Keiko Fujimori inició este martes una nueva etapa política en Perú al asumir la Presidencia para el período 2026-2031. Su llegada al Palacio de Gobierno representa el regreso del fujimorismo al poder después de casi tres décadas y abre un nuevo capítulo en la historia reciente de un país que ha atravesado una prolongada sucesión de crisis políticas.
La nueva mandataria llega al cargo tras imponerse por un estrecho margen en las elecciones y convertirse en la primera mujer elegida por voto popular para ejercer la Presidencia del Perú. Su triunfo, después de cuatro intentos electorales anteriores, marca también la consolidación de una fuerza política que, pese a sus derrotas presidenciales, mantuvo una presencia constante en el Congreso.
El principal desafío de Fujimori será transformar esa victoria electoral en estabilidad política. Perú ha vivido en los últimos años una profunda crisis institucional, caracterizada por la confrontación entre el Ejecutivo y el Legislativo, la sucesión de gobiernos y una creciente desconfianza ciudadana hacia las instituciones.
A este escenario se suma el avance del crimen organizado y la inseguridad, uno de los principales reclamos de la población. Las extorsiones y otras modalidades delictivas se han extendido en distintas regiones del país, convirtiendo la seguridad ciudadana en una de las prioridades inmediatas de la nueva administración.
Fujimori también deberá gobernar con un Congreso fragmentado. Su partido, Fuerza Popular, no cuenta con mayoría propia, lo que la obligará a negociar acuerdos con otras fuerzas políticas para impulsar su agenda y evitar que el enfrentamiento entre poderes vuelva a convertirse en un factor de inestabilidad.
En el plano económico, Perú mantiene indicadores macroeconómicos relativamente sólidos y una importante actividad vinculada a la minería, especialmente al cobre. Sin embargo, el nuevo gobierno enfrenta el desafío de traducir esa estabilidad en mayores oportunidades de empleo y bienestar para la población, al mismo tiempo que deberá afrontar los efectos de fenómenos climáticos que afectan sectores como la agricultura y la pesca.
La política exterior también tendrá un nuevo rumbo. Fujimori ha planteado un acercamiento más estrecho con Estados Unidos y una mayor cooperación en materia de seguridad y lucha contra el crimen organizado. La designación de Carlos Espá como canciller y las señales de alineamiento con Washington reflejan esa orientación.
El regreso del fujimorismo al Gobierno no estará exento de controversias. La figura de Alberto Fujimori continúa siendo uno de los elementos más divisivos de la política peruana, y su legado genera tanto respaldo como rechazo. Keiko Fujimori deberá, por tanto, administrar no solo las demandas de un país golpeado por la inestabilidad, sino también las profundas divisiones que todavía atraviesan a la sociedad peruana.
Su primer gran desafío será demostrar que el fujimorismo puede ofrecer una etapa de estabilidad institucional y gobernabilidad. En un país que ha visto pasar numerosos gobiernos en pocos años, la capacidad de construir acuerdos políticos, contener la violencia y recuperar la confianza ciudadana será determinante para definir el rumbo de su administración.





