Por José Maria Quevedo
A propósito del estreno de la película paraguaya Narciso, conversamos con la académica austriaca Sonja Maria Steckbauer, especialista en literaturas latinoamericanas, sobre cine, memoria, literatura y las tensiones culturales del presente. Con más de cuatro décadas dedicadas al estudio del continente —y en particular de la literatura paraguaya—, Steckbauer ofrece una mirada profunda sobre el cruce entre historia, arte y política.
-Empecemos con una una reflexión sobre la historia que cuentan tanto el libro como la película “Narciso”
-Bernardo Aranda fue matado de manera cruel el 1 de septiembre de 1959 en una habitación que alquilaba en una casa en Asunción. Con su muerte también se reprimió una emergente vitalidad de la música rock ‘n’ roll, que él había iniciado. Siguieron las acusaciones y difamaciones mediáticas en contra de hombres homosexuales, muchos de ellos llevados por las calles; según la publicación de un periódico oficial de la época fueron arrestadas e interrogadas 108 personas de dudosa moral, o “amorales”, como se las llamaba despectivamente.
En la novela se explica el trasfondo político de los acontecimientos a través del narrador historiador, en la película se hace sentir el ambiente de angustia y de terror que reinaba en aquel momento.
-Tu crítica de de Narciso, la película…
–La película Narciso, de Marcelo Martinessi (estrenada en la Berlinale en febrero de 2026), se concentra mucho más en el personaje principal, y comienza con la búsqueda de Narciso y el hallazgo de su cadáver. Dada esta información previa, se retrocede un año y se muestra de manera muy contundente como este joven del campo logró seducir tanto a su público como a su patrón.
Narciso nos hace revivir los años 50 y 60 con la música de Elvis Presley y Bill Haley. La banda sonora de la película es conmovedora, tanto en sus momentos más alegres como en los de tensión, y con mucha razón Zeltia Montes fue galardonada con el Premio Giuseppe Becce. El actor paraguayo Diro Romero es muy convincente en el rol de “Narciso”, personaje de la mitología griega famoso por su belleza y su vanidad. Rápidamente logra convencer a Chinita Montiel, “la emperatriz de la canción paraguaya” (en el rol brilla Mimí Monte), que salga al escenario y cante “Lucille”, de Little Richard. El microcosmos de la Radio Capital refleja el cambio incipiente en toda la ciudad anhelando mayor libertad. Con el asesinato de Narciso se frenará todo este despertar y Chinita Montiel volverá a cantar el folclor paraguayo en la escena final de la película.
Con la reproducción de radio de Drácula, el director de la película retoma un tema de la novela de Guido Rodríguez Alcalá y lo expande como leitmotiv, motivo conductor, de su película. El miedo creciente que genera esta radionovela, muy popular en aquel tiempo, refleja el miedo creciente de la sociedad paraguaya. De manera que el ambiente de la película es denso y sombrío, con el trabajo de cámara al estilo del film noir.
La película de Marcelo Martinessi fascina por sus imágenes: Basta con mirar el póster oficial con un Narciso entre cortinas, todo en colores cálidos. Mientras que en el momento de la foto él está detrás en la sombra, listo para salir y mirando hacia el auditorio, en un instante va a estar en la luz, en el centro del escenario. Añadimos el ejemplo de cuando Lulú va en su coche por las calles nocturnas de Asunción en búsqueda de un amante, vemos a un Jesús crucificado en el espejo retrovisor y la estrella Mercedes delante de él – las dos características de su aparición pública. Cada detalle está en su lugar, cada detalle es importante para la trama o tiene un significado metafórico.
La película Narciso recibió el Premio FIPRESCI, otorgado por la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica, porque la película “no explica el autoritarismo, pero lo vuelve audible y tangible a través de la radio y los espacios interiores de una ciudad.
-¿Cuál es tu opinión sobre el cine paraguayo en particular y el latinoamericano en general?
–Vivo en Austria y trabajo en Alemania. Desde aquí sólo puedo comentar que el cine latinoamericano sigue teniendo importancia en Europa. Hay festivales de cine latinoamericano en diferentes ciudades, y este año en la Berlinale se presentaron unas 20 nuevas películas latinoamericanos, entre ellos Narciso de Marcelo Martinessi.
-Tres libros esenciales de la literatura latinoamericana y paraguaya
–Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Con esta novela se creó el realismo mágico. La leí a los 16 años y con ella comenzó mi fascinación por la literatura latinoamericana, que sigue hasta hoy en día.
Conversación en la Catedral, de Mario Vargas Llosa. La novela explica el pasado del Perú tratando de responder a la pregunta inicial: ¿en qué momento se había jodido el Perú? La leí como estudiante en Lima y logró aclarar muchas de mis preguntas acerca de la política latinoamericana.
