Por José Maria Quevedo
Los funcionales al oficialismo no son quienes señalan los errores del discurso opositor. Los verdaderamente funcionales son aquellos que se niegan a hacer autocrítica, insisten en las mismas equivocaciones y descalifican cualquier análisis que no encaje en su relato.
Tras las internas municipales de 2026, parte de la oposición volvió a refugiarse en explicaciones simplistas: plata, trampas, stronismo, división y clientelismo. Todo sirve para explicar la derrota, excepto los propios errores.
Un ejemplo es la lectura de Kattya González, quien afirmó en EL TRIPLE PASE de LA MEGA:
“El Partido Colorado no es poderoso, es tramposo”.
“No es mayoría, es la primera minoría”.
“No funciona así la democracia”.
El problema de este razonamiento es que intenta forzar una lógica de balotaje en un sistema que no la tiene. En Paraguay las elecciones se definen por mayoría simple. Gana quien obtiene más votos, no quien logra superar el 50%.
Por eso, sostener que el Partido Colorado no es mayoría puede ser un dato estadístico, pero no altera la realidad política: sigue siendo la fuerza electoral más votada y la que consigue transformar esos votos en poder institucional.
También resulta contradictorio invocar permanentemente el fantasma del stronismo. Cuando se recuerda la frase atribuida a Alfredo Stroessner —“somos mayoría y hacemos lo que queremos”— se busca asociar cualquier ejercicio de mayoría política con una lógica autoritaria. Sin embargo, gobernar desde una mayoría electoral no es incompatible con la democracia.
La discusión democrática no debería centrarse en negar la legitimidad de las mayorías, sino en exigir que estas gobiernen respetando a las minorías. Del mismo modo, las minorías tienen la responsabilidad de construir alternativas viables y no limitarse a una oposición permanente bajo la premisa de que fueron votadas únicamente para oponerse.
Es el mismo caso de Johana Ortega, quien luego de conceder que deben revisar el discurso anti cartista (ZONA FRANCA-LA TELE), cargó contra el exintendente Nenecho Rodríguez, la compra de votos y vinculó al cartismo con la mafia, reforzando así una línea discursiva que desplaza el foco del debate hacia factores externos sin profundizar en una revisión interna de las propias estrategias políticas.
📌 “Nenecho estaba completamente fuera de la realidad y nos dejó la ciudad como está”, afirmó Johanna Ortega.
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— latele (@latelePy) June 8, 2026
Excusas, falta de autocrítica y subestimación del enemigo
Lo más llamativo es que la oposición parece haber clausurado toda posibilidad de autocrítica. Cada derrota se explica por factores externos; casi nunca por errores propios de estrategia, organización, liderazgo o conexión con el electorado.
En este contexto me pareció especialmente acertada la observación del periodista Palo Rubin (AM 780) sobre una de las claves del éxito de Honor Colorado: la tenacidad de su líder, Horacio Cartes. Más allá de simpatías o diferencias políticas, resulta difícil explicar la consolidación del movimiento sin reconocer la perseverancia, la capacidad de organización y la visión de largo plazo que ha caracterizado su conducción. Mientras la oposición suele atribuir los resultados exclusivamente al dinero, las trampas o el aparato partidario, pocas veces analiza la disciplina y constancia con que Honor Colorado construyó su predominio territorial.
Si esta tendencia se mantiene, las internas municipales podrían estar anticipando un escenario favorable para el Partido Colorado de cara a las elecciones generales. La pregunta que la oposición debería hacerse no es por qué gana Honor Colorado, sino por qué sigue sin encontrar una estrategia capaz de disputarle el poder de manera efectiva.





