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La debacle del PLRA: “El partido se fundió”

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La victoria de Soledad Núñez en Asunción dejó una imagen de celebración para la oposición, pero también expuso una realidad mucho más incómoda para el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA): el histórico partido opositor atraviesa una de sus peores crisis electorales y territoriales.

Dentro del propio liberalismo ya aparecen voces que advierten sobre la necesidad de evitar que el triunfo de Asunción funcione como una suerte de anestesia frente a los resultados generales de las municipales.

“Estamos contentos porque Soledad ganó en Asunción, pero eso nos puede anestesiar el análisis”, es la advertencia que surge desde sectores que cuestionan el rumbo de la organización.

La preocupación tiene números concretos.

En el Departamento Central, el PLRA pasó de una situación favorable, cuando durante la administración de Blas Lanzoni llegó a controlar 13 municipios frente a 6 de la Asociación Nacional Republicana (ANR), a quedar actualmente con una relación de 12 municipios frente a 7.

Uno de los resultados que más impacta dentro del liberalismo es la pérdida de J. Augusto Saldívar, considerado un territorio históricamente vinculado a la estructura liberal.

“Jamás estuvimos así”, es la lectura que hacen dirigentes y referentes que observan el retroceso territorial del partido.

Pero la caída no se limita a Central.

A nivel nacional, la ANR consiguió 187 municipios, mientras el PLRA y sus alianzas alcanzaron 76. La cifra queda además por debajo de la meta que había planteado el presidente del partido, Alcides Riveros, quien había proyectado alcanzar al menos 100 municipios.

El resultado vuelve a poner sobre la mesa la situación de la conducción liberal y la capacidad del partido para conservar su estructura territorial.

La pérdida de identidad

Más allá de los números, la discusión dentro del PLRA apunta a un problema de identidad política.

El cuestionamiento es que el partido abandonó progresivamente algunas de sus banderas históricas y perdió capacidad para diferenciarse de otras fuerzas políticas.

La crítica también alcanza a las administraciones municipales.

Mariano Roque Alonso aparece como uno de los ejemplos mencionados por los propios sectores inconformes con la gestión liberal. La pregunta que plantean es qué diferencia actualmente a una administración del PLRA de una administración de otros partidos cuando el liberalismo llega al poder.

A esto se suma el cuestionamiento a la conducción partidaria en el Departamento Central, donde se acusa a la dirigencia de mantener una visión limitada del territorio y de privilegiar determinados distritos vinculados a sus propios intereses y estructuras familiares.

El resultado, según esta lectura, es un partido cada vez más encerrado en sus propias estructuras y con menor capacidad para ampliar su base electoral.

“Son muy mezquinos los que llegan a los cargos en nombre del PLRA”, resume una de las críticas internas que circulan después de la elección.

Asunción, una excepción que obliga a mirar el mapa

El triunfo de Soledad Núñez introduce, sin embargo, una particularidad.

La nueva intendenta electa de Asunción logró construir una candidatura capaz de superar las fronteras partidarias tradicionales y atraer a sectores independientes.

Por eso, dentro del propio liberalismo existe una advertencia: atribuir exclusivamente al PLRA el resultado de Asunción sería una lectura equivocada.

La victoria de Soledad puede ser interpretada como un triunfo de una candidatura opositora que consiguió conectar con un electorado más amplio que la estructura partidaria.

Y ese dato también interpela al PLRA.

Mientras el partido retrocede en buena parte del territorio nacional, una candidata vinculada al espacio opositor logra imponerse en la capital apelando a una identidad que no se limitó a la estructura liberal tradicional.

La paradoja es evidente: el PLRA celebra una victoria que, al mismo tiempo, demuestra que la oposición puede ganar cuando consigue trascender a los partidos.

Un partido en discusión

El liberalismo paraguayo no desaparece con estos resultados. Su historia, estructura y presencia política siguen siendo relevantes.

Lo que queda seriamente cuestionado es la capacidad del PLRA para funcionar como principal alternativa política a la ANR.

Los números municipales muestran un retroceso significativo y abren una discusión que difícilmente pueda resolverse solamente con un cambio de candidaturas.

La pregunta que queda después de estas elecciones es más profunda: ¿qué representa hoy el PLRA y por qué un elector debería votar por el partido liberal?

La respuesta ya no parece tan evidente como lo fue durante buena parte de la transición democrática.

Y mientras el partido celebra Asunción, el mapa municipal deja una advertencia mucho más dura.

El liberalismo no está muerto. Pero el PLRA está en problemas. Y hacer como si no ocurriera sería probablemente el peor error después de esta elección.

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