En entrevista con EGO, el exsenador y dirigente colorado Óscar Tuma analiza el escenario político de cara a las próximas elecciones y sostiene que Miguel Prieto es el único opositor con capacidad real de hacer tambalear electoralmente a la ANR.
Tuma advierte, sin embargo, que su proyección nacional dependerá de la estructura del PLRA y cuestiona la estrategia de una oposición que, a su criterio, necesita dejar de confrontar con el electorado colorado para tener posibilidades reales de llegar al poder.
—¿Cómo analiza el escenario político actual de cara a las próximas elecciones?
—Los colorados tenemos una virtud histórica: sabemos interpretar los tiempos y comprender las realidades políticas. Y hoy existe una realidad que no podemos desconocer: el único dirigente opositor con capacidad real de hacer tambalear electoralmente a la ANR es Miguel Prieto.
Pero esa posibilidad depende necesariamente de que el Partido Liberal le proporcione estructura territorial, apoderados, dirigentes y control electoral. Sin el PLRA como soporte estructural, Prieto difícilmente podrá construir una candidatura nacional verdaderamente competitiva.
—¿Qué diferencia a Prieto de los demás referentes de la oposición?
—Su principal ventaja es que no transmite odio hacia el Partido Colorado ni convierte al coloradismo en el enemigo de todos los males del país. Sus cuestionamientos son puntuales y están dirigidos principalmente contra determinadas prácticas y sectores.
Eso lo diferencia de otros referentes opositores que siguen creyendo que para ganar una elección deben insultar al Partido Colorado y enfrentarse con todos los colorados. Ese planteamiento es profundamente equivocado.
No se derrota al partido más grande de la República atacando a cientos de miles de paraguayos que forman parte de él. Se lo enfrenta construyendo una alternativa mejor y convenciendo también al electorado colorado.
—¿Cómo observa la próxima elección municipal en Asunción?
—Lo que puede ocurrir en Capital es una demostración de esa incapacidad política de la oposición. Camilo puede terminar ganando por más de veinte puntos porcentuales, porque enfrente tendrá a una candidata que representa una de las peores decisiones electorales que podía tomar la oposición.
Su discurso está construido desde la confrontación y el resentimiento hacia el Partido Colorado, pese a que ella misma integró un gobierno colorado. Además, su gestión fue posible porque durante el gobierno de Horacio Cartes existió una decisión política de acompañar desde el Congreso los proyectos impulsados por la cartera de Vivienda. Eso lo conocen todos los actores políticos.
Aun contando con ese respaldo, su gestión fue inferior a la de otros responsables del área, como Dany Durand y, especialmente, Juan Carlos Baruja. Por eso resulta contradictorio pretender construir ahora una candidatura atacando al mismo espacio político que hizo posible su presencia y su gestión dentro del Estado.
—¿Cuál es entonces el principal obstáculo para una candidatura presidencial de Miguel Prieto?
—El principal problema de Prieto no está solamente en el Partido Colorado. Está dentro de la propia oposición y, particularmente, en los sectores del PLRA que trabajan activamente para impedir su consolidación.
Es comprensible que existan disputas internas, pero el problema de fondo es mucho más grave: el Partido Liberal ha perdido vocación de poder, capacidad estratégica e inteligencia electoral.
La prueba está en Asunción, donde continúa entregando su estructura y su capital político a fuerzas que prácticamente no tienen existencia territorial.
Elección tras elección, el PLRA pierde protagonismo, bancas, dirigentes y presencia nacional. Sin embargo, sus autoridades siguen actuando como si todavía pudieran prescindir de los liderazgos emergentes y como si el electorado les perteneciera.
Una fuerza política que no logra comprender algo tan elemental no está preparada para conducir una alianza nacional y mucho menos para gobernar el país.
Si el PLRA pretende volver a ser una verdadera alternativa de poder, deberá abandonar sus mezquindades internas, entender el momento político y decidir si quiere encabezar un proyecto nacional o continuar administrando su propia decadencia.





