La política paraguaya empieza a tener sus propios triángulos amorosos. Y este, como corresponde, tiene tres protagonistas, una candidatura presidencial y bastante tensión por el lugar que ocupa cada uno en la fotografía.
Mateo Balmelli confirmó que mira a Kattya González como posible compañera de fórmula para el proyecto presidencial. La posibilidad no es nueva: el nombre de la dupla ya había comenzado a circular y hasta fue objeto de conversaciones entre dirigentes opositores.
Pero en esta historia hay un tercero que no parece dispuesto a mirar la escena desde la platea: Ricardo Estigarribia.
El gobernador de Central viene construyendo su propio posicionamiento nacional y su nombre aparece entre los dirigentes que buscan ocupar un lugar relevante en la carrera presidencial opositora hacia 2028. Su crecimiento político dentro del liberalismo le otorga estructura y volumen propio, por lo que difícilmente acepte convertirse en un actor secundario de una negociación diseñada por otros.
Ahí aparece el verdadero problema de este “amor pirata”: Balmelli quiere a Kattya, Kattya es una pieza codiciada y Estigarribia quiere seguir siendo protagonista del proyecto.
Mario Ferreiro entendió rápidamente la dimensión cinematográfica de la escena y la graficó con un dibujo que terminó de ponerle música al episodio: “Amor pirata”, la canción de Paz Martínez.
La metáfora resulta particularmente apropiada para una oposición que todavía no consigue definir quiénes serán los protagonistas de la película del 2028.
Porque detrás del humor hay una discusión política de fondo: ¿quién conduce, quién acompaña y quién termina cediendo?
Balmelli aporta experiencia, discurso y una larga trayectoria política. Kattya tiene un capital propio construido alrededor de su perfil crítico y anticorrupción. Estigarribia, por su parte, llega con estructura territorial y el peso de gobernar el departamento más poblado del país.
El problema es que los tres perfiles pueden ser complementarios, pero también pueden terminar chocando si todos pretenden ocupar el mismo lugar en la fórmula.
Por ahora, el romance político tiene demasiados pretendientes y ningún altar.
Y mientras los dirigentes negocian, Mario Ferreiro ya eligió la música.
“Amor pirata”.




