Elegante, seductor y conocedor de las familias aristocráticas europeas, el alemán Hans Hermann Weyer se hizo conocido por sus negocios vinculados a títulos nobiliarios y matrimonios entre millonarios y miembros de la nobleza. Hace más de cuatro décadas, su historia también tuvo un capítulo en Paraguay.
Hace más de 40 años, Paraguay recibió a un personaje que parecía salido de una novela europea. Hans Hermann Weyer, un alemán conocido como el “bello cónsul”, llegó al país rodeado de historias sobre la aristocracia, fortunas millonarias y particulares acuerdos matrimoniales.
Apuesto, elegante y de modales refinados, Weyer se presentaba como un profundo conocedor de la nobleza europea y de los árboles genealógicos de las familias aristocráticas. Su actividad consistía en poner en contacto a personas adineradas interesadas en obtener reconocimiento nobiliario con miembros de linajes que conservaban títulos, pero que atravesaban dificultades económicas.
Según el relato que circuló sobre sus actividades, los acuerdos podían incluir matrimonios o adopciones, mediante los cuales los interesados buscaban acceder a determinados títulos o incorporarse a familias aristocráticas a cambio de importantes sumas de dinero.

Matrimonios entre títulos y fortunas
Entre las historias atribuidas a Weyer figuraban enlaces que llamaban la atención por la diferencia de edad entre sus protagonistas y por el interés económico que supuestamente los acompañaba.
Uno de los casos mencionados fue el de la baronesa Ute von Richthoffen, de Baden-Baden, viuda de un célebre aviador alemán de la Primera Guerra Mundial, quien se habría casado con un millonario texano.
También se mencionaba a la princesa Elisabeth von Sayn-Wittgenstein, de 51 años, y su relación matrimonial con un joven empresario de 25.
Otro episodio involucraba a una princesa inglesa, presentada en los relatos de la época como prima de la reina Isabel II, que habría contraído matrimonio con un fabricante alemán de salchichas de la ciudad de Minden.
Las historias sobre las gestiones de Weyer llegaron incluso a involucrar a la realeza sueca. Según esas versiones, el rey Carlos XVI Gustavo habría intervenido para impedir que una prima suya se casara con uno de los candidatos vinculados al intermediario alemán. Sin embargo, Weyer habría encontrado otra vía para concretar sus operaciones mediante una adopción atribuida a una princesa de origen sueco.
Estos episodios forman parte de las historias que rodearon al personaje y deben entenderse como relatos atribuidos a sus actividades, no como hechos verificados de manera independiente.
Cientos de títulos en sus valijas
Cuando llegó a Paraguay, Weyer estaba casado con Verike von Kaiserling, descrita como una hermosa abogada y baronesa. Según su propio relato, llevaba consigo varias valijas con una colección de títulos nobiliarios que pretendía negociar.
Las cifras que se le atribuían eran llamativas: 136 títulos de marqués, 172 de barón y baronesa, 36 docenas de duques y 12 títulos principescos.
El volumen de títulos que aseguraba tener a su disposición alimentó la curiosidad en torno a su figura. Su historia combinaba el atractivo de la aristocracia europea con un negocio en el que los apellidos, los linajes y las aspiraciones sociales podían convertirse en mercancía.
También circuló la versión de que Weyer decía ser hijo del mariscal Hermann Göring, uno de los principales dirigentes de la Alemania nazi. Esa afirmación, al igual que otros detalles de su biografía, requiere documentación independiente antes de presentarse como un hecho confirmado.

Un personaje entre la aristocracia y el espectáculo
La historia del “bello cónsul” refleja una época en la que los títulos nobiliarios todavía conservaban un fuerte atractivo social, incluso fuera de las monarquías europeas. Para algunos, representaban tradición y prestigio; para otros, podían convertirse en instrumentos para construir una identidad aristocrática.
Weyer hizo de ese universo su escenario. Entre matrimonios, adopciones y genealogías, construyó una reputación tan llamativa como las historias que se contaban sobre él.
Su paso por Paraguay dejó el recuerdo de un personaje singular: un intermediario que llegó desde Europa con una colección de títulos nobiliarios y una biografía cargada de episodios difíciles de separar entre la realidad documentada y la leyenda.
(x) Historia original publicada en “Asunción, recuerdos y mucho más” de Luis Schvartzman





