El 25 de mayo de 1810, fecha que marcó el inicio del proceso revolucionario en Buenos Aires, no fue vivido en Paraguay como una jornada de fervor patriótico ni de adhesión inmediata. En Asunción, la noticia llegó con distancia, cautela y profundas dudas sobre el nuevo escenario político que comenzaba a gestarse en el Río de la Plata.
La historiadora Noelia Quintana explicó que la reacción de las autoridades paraguayas fue muy distinta a la de otras provincias del virreinato.
“En Asunción, lo que se hizo con el gobernador Velazco fue rechazar a la Junta porteña; en síntesis, rechazar lo que se le hizo a Cisneros con la agregación de diputados e inmediatamente proceder al juramento de fidelidad a Fernando VII, que en ese momento estaba preso”.
En aquel contexto, la provincia del Paraguay mantenía una dinámica política relativamente autónoma respecto de Buenos Aires. Las tensiones comerciales y administrativas venían de años atrás, por lo que la conformación de la Primera Junta no despertó una adhesión automática en Asunción.
Según Quintana, uno de los errores políticos de Buenos Aires fue el envío de José Espínola y Peña como representante ante las autoridades paraguayas.
“La Junta cometió un error muy grande al enviar a José Espínola y Peña, que era un paraguayo no muy querido ni en el ambiente civil ni en el militar. Ese fue un error que provocó la convocatoria, por parte de Velazco, de un Cabildo Abierto donde se manejaron muchas situaciones; una de ellas era cómo gestionar la relación entre Asunción y Buenos Aires”.

La historiadora sostuvo además que dentro de ese debate comenzaron a surgir posiciones más radicales respecto al futuro político del Paraguay. Entre ellas, la del doctor Gaspar Rodríguez de Francia.
“La postura más radical fue la del doctor Gaspar Rodríguez de Francia, que propuso que Paraguay se gestionara sin tener en cuenta a España ni a los porteños”.
Con el paso de los meses, la tensión política derivó en un enfrentamiento militar. La Junta porteña decidió enviar una expedición encabezada por Manuel Belgrano para intentar incorporar al Paraguay al nuevo gobierno revolucionario.
Sin embargo, las fuerzas paraguayas resistieron exitosamente en las batallas de Paraguarí y Tacuarí.
“Todo continúa con la misión militar de Belgrano, que pierde en Paraguarí y Tacuarí”, recordó Quintana.
Para la historiadora, el verdadero punto de quiebre no fue el propio 25 de Mayo, sino las decisiones políticas posteriores tomadas desde Buenos Aires.
“Lo que altera la relación no son los eventos del ‘25’, sino el envío de Espínola y Peña, que, sin ser muy diplomático, vino a sustituir a Velazco por orden de Buenos Aires. Eso es lo que crispó la situación política”.
Finalmente, lejos de integrarse al proyecto político porteño, Paraguay inició su propio proceso emancipador y en 1811 avanzó hacia una independencia con características propias, diferenciándose tanto de España como de la influencia de Buenos Aires.
Así, desde la mirada paraguaya, la Revolución de Mayo no representó un punto de adhesión inmediata, sino el inicio de un proceso político que terminaría consolidando un camino autónomo y una identidad propia para el Paraguay.





