“+1000 de aura”, “perdió aura”, “está farmeando aura”. Si estas expresiones comenzaron a aparecer en TikTok, Instagram o X y no se entiende muy bien de qué hablan, la explicación está en una de las nuevas modas de la cultura digital: el “aura farming”, o “farmear aura”.
El término no tiene relación con la espiritualidad ni con una supuesta energía invisible. En el lenguaje de las redes, “aura” significa presencia, seguridad, estilo, carisma o esa capacidad de alguien para llamar la atención sin necesidad de hacer demasiado.
“Farmear”, en cambio, viene directamente del mundo de los videojuegos: repetir determinadas acciones para acumular experiencia, recursos o puntos. La combinación da como resultado una idea sencilla: farmear aura es hacer cosas que aumenten los “puntos” imaginarios de carisma de una persona.
¿Cómo se hace?
La regla fundamental es sencilla: parecer que no se está intentando demasiado.
Una caminata con actitud, una mirada seria, una pose perfectamente calculada, un movimiento inesperadamente elegante o una acción cotidiana realizada con absoluta seguridad pueden convertirse en una escena de “aura farming”.
El secreto está precisamente en la contradicción: cuanto más parece que alguien está tratando de demostrar que es cool, menos aura obtiene.
Por eso el fenómeno funciona especialmente bien en videos cortos. Una escena aparentemente espontánea se edita con música, cámara lenta, determinados ángulos y una estética cinematográfica. El resultado transforma una acción ordinaria en una demostración de presencia.
Del meme al marcador social
La gracia del fenómeno está en tratar el carisma como si fuera un videojuego.
Así aparecen expresiones como:
- “+1000 aura”: hizo algo que aumentó su presencia.
- “Perdió aura”: hizo algo considerado poco elegante, torpe o vergonzoso.
- “Aura farming”: está realizando acciones para acumular esa imagen de coolness.
- “Aura battle”: dos personas compiten para demostrar quién tiene mayor presencia.
No existe ningún medidor real. Es un código humorístico de internet que convierte una característica subjetiva como el carisma en una especie de sistema de puntuación.
De TikTok a las calles
La expresión comenzó a circular con fuerza en internet en 2024, especialmente en comunidades vinculadas con videojuegos, anime y memes. Posteriormente se expandió a TikTok, Instagram y X, hasta convertirse en una etiqueta utilizada para describir a personas capaces de proyectar seguridad, estilo o magnetismo.
Pero en 2026 el concepto dio un paso más: salió de la pantalla y se convirtió en una competencia presencial.
Las llamadas “batallas de aura” enfrentan a dos participantes que deben demostrar quién tiene mayor presencia. Poses, gestos, movimientos de manos, pasos de baile y expresiones faciales forman parte del espectáculo. No hay reglas rígidas: el público o un jurado decide quién “ganó” más aura.
Y llegó a Paraguay
Lo que hasta hace pocos días parecía una moda lejana ya comenzó a instalarse en Paraguay.
El fenómeno empezó a generar anuncios y convocatorias en redes sociales. Concepción y San Lorenzo aparecieron como escenarios de las primeras competencias anunciadas en el país, con enfrentamientos uno contra uno, jueces y hasta premios.
La competencia prevista en San Lorenzo, anunciada para este sábado 22 de agosto frente a la Catedral, muestra hasta qué punto la tendencia pasó rápidamente del teléfono al espacio público.
Y, como era previsible, la reacción paraguaya también incorporó el ingrediente local más importante: la burla.
En redes aparecieron comentarios del tipo “¿y la de farmear laburo?”, además de comparaciones con antiguas modas juveniles como los floggers y los guachiturros. Otros directamente preguntaron cómo recuperar el aura perdida después de ver los videos.
Es decir, Paraguay no solamente importó la tendencia: la paraguayizó a través del humor.
¿Qué hacen los participantes?
Las competencias se parecen, en cierta medida, a las antiguas batallas de rap o de baile que ocupaban plazas y espacios públicos.
Pero aquí el objetivo es diferente.
No se trata necesariamente de bailar mejor ni de improvisar mejores rimas. El participante tiene que construir un personaje.
Una mirada desafiante. Una caminata lenta. Un gesto inesperado. Una pose. Un movimiento viral. Una expresión de indiferencia.
Todo sirve si consigue producir la sensación de que quien lo hace tiene algo especial.
En Paraguay, los videos que circulan incorporan además movimientos asociados a fenómenos virales como “Six Seven” y el llamado paso de Jamal, mezclando referencias internacionales con códigos propios de TikTok.
La paradoja del aura
Quizás lo más interesante del fenómeno está en una paradoja.
Para farmear aura hay que intentar parecer que uno no está intentando nada.
La persona prepara la ropa, la pose, el movimiento, la música, el escenario y hasta la manera de mirar a la cámara. Pero todo debe parecer natural.
Es una vieja regla de la construcción de imagen aplicada a la cultura de internet: la mejor puesta en escena es aquella que no parece una puesta en escena.
¿Por qué engancha tanto?
Porque transforma algo abstracto —el carisma— en un juego.
Las redes sociales ya convirtieron los “me gusta”, seguidores, reproducciones y comentarios en indicadores de popularidad. El aura agrega otra variable: la percepción de presencia.
Ya no importa solamente cuántos seguidores tiene alguien. También importa si parece seguro, interesante, misterioso, elegante o simplemente “cool”.
El concepto funciona especialmente bien entre niños y adolescentes porque mezcla tres lenguajes que dominan buena parte de su cultura digital: videojuegos, memes y TikTok.
Y además permite algo fundamental en internet: participar.
No hace falta ser famoso. Cualquiera puede grabarse, inventar una pose, desafiar a otro y preguntar a los demás:
“¿Cuánto aura tengo?”
Una nueva moneda social
Más allá de la broma, “farmear aura” revela una transformación interesante en la manera de construir identidad en las redes.
Durante años, mostrar fue la regla: mostrar dinero, viajes, ropa, objetos, éxitos y una vida aparentemente perfecta.
Ahora gana fuerza otra estética: la del que parece no necesitar demostrar nada.
La persona que permanece tranquila mientras todos miran puede generar más admiración que quien intenta exhibir sus logros.
Por eso el aura puede entenderse como una especie de capital social digital. No se acumula dinero ni seguidores: se acumula percepción.
Y también se puede perder.
Una caída, una reacción exagerada, un movimiento desafortunado o una situación considerada vergonzosa puede provocar inmediatamente el veredicto de las redes:
“Perdió toda el aura”.
En Paraguay, la moda apenas comienza a instalarse. Pero si la velocidad con que llegó sirve de indicio, es probable que pronto aparezcan nuevas versiones locales, nuevos personajes y, por supuesto, nuevos campeones.
Porque en el universo de las redes hay una regla que parece no tener discusión:
el que tiene aura, tiene aura. Y el que no, tiene que farmearla.





