Por José Maria Quevedo
La evaluación del Directorio del PLRA dejó una imagen de dirigentes empeñados en reivindicar los resultados de las municipales. Alcides Riveros defendió su balance con comparaciones entre distintas elecciones, mientras las expectativas iniciales de conquistar entre 100 y 120 municipios quedaron lejos de las cifras finalmente alcanzadas.
La sesión del Directorio del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) se pareció por momentos más a una reunión de autoayuda que a una instancia de autocrítica. Después de las elecciones municipales, la dirigencia liberal buscó construir una narrativa que permitiera levantar el ánimo interno, reivindicar los resultados obtenidos y relativizar el impacto de una elección que dejó al descubierto las dificultades del partido para consolidarse como una alternativa nacional.
En ese contexto, el senador Ever Villalba pidió “cacarear” los resultados y defendió la cosecha electoral con una frase que sintetizó el espíritu de la reunión: “Ganamos 64 intendencias y obtuvimos 900 mil votos; tan mal no nos fue”.
El planteamiento apunta a poner en primer plano los activos que todavía conserva el liberalismo: presencia territorial, intendencias, concejales y una base electoral extendida por el país. Sin embargo, la reivindicación de esos números no resuelve la pregunta central: ¿qué pasó con las expectativas que la propia dirigencia había instalado antes de las municipales?
De 120 municipios a una cuenta más modesta
Antes de las elecciones, las proyecciones de dirigentes liberales apuntaban a conquistar entre 100 y 120 municipios. El resultado terminó bastante por debajo de esa meta.
En su evaluación, el presidente del PLRA, Alcides Riveros, destacó las intendencias obtenidas directamente por el partido y aquellas conseguidas mediante alianzas con otras fuerzas políticas. Según las cifras mencionadas durante el balance, los liberales ganaron 34 intendencias con candidaturas propias y otras 27 en alianzas encabezadas por candidatos liberales.
La suma de ambas categorías permite reivindicar una presencia territorial considerable. Pero también obliga a distinguir entre las victorias obtenidas con estructura propia y aquellas que dependieron de acuerdos electorales con otros sectores.
El problema no es contabilizar los logros. El interrogante es por qué las expectativas iniciales quedaron tan lejos de los resultados y qué lectura hace la conducción partidaria de esa diferencia.
La evaluación de Riveros recurrió, además, a comparaciones entre elecciones de distinta naturaleza: en algunos casos, tomó como referencia las municipales de 2021 y, en otros, las presidenciales de 2023. Aunque cada elección puede aportar información relevante, combinar resultados de procesos electorales diferentes exige criterios claros para evitar que la selección de los datos termine condicionando las conclusiones.
Las municipales y las presidenciales tienen dinámicas distintas. Cambian los candidatos, las alianzas, los niveles de participación y las motivaciones del electorado. Por eso, una evaluación consistente debería distinguir entre el desempeño de las candidaturas liberales, los resultados de las alianzas y la evolución del voto partidario a lo largo del tiempo.
Sin esa diferenciación, las cifras pueden servir para construir una lectura favorable, pero no necesariamente para explicar lo que ocurrió en las urnas.
San Pedro, la excepción que merece una explicación
Durante la reunión, Riveros felicitó a los dirigentes liberales de San Pedro, departamento donde el PLRA obtuvo sus mejores resultados. Allí se destacó el desempeño de Tito Penza en la capital departamental y el de los Saldívar en Guajayvi.
El reconocimiento introduce una dimensión que podría resultar más útil para el partido que la celebración general de las cifras: identificar dónde funcionó la organización política y por qué.
Los resultados de San Pedro ofrecen una oportunidad para examinar el peso de los liderazgos locales, la estructura territorial, los acuerdos políticos y la relación con los electores. La pregunta es si esas experiencias pueden convertirse en una referencia para otros municipios o si responden a condiciones particulares que no se repiten en el resto del país.
Una evaluación electoral debería precisamente establecer esas diferencias, en lugar de limitarse a sumar victorias y votos.
Las ausencias en una reunión de evaluación
La sesión también tuvo ausencias políticas significativas y escasa participación (Agustin Saguier abandonó la sesión a los diez minutos de en iniciarse, por ejemplo) . No estuvieron presentes el gobernador Ricardo Estigarribia ni la concejala Fiorella Forestieri (entre otros). Sí participaron Salyn Buzarquis y el senador José Oviedo.
La ausencia de referentes políticos no demuestra por sí sola una ruptura interna, pero forma parte de la fotografía de un partido que necesita discutir no solo sus resultados electorales, sino también su capacidad de articulación y conducción.
La cuestión es especialmente relevante cuando el PLRA debe definir qué papel pretende desempeñar dentro de la oposición y cómo piensa convertir su estructura territorial en una propuesta política capaz de trascender las disputas locales.
El relato después de las urnas
La discusión excede el balance de las municipales. El PLRA necesita determinar si sus resultados representan una base suficiente para reconstruir una alternativa nacional o si las cifras están siendo utilizadas principalmente para amortiguar el impacto de las expectativas incumplidas.
Conservar intendencias y obtener cientos de miles de votos son activos políticos relevantes. Pero no equivalen automáticamente a liderazgo nacional, cohesión interna ni capacidad para articular a la oposición de cara a 2028.
Tampoco explican por qué hubo distritos en los que las fuerzas opositoras llegaron divididas o no consiguieron presentar candidaturas.
La autocrítica no exige desconocer los logros. Exige establecer qué funcionó, qué fracasó y qué responsabilidad corresponde a la conducción partidaria. También supone revisar las proyecciones previas y explicar por qué el resultado final fue diferente de lo esperado.
Ever Villalba pide “cacarear”. Riveros reivindica las cifras y destaca los territorios donde el liberalismo logró resultados importantes. Sin embargo, el desafío del PLRA no consiste solamente en encontrar razones para celebrar, sino en determinar qué hará con los resultados obtenidos y cómo piensa corregir el rumbo.
Porque una cosa es conservar una estructura política y otra, muy distinta, convertirla en una alternativa nacional. La diferencia entre ambas no se resuelve con un balance optimista: requiere una estrategia, una conducción capaz de sostenerla y una evaluación que no confunda la defensa del partido con el análisis de sus resultados.





