríguez, histórico líder carpero y negociador del luguismo, cuya cercanía con Horacio Cartes generó fuertes críticas dentro de las organizaciones campesinas. Su influencia en el movimiento rural ya no es la de otros tiempos y su papel actual aparece rodeado de interrogantes.
Los que encontraron una nueva tribuna
También hubo quienes encontraron nuevos espacios lejos de la militancia partidaria. Camilo Soares, protagonista de la construcción y posterior crisis de Avanza País, consolidó una presencia constante en los medios de comunicación y se transformó en una referencia del análisis político. Ricardo Canese, por su parte, continuó vinculado a temas energéticos y sindicales, aunque con menor incidencia pública que durante los años de auge del proyecto progresista.
Roberto Paredes fue uno de los ideólogos y arquitectos del proyecto de poder luguista. Fue director de Yacyretá hasta que Lugo decidió reemplazarlo. Tras su salida volvió a sus libros y a los medios, desde donde sigue analizando la política paraguaya y buscando “al nuevo Lugo”.
Los operadores silenciosos
Entre los operadores menos visibles sobresale Miguel Rojas, exsecretario privado de Lugo, quien se incorporó al equipo de Euclides Acevedo en la Cancillería y fue señalado por distintos actores políticos como uno de los impulsores de la candidatura presidencial del excanciller en 2023.
Los hombres que buscaron insertar a Lugo en la región
Jorge Lara Castro fue uno de los hombres que más trabajó por insertar al gobierno de Lugo dentro del escenario regional latinoamericano. Desde la Cancillería impulsó la integración del proyecto paraguayo con los espacios políticos de la región y tuvo un papel activo en los vínculos con la Unasur. Durante la crisis de junio de 2012 intentó frenar el juicio político convocando a los cancilleres de la región que participaban de la cumbre Río+20, en un último esfuerzo diplomático por evitar la destitución.
Tras la caída de Lugo se alejó de la primera línea política y se dedicó a la docencia y la reflexión académica. Su salida de la Universidad Católica de Asunción, tras una decisión de las autoridades de la institución, generó repercusión en el ámbito académico. Actualmente continúa siendo considerado uno de los intelectuales más lúcidos y críticos para analizar el proceso político iniciado en 2008, su ruptura en 2012 y la posterior fragmentación del proyecto luguista.
Domingo Laíno, histórico dirigente opositor y una de las figuras más vinculadas a la lucha por la apertura democrática en Paraguay, fue junto a Lara Castro uno de los referentes más comprometidos con proyectar el cambio político paraguayo en el escenario regional. Defendió el proceso encabezado por Lugo hasta sus últimos momentos y tuvo una participación central en la investigación sobre la Masacre de Curuguaty, un episodio que terminó siendo determinante en la crisis política que desembocó en la destitución presidencial.
Con el paso de los años, Laíno redujo su presencia pública debido a motivos de salud, pero mantiene un lugar de referencia dentro del progresismo paraguayo y regional. Su trayectoria continúa asociada a las luchas democráticas y sociales que marcaron el período previo y posterior a la llegada de Lugo al poder.
Los que se apagaron
Algunos nombres prácticamente desaparecieron del radar político. Marcos Fariña, abogado de confianza del luguismo y protagonista de las negociaciones que desembocaron en la alianza opositora de 2018, lleva años sin apariciones públicas relevantes. Algo similar ocurrió con Héctor Lacognata, canciller durante el gobierno de Lugo, cuya presencia política se fue diluyendo con el paso del tiempo hasta finalmente fallecer en 2023.
También forman parte de esa generación Alberto “Carota” Grillon y Aida Robles, quienes tuvieron una activa defensa del expresidente durante el proceso de juicio político que terminó con su destitución en 2012. Desde sus bancas legislativas sostuvieron la postura del luguismo en aquellos días de crisis, pero tras la salida de Lugo del poder fueron perdiendo peso e incidencia dentro del escenario político nacional.
Los que siguen ligados a las causas sociales
En otros casos, la actividad pública continúa vinculada a causas específicas. Emilio Camacho, exdirector del INDERT y uno de los funcionarios más identificados con la agenda de reforma agraria, trabaja actualmente como asesor legislativo. El dirigente campesino Elvio Benítez, por su parte, volvió a ocupar titulares en 2026 tras obtener medidas sustitutivas a la prisión en el caso Lusipar.
El legado disperso
A catorce años de la caída de Lugo, la pregunta ya no es qué ocurrió con aquellos dirigentes, sino qué quedó del proyecto político que los unió. La mayoría sigue activa, aunque dispersa. El liderazgo que alguna vez articuló a campesinos, movimientos sociales, liberales disidentes y sectores de izquierda ya no tiene la fuerza de otros tiempos. Sin embargo, la memoria de aquella victoria de 2008 y del traumático final de 2012 continúa siendo el principal punto de encuentro de una generación política que todavía busca su lugar en el Paraguay del siglo XXI.





