Desde Rafael Barrett hasta la toma revolucionaria de Encarnación en 1931, el anarquismo tuvo presencia en el movimiento obrero paraguayo. Sus militantes cuestionaron la explotación laboral, organizaron sindicatos y defendieron formas de organización social alejadas del poder tradicional.
La historia política del Paraguay suele contarse a través de presidentes, guerras, partidos y revoluciones. Sin embargo, hubo otra corriente que, aunque hoy ocupa un lugar marginal en la memoria colectiva, dejó su huella en los primeros movimientos obreros del país: el anarquismo.
Entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, las ideas libertarias circularon por periódicos, sindicatos y círculos de trabajadores. Sus seguidores cuestionaban la explotación económica, las jerarquías sociales y la concentración del poder. No todos compartían las mismas estrategias, pero coincidían en una idea central: la posibilidad de construir una sociedad con mayor autonomía para los trabajadores y las comunidades.
Rafael Barrett: el periodista que denunció la explotación
Uno de los nombres fundamentales para comprender esta historia es Rafael Barrett (1876-1910), escritor y periodista español que llegó a Paraguay en 1904.
Barrett observó y documentó las condiciones de vida de los sectores más vulnerables, especialmente de los trabajadores de los yerbales. Sus escritos denunciaron las formas de explotación que sostenían una parte importante de la economía de la época.
En textos como Lo que son los yerbales y en los escritos reunidos bajo el título El dolor paraguayo, convirtió el periodismo en una herramienta de crítica social. Su mirada se apartaba de las narraciones oficiales y colocaba en primer plano a quienes padecían las consecuencias de un sistema económico profundamente desigual.
Su pensamiento evolucionó hacia posiciones anarquistas. Desde esa perspectiva, cuestionó tanto los abusos patronales como las estructuras de autoridad que limitaban la libertad individual.
Barrett murió en 1910, a los 34 años, pero su obra permaneció como una referencia para distintas generaciones de escritores, intelectuales y militantes sociales.
Los sindicatos y la organización obrera
El anarquismo paraguayo no se limitó a la producción intelectual. También tuvo presencia en la organización de los trabajadores.
En 1906 se fundó la Federación Obrera Regional Paraguaya (FORP), vinculada a las corrientes del sindicalismo revolucionario y las ideas libertarias. En un contexto de industrialización limitada, predominio de las actividades rurales y fuertes desigualdades sociales, las organizaciones obreras comenzaron a impulsar reivindicaciones laborales y formas de acción colectiva.
La prensa desempeñó un papel importante en ese proceso. Publicaciones como El Despertar y Germinal difundieron debates sobre la cuestión social, el trabajo, la libertad y la organización sindical.
La apuesta libertaria no consistía únicamente en reclamar mejores salarios o jornadas laborales más cortas. Algunos de sus exponentes aspiraban a transformar las relaciones de poder dentro de la sociedad y defendían la capacidad de los trabajadores para organizarse sin depender de las estructuras políticas tradicionales.
Ignacio Núñez Soler y la memoria de los trabajadores
Otro nombre relevante es Ignacio Núñez Soler (1891-1983), pintor y militante vinculado al movimiento obrero paraguayo.
Su trayectoria permite observar una dimensión menos conocida de la historia política nacional: la relación entre arte, militancia y vida popular.
A través de su actividad artística, Núñez Soler registró escenas de la sociedad paraguaya, sus trabajadores, sus barrios y sus conflictos. Su obra constituye un testimonio visual de un país que no siempre aparece en los relatos centrados en las élites políticas.
Junto a otros militantes, contribuyó a mantener viva una tradición de organización sindical y pensamiento crítico que encontró dificultades para consolidarse en un escenario marcado por la inestabilidad política y la represión.
Ciriaco Duarte y la tradición libertaria
Ciriaco Duarte fue otro referente del movimiento obrero y del anarcosindicalismo paraguayo. Dirigente sindical y escritor, participó en las luchas sociales y dejó testimonios que ayudan a reconstruir la trayectoria de las organizaciones libertarias.
Su importancia radica también en la memoria: buena parte de la historia del anarquismo paraguayo se conoce a través de testimonios, periódicos antiguos y trabajos de investigación que intentan recuperar experiencias que quedaron fuera de los relatos históricos más difundidos.
Entre otros nombres vinculados a este universo aparecen Leopoldo Ramos Giménez y Francisco Isasi, relacionados con la actividad gremial, la prensa obrera y las corrientes libertarias de las primeras décadas del siglo XX.
No se trataba de un movimiento completamente homogéneo. Bajo la denominación de anarquismo convivían distintas posiciones sobre la acción sindical, la revolución, la organización política y las formas de construir una sociedad diferente.
Encarnación, 1931: la experiencia de una comuna revolucionaria
Uno de los episodios más singulares de esta historia ocurrió el 20 de febrero de 1931, cuando un movimiento revolucionario tomó la ciudad de Encarnación y proclamó una comuna revolucionaria.
La experiencia se desarrolló en un Paraguay atravesado por fuertes tensiones políticas y sociales, poco antes de la Guerra del Chaco. Sus protagonistas planteaban una transformación del orden establecido y promovían formas de organización popular.
Entre los participantes y referentes del proceso se encontraba Obdulio Barthe, cuya trayectoria posterior quedó asociada al comunismo. Su presencia permite advertir que aquellas experiencias revolucionarias reunían a militantes de diferentes corrientes ideológicas.
Por eso, la toma de Encarnación no debe describirse como una revolución exclusivamente anarquista. Fue una experiencia más amplia, en la que confluyeron distintas tradiciones y proyectos de transformación social.
Su importancia reside en que mostró la existencia de sectores que no pretendían limitarse a disputar el gobierno mediante los mecanismos políticos convencionales, sino que aspiraban a ensayar otras formas de organización del poder.
¿Por qué desaparecieron de la memoria colectiva?
El anarquismo perdió progresivamente influencia frente a otras corrientes del movimiento obrero, especialmente el comunismo y las organizaciones vinculadas a los partidos políticos.
La Guerra del Chaco, los conflictos internos, la represión y los sucesivos regímenes autoritarios condicionaron la actividad de las organizaciones obreras. A esto se sumaron las dificultades para preservar archivos y publicaciones, fundamentales para reconstruir la historia de una corriente cuya actividad se desarrolló, en buena medida, fuera de las instituciones oficiales.
El resultado es una paradoja: pese a su participación en los primeros años del sindicalismo paraguayo, sus protagonistas ocupan un lugar reducido en la memoria pública.
Recuperar esta historia no significa idealizar a sus militantes ni atribuirles una influencia que no tuvieron. Significa reconocer que la sociedad paraguaya también fue escenario de debates sobre la libertad, la explotación, la propiedad y la organización colectiva que excedían las disputas entre los partidos tradicionales.
El anarquismo paraguayo fue una corriente minoritaria, pero dejó preguntas que siguen atravesando la política moderna: ¿quién debe ejercer el poder?, ¿hasta dónde puede llegar la autoridad del Estado?, ¿cómo se organizan los trabajadores frente a los intereses económicos? y ¿qué posibilidades existen de construir formas de participación que no dependan exclusivamente de las estructuras partidarias?
La historia de Rafael Barrett, los militantes sindicales y la comuna revolucionaria de Encarnación revela una faceta menos conocida del Paraguay: la de quienes imaginaron que el orden social no era inmutable y que también podía ser cuestionado desde abajo.





