La política exterior de México enfrenta un momento de tensiones y contradicciones, según el periodista especializado en asuntos internacionales Omar Cepeda. Aunque el gobierno mexicano se autodefine como de izquierda, sus alianzas internacionales muestran un patrón que Cepeda califica de contradictorio: México ha estrechado vínculos con gobiernos autoritarios o con déficits democráticos, como los de Venezuela, Cuba, Bolivia durante Evo Morales, el Perú de Pedro Castillo, Nicaragua e incluso Rusia.
Este enfoque, sostiene Cepeda, tiene un efecto directo en las relaciones con países que no coinciden con esta orientación ideológica, como Paraguay. A juicio del periodista, la administración de Claudia Sheinbaum mantiene un distanciamiento cauteloso con Asunción, donde gobierna Santiago Peña, precisamente por su afinidad con la derecha latinoamericana. El resultado, explica Cepeda, ha sido una relación formal, pero sin dinamismo, que ha pausado acuerdos y oportunidades de cooperación.
Cepeda subraya la contradicción que esto representa: mientras México limita sus lazos con gobiernos de derecha regional, mantiene cuidado pragmático en sus relaciones con Estados Unidos, citando como ejemplo su relación con Donald Trump. En contraste, Paraguay es percibido como un país ajeno a los círculos de interés político, social y cultural de México, lo que refleja, según el periodista, uno de los peores momentos de la diplomacia mexicana en décadas.
En el plano económico, la relación bilateral es modesta. El intercambio alcanzó apenas 142 millones de dólares en 2024, con México exportando vehículos, maquinaria y electrónicos, mientras Paraguay envía medicamentos y productos agroindustriales. Esta dinámica asimétrica, apunta Cepeda, evidencia un potencial sin explotar que podría fortalecer las cadenas productivas regionales.
A pesar de los obstáculos, Cepeda mantiene una visión a largo plazo: la integración latinoamericana atraviesa inevitables tensiones, pero con el tiempo es posible que la relación entre México y Paraguay se recomonga, abriendo oportunidades para una diplomacia más equilibrada y un vínculo regional más sólido.
En síntesis, la opinión de Omar Cepeda invita a reflexionar sobre la coherencia entre ideología y estrategia en la política exterior mexicana, y sobre cómo estas decisiones repercuten en países vecinos y en la construcción de un liderazgo regional efectivo.