El Salvaje, de Guillermo Arriaga. La novela está ambientada en la ciudad de México, en una atmósfera violenta, sin embargo, reina y gana el amor. El escenario urbano, que conocí durante mi trabajo en la Universidad de Guadalajara, está representado de manera real y a la vez en un estilo extremadamente elaborado.
En lo que se refiere a la literatura paraguaya quiero hacer referencia a mi libro Cartografía literaria del Paraguay, donde presento a siete autores con varias novelas y cuentos del siglo XX. El segundo tomo sobre literatura del siglo XXI está en preparación.
-Viene un director o productor y te dicen: recomendáme una historia, un libro para llevar al cine ¿qué le decis?
–Hay muchas novelas que merecerían y se ofrecerían para llevar al cine. La selección depende del director en primer lugar y de tantos otros factores.
-¿Pasó la época de oro de la literatura y nos enfrentamos a una crisis de producción y lectura?
-No, por nada. Vemos que la literatura está entrando en una nueva fase de interés por un gran público, si pensamos por ejemplo en la cantidad de novelas criminales que tanto son de moda en este momento. El problema es más bien la mercantilización: Hoy en día es casi imposible que un autor desconocido lleve su manuscrito a una editorial y que se le publique así no más, tal como lo hizo Gabriel García Márquez con su novela Cien años de soledad. Hoy en día es mucho más difícil para un autor llegar al público y eso que gracias a los medios de comunicación debería ser más fácil.
-¿Son las series un equivalente cultural a lo que representó a la literatura en el siglo XX?
-No, una serie nunca puede ser un equivalente cultural a una novela, son dos medios diferentes con dos maneras diferentes de llegar al público y de conmoverlo.
-¿Tres libros hechos película que valga la pena ver?
–Hay muchísimas, por lo tanto menciono tres que me parecen importantes para la evolución del cine latinoamericano:
La muerte y la doncella, de Ariel Dorfman, película dirigida por Roman Polanski (1994): Uno de los aspectos más interesantes en la puesta en escena es que las preguntas de la culpa y de la venganza quedan abiertas al espectador / lector.
Amores perros, dirigido por Alejandro González Iñárritu y basado en el guion de Guillermo Arriaga (2000): Es el encendido inicial de dos grandes del cine y de la literatura mexicana, por introducir la fragmentación como técnica cineasta.
Ainda estou aquí, escrito por Marcelo Rubens Paiva y dirigido por Walter Salles (2024): Trata el tema de la dictadura del punto de vista de una sola familia, y ofrece nuevos caminos a fin de comprender el pasado.
-¿Los Oscar se politizaron demasiado? ¿Se volvió Hollywood políticamente correcto?
Hollywood no es tan políticamente correcto, Hollywood está dominado por unos intelectuales de izquierda que no permiten otras ideas u otras opiniones (políticas) que las propias. Eso pasa no solo en Hollywood, sino también en otros festivales, como vimos recientemente en la Berlinale, donde se le reprochó a uno de los más grandes directores del cine, Wim Wenders, de no responder a las preguntas del público acerca de un tema político. Hoy en día parece más difícil tener éxito con una opinión diferente de la del mainstream.
-¿Se pueden separar la obra y vida personal de una artista?
-Sí, para mí, es más, se debe separar o por lo menos tratar vida y obra de manera separada. Puede ser que la vida personal de un autor haya influido en su obra literaria, pero ni el lector y mucho menos el crítico literario no debería relacionar las dos en su crítica. En mi opinión, la crítica literaria no debería volver al biografismo del siglo XIX.
Para mencionar un ejemplo famoso: Augusto Roa Bastos fue un escritor excelente, sin duda uno de los mejores del Paraguay, y su estadía en Francia, es decir el hecho de vivir en un país culturalmente muy activo, interesado, abierto, influyó mucho en su cuentística y en su novela Hijo de hombre. Pero las circunstancias de su salida del Paraguay no deberían influir tanto la crítica de su obra.

A lo largo de la conversación, Sonja Maria Steckbauer no solo reflexiona sobre Narciso como obra cinematográfica, sino que la sitúa dentro de un entramado más amplio donde historia, memoria y cultura se entrecruzan. La película, al recuperar un episodio oscuro del Paraguay de los años 50, evidencia cómo el arte puede volver sensible aquello que la historia muchas veces narra en abstracto: el miedo, la represión y también los deseos de libertad.
Al mismo tiempo, su mirada se expande hacia el presente. Desde la literatura hasta el cine, pasando por festivales internacionales y debates sobre corrección política, Steckbauer plantea tensiones vigentes: la dificultad de acceso para nuevas voces, la influencia del mercado, y el lugar de las ideas en la producción cultural contemporánea.
En ese cruce entre pasado y actualidad, Narciso aparece no solo como una película, sino como un disparador. Un recordatorio de que el arte —ya sea en la página o en la pantalla— sigue siendo un espacio clave para pensar la sociedad, sus conflictos y sus silencios.





