Por José Maria Quevedo
Hay candidatos impuestos que dudan, dirigentes que no terminan de arrancar y referentes que intentan reacomodar las fichas. En el Partido Colorado, la interna todavía no tiene candidaturas formalmente lanzadas, pero ya tiene movimientos, preferencias y señales.
El problema no es que falten nombres.
El problema es que sobran dudas.
Mientras algunos candidatos aparecen instalados desde arriba pero no terminan de convencer abajo, otros prefieren no moverse demasiado. Y en ese juego de silencios, especulaciones y movimientos cautelosos, cada sector intenta llegar mejor posicionado al momento en que la interna deje de ser una conversación de quincho y se convierta en una disputa electoral.
En El Quincho, la partida parece haber comenzado antes de que alguien dé la señal de largada.
Hay candidatos que todavía no saben si quieren serlo, candidatos que otros quieren imponer y referentes que ya están pensando en quién debería acompañar a quién.
La disidencia en modo Lista 1 “gua’u”
El primer dato es la disidencia.
Arnoldo Wiens intenta posicionarse, pero la disidencia sigue en modo 1 “gua’u”. Hay movimiento, declaraciones y gestos de diferenciación, pero todavía no aparece una estructura capaz de convertirse en una alternativa de peso dentro del Partido Colorado.
Y mientras los disidentes ensayan su regreso, Miguel Prieto crece.
Ese puede ser el dato más incómodo para el coloradismo.
Mientras la dirigencia colorada concentra buena parte de su energía en resolver su propia interna, Prieto tiene la posibilidad de ocupar el espacio del electorado desencantado, del voto de protesta y de quienes buscan una alternativa por fuera de la estructura tradicional.
La política tiene, en este sentido, una regla sencilla: mientras unos discuten quién será el candidato, otro puede estar construyendo el electorado.
Alliana no quiere ser candidato
Pedro Alliana es uno de los ejemplos más claros de esta interna de dudas.
No quiere ser candidato a presidente.
No se mueve como alguien que pretenda disputar la candidatura. No hace campaña para instalarse y tampoco parece convencido de que su nombre tenga la capacidad de prender en el electorado.
Pero una cosa es no querer ser candidato y otra es retirarse del juego.
Alliana puede no querer la candidatura presidencial, pero sí quiere tener voz en el armado de la fórmula y en la definición del sector que deberá enfrentar el próximo desafío electoral.
Y allí aparece una diferencia con Horacio Cartes.
Baruja o Latorre
Pedro Baruja aparece como una de las cartas de Horacio Cartes.
Es un hombre identificado con Don Horacio y, por lo tanto, su eventual incorporación a una fórmula tiene una lectura que va mucho más allá de su nombre: representa también la continuidad de una determinada arquitectura de poder dentro de Honor Colorado.
Pero Alliana no quiere a Baruja con él.
Su preferencia es otra: el diputado Raúl Latorre.
La diferencia importa porque detrás de esos dos nombres hay algo más que una discusión sobre quién acompaña a quién.
Hay una disputa sobre qué sector tendrá mayor capacidad de ordenar el poder colorado en la próxima etapa.
Baruja es una ficha de Cartes.
Latorre aparece como la alternativa que Alliana considera más conveniente.
Y aunque Alliana no quiera ser candidato, su posición puede terminar siendo importante precisamente porque la discusión ya no pasa solamente por quién quiere competir, sino por quién tiene capacidad para influir sobre la fórmula que finalmente competirá.
Peña también mueve sus fichas
Santiago Peña tampoco parece dispuesto a observar la interna desde la platea.
El Presidente empieza a mostrar nombres.
Uno de ellos es Marco Riquelme.
La exposición de Riquelme puede leerse como una señal hacia dentro del Partido Colorado: Peña también necesita referencias, dirigentes y eventualmente una estructura política que le permita proyectar un espacio propio.
Peña llegó a la Presidencia con el respaldo de Honor Colorado y de Horacio Cartes.
Pero gobernar también significa construir poder.
Y cuando un presidente comienza a mostrar dirigentes, está enviando un mensaje: también tiene fichas para poner sobre la mesa.
Un Quincho con demasiadas fichas
El panorama comienza a dibujar varias líneas de poder.
Está Cartes, con Baruja como uno de sus hombres.
Está Peña, que empieza a mostrar a Riquelme y a construir referencias propias.
Está Alliana, que no quiere ser candidato, pero que tampoco parece dispuesto a quedar al margen del armado.
Está Wiens, intentando sacar a la disidencia del modo “uno gua’u”.
Y está Prieto, que mira desde afuera cómo los colorados acomodan sus piezas y aprovecha los espacios que quedan libres.
Por eso, la interna colorada todavía no tiene una definición.
Tiene algo más interesante: candidatos impuestos que dudan, dirigentes que no terminan de arrancar y referentes que ya están reacomodando las fichas.
La pregunta no es todavía quién será candidato.
La pregunta es quién tendrá el poder suficiente para decidir quién lo será.
Y esa partida, aunque todavía no tenga fecha oficial de largada, ya se está jugando en El Quincho.




