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La otra pandemia: ansiedad, angustia y depresión en jóvenes tras el COVID-19

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Cinco años después del inicio de la pandemia de COVID-19, sus efectos siguen presentes, aunque ya no ocupen el centro de la agenda sanitaria. Entre las consecuencias menos visibles pero más persistentes se encuentran los problemas de salud mental en jóvenes, especialmente el aumento de la ansiedad, la angustia y la depresión.

Durante los meses más críticos de la crisis sanitaria, millones de adolescentes y jóvenes atravesaron largas etapas de aislamiento, interrupciones en la educación presencial y cambios abruptos en sus rutinas. Según especialistas, ese contexto dejó una huella emocional que aún se manifiesta en dificultades para manejar el estrés, problemas de sueño y sentimientos de incertidumbre sobre el futuro.

De acuerdo con datos difundidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la pandemia provocó un aumento significativo en los trastornos de salud mental a nivel global. La ansiedad y la depresión fueron los cuadros más frecuentes, particularmente entre jóvenes y estudiantes.

El psiquiatra Eduard Vieta, citado en diversos informes sobre salud mental pospandemia, sostiene que una gran parte de la población presentó síntomas de ansiedad y depresión tras el período de confinamiento. En muchos casos se trata de manifestaciones leves o moderadas, pero que afectan la calidad de vida, el rendimiento académico y las relaciones sociales.

Entre los factores que más influyeron en el deterioro del bienestar psicológico de los jóvenes se destacan el aislamiento social, la falta de contacto con pares, la sobreexposición a pantallas y redes sociales, y la incertidumbre respecto al futuro educativo y laboral. A esto se suman las dificultades económicas que atravesaron muchas familias durante la crisis sanitaria.

Otro aspecto preocupante fue la interrupción de servicios de atención psicológica. Según la OMS, más del 90 % de los países reportaron dificultades en la atención de la salud mental durante la pandemia. Esto implicó que muchos jóvenes no pudieran acceder a apoyo profesional en momentos de alta vulnerabilidad emocional.

Especialistas coinciden en que, en la etapa pospandemia, es fundamental reforzar las políticas de salud mental y promover espacios de contención para adolescentes y jóvenes. La detección temprana de síntomas de ansiedad o depresión, así como el acceso a tratamiento psicológico, resultan claves para prevenir problemas más graves en el futuro.

Además, recomiendan fomentar hábitos saludables que contribuyan al bienestar emocional: mantener vínculos sociales, realizar actividad física, regular el uso de tecnologías y hablar abiertamente sobre las emociones.

Aunque la emergencia sanitaria haya quedado atrás, la “otra pandemia”, la de la salud mental, continúa siendo un desafío para la sociedad. En el caso de los jóvenes, comprender y atender estas consecuencias será clave para garantizar su bienestar y desarrollo en los próximos años.

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