La nueva conexión entre Paraguay y Santa Catarina tiene una lectura económica, pero también una dimensión política que no puede ser ignorada: el acercamiento ocurre con un gobernador identificado con el bolsonarismo, en un momento de tensión creciente entre el gobierno de Santiago Peña y la administración de Luiz Inácio Lula da Silva.
El protagonista del movimiento es Jorginho Mello, dirigente del Partido Liberal (Brasil), el mismo espacio político del expresidente Jair Bolsonaro. Mello ratificó recientemente su candidatura a la reelección con la presencia de Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario y figura central del movimiento conservador brasileño.
El dato político adquiere relevancia porque Paraguay atraviesa uno de sus momentos más delicados en la relación con Brasil desde la llegada de Peña al poder. Las diferencias en torno a Itaipú, la agenda energética y otros temas bilaterales generaron roces con el gobierno de Lula, mientras sectores políticos paraguayos observan con atención el escenario electoral brasileño de 2026.
En ese contexto, Santa Catarina aparece como una vía alternativa de conexión con Brasil. No solamente por su peso económico e industrial, sino porque representa un estado gobernado por una corriente política distinta a la del Palacio del Planalto.
La apuesta paraguaya parece combinar pragmatismo económico y oportunidad política: acercarse a un estado con fuerte capacidad exportadora, atraer inversiones y fortalecer vínculos subnacionales mientras la relación diplomática con Brasilia atraviesa dificultades.
Pero también abre interrogantes. ¿Se trata simplemente de una alianza comercial basada en intereses económicos o puede convertirse en una nueva pieza dentro del tablero político regional?
El movimiento recuerda que la integración sudamericana no solo se construye entre gobiernos nacionales. Los estados brasileños tienen autonomía económica y capacidad de generar sus propios corredores comerciales. Y en ese escenario, Santa Catarina puede convertirse en un puente estratégico para Paraguay.
La paradoja es que, mientras Asunción negocia con el gobierno de Lula desde una relación cargada de tensiones, encuentra una ventana de oportunidad en un territorio liderado por uno de los principales espacios opositores al actual presidente brasileño.
La nueva ruta hacia Santa Catarina no es solamente una conexión logística. También es una señal política.





