“¡Alto el fuego! Es imprescindible reabrir las vías del diálogo. La violencia jamás conducirá a la justicia, la estabilidad y la paz que anhelan los pueblos”, expresó el Papa, citando también la voz de solidaridad hacia las comunidades afectadas.
El pontífice recordó la tragedia que sufren familias enteras, especialmente niños y ancianos, y exhortó a la comunidad internacional a redoblar esfuerzos para evitar una escalada del conflicto. Insistió en que la paz no puede alcanzarse por la vía de la violencia y que el diálogo, aunque difícil, es la única salida sostenible.
Además, el Papa pidió a las instituciones religiosas y a los líderes de opinión que actúen como puentes de reconciliación y fomenten gestos concretos de misericordia y solidaridad. Reclamó respeto por el derecho internacional y la protección de infraestructuras civiles esenciales, como hospitales y escuelas.
El llamado incluyó un pedido expreso para facilitar corredores humanitarios y permitir la entrada de ayuda médica y alimentos a las zonas más afectadas. El pontífice instó a que no se utilice la ley del más fuerte y subrayó la responsabilidad moral de los Estados y organizaciones internacionales.
Finalmente, el Papa ofreció oraciones por las víctimas y animó a creyentes y no creyentes a sumarse a iniciativas de paz y diálogo. Concluyó pidiendo que las instituciones multilaterales trabajen sin demora para mediar y favorecer soluciones políticas duraderas.





