Por José María Quevedo
El desarrollo de la encuesta entre Soledad Núñez y Johana Ortega abre una oportunidad clave para la oposición en Asunción: renovar su imagen, generar entusiasmo y comenzar a cambiar la percepción que una parte de la ciudadanía tiene sobre ella.
Para que eso ocurra, es indispensable comprender que la gestión de la comunicación política y mediática del proceso —y de sus resultados— debe ser una prioridad, no un aspecto secundario. Esto involucra no solo a ambos equipos, sino al conjunto de la oposición.
Habrá una alta demanda de información, y esa demanda debe ser atendida de manera organizada y profesional. Es clave designar voceros claros y reconocibles de cada equipo que puedan aportar certidumbre, ordenar el relato público, controlar la narrativa y reducir el margen para especulaciones y desinformación.
Si ya en los días previos comenzaron las consultas sobre los posibles resultados de la encuesta, es fácil imaginar la intensidad comunicacional mientras el proceso esté en marcha. En ese contexto, la improvisación puede ser costosa.
Por eso, resulta necesario construir un sistema de contención institucional que evite que todo dependa exclusivamente del humor, el compromiso o la ética política de las candidatas y de sus principales referentes. El proceso debe estar por encima de caprichos, tensiones coyunturales o veleidades personales. La credibilidad de la oposición está en juego.
Finalmente, la comunicación del resultado debe ser cuidadosamente pensada: cuidar las formas, el mensaje y el lugar donde se anuncie a la ganadora. Aquí hay espacio para ser creativos, innovadores y simbólicos. Elegir un escenario que genere orgullo ciudadano —como la Costanera de Asunción— puede reforzar la idea de unidad, proyección de futuro y pertenencia con la ciudad.
Bien comunicada, esta interna no solo definirá una candidatura: puede convertirse en un punto de inflexión para la oposición asuncena en particular y la oposición paraguaya en general





